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MÚSICA

Conciertos íntimos en un santuario de muebles 'vintage': la propuesta de Club Reno en Madrid

Reno, la veterana tienda de diseño escandinavo del Rastro, se ha convertido en un espacio para pequeños recitales y encuentros con músicos que huye de lo habitual y que ya programa expandirse a otras ubicaciones, siempre especiales

Uno de los conciertos que se organizan en la tienda de mobiliario vintage Reno.

Uno de los conciertos que se organizan en la tienda de mobiliario vintage Reno. / Cedida

Jacobo de Arce

Jacobo de Arce

Madrid

En una ciudad en la que cada vez cuesta más distinguir muchos planes culturales de una operación de marca, y donde la música en directo que se vende como gratuita a menudo esconde pagar por un gin-tonic 15 euros al asomarse a la barra, Club Reno ofrece una alternativa que recuerda a las de otra época, cuando Madrid no era todavía un lugar en el que todo estaba monetizado: conciertos íntimos en espacios improbables, con el público a un par de metros y la sensación de que lo que ocurra ahí no se va a repetir y no se parece a lo que ofrecen otros. Y sin tener que pagar por disfrutarlo.

La iniciativa arrancó en el Rastro, en las entrañas de Reno, una popular tienda de muebles de diseño escandinavo que, algunos jueves a última hora, deja de ser tienda. La sala del fondo, donde normalmente se agolpan sillas, estanterías, aparadores o lámparas de los años 50 a 70 del siglo pasado, se convierte en escenario. "La vaciamos casi entera, es un curro tremendo", cuenta Alfonso Pozo, principal impulsor del proyecto y propietario de la tienda.

Refugio sonoro

El proyecto lo gestiona una asociación cultural fundada hace aproximadamente un año por un grupo de amigos de diferentes profesiones, pero con un nexo común: la pasión por la música y las ganas de programarla "desde la cercanía, la calidad y la emoción compartida". Y de hacerlo en lugares atípicos, para que ese contacto directo entre artista y público transforme cada actuación en una experiencia única. "Un refugio sonoro", como ellos mismos lo definen, donde el músico se muestra sin artificios y quien acude se integra en el espectáculo.

Ambiente en un concierto de Club Reno.

Ambiente en un concierto de Club Reno. / Cedido

"Una compañera que trabaja en la tienda y que es música se quedó un día ensayando un rato dentro cuando cerramos. Y me dijo: 'Oye, podríamos probar algún día hacer algo aquí un poco informal, para amigos'", cuenta Pozo sobre los orígenes de la idea. Ese algo acabó prendiendo, y la cosa fue creciendo. Lo que iba a ser una cosa puntual se convirtió en algo más regular y apunta, para el año que está a punto de empezar, a organizar un concierto al mes. Mientras tanto, sus promotores ya miran más allá de la tienda, aunque esta vaya a seguir siendo su espacio principal, y del Rastro.

El plan no es solamente cambiar de lugar; también es ir variando los formatos. "No buscamos que venga un artista y toque sin más, como se suele hacer en otras salas de Madrid", explica Alfonso Pozo, que habla de "darle una vuelta" a los planteamientos: puede haber conciertos con instrumentaciones distintas, actuaciones a las que un artista acude con un músico amigo invitado o también encuentros híbridos donde la música se mezcla con la conversación. Es lo que han llamado "música hablada": al artista le acompaña un periodista especializado que le hace una entrevista. De ese modo, la carrera del músico se puede desgranar con su relato y también con sus canciones.

El concierto del músico francés LENPARROT.

El concierto del músico francés LENPARROT. / Cedida

Los conciertos o eventos musicales de Club Reno por ahora no son abiertos, sino que funcionan por invitación. "No podemos invitar a todo el mundo", admite Pozo, que tampoco concibe dejar la puerta de la tienda abierta para que entre cualquiera. La razón: una cuestión de espacio y también porque la tienda no es un local de conciertos. Estos se tienen que celebrar como eventos privados y teniendo mucho cuidado con las posibles molestias a vecinos. El público por ahora lo constituye un círculo de periodistas, músicos, promotores y melómanos que se enteran por boca-oreja. El equipo también apunta hacia diferentes públicos en función de la propuesta: "Vamos invitando a quien creemos que le pueda gustar lo que se programa".

Músicos promoviendo música

En un proyecto de por sí peculiar, llama también la atención la filosofía económica: que sus propuestas sean gratis en unos tiempos de sacar rédito a cualquier coste. Lo dice su promotor sin rodeos: "Esto es altruismo puro y duro, o sea, es una máquina de perder pasta". No cobran entrada ni tampoco el vino o la cerveza que se pueda tomar mientras se disfruta. Se trata, dice, "de recuperar algo del Madrid de antes, cuando todavía era posible ofrecer cultura sin convertirla en un producto prémium". Alfonso Pozo tiene credenciales para echarlo de menos: él fue, en sus años más jóvenes, uno de los miembros de Usura, una banda de noise pop que se movía por el Madrid de los primeros noventa. El indie antes del indie.

Que el proyecto sea altruista no significa que las cosas las hagan de manera improvisada o amateur. "Estamos buscando algún patrocinio para intentar profesionalizar todo y poder pagar más a los músicos", explica. Hay además una obsesión con la técnica que juega a favor del encanto de un formato como este: el sonido es muy importante. "Reno suena fenomenal, es una suerte", asegura el propietario de la tienda, que cuenta además que los conciertos han salido hasta ahora "increíblemente bien" gracias a un equipo técnico muy sólido: que varios de sus promotores sean músicos tiene bastante parte de culpa.

¿Quién ha tocado ya? Arrancaron con un concierto de Soleado, el proyecto de Ester Rodríguez y Juanma Latorre, músico y productor conocido por ser uno de los miembros de Vetusta Morla. Celebraron una velada vinculada al universo Pata Negra y a la fusión del flamenco con el blues, el flamenco o el rock en la que intervinieron diferentes periodistas y djs especializados. Y en otra de 'música hablada', protagonizada por el guitarrista y compositor Víctor Iniesta y el productor Miguel Ángel Fernández 'Miguelón' (Son de la Tribu), acabó en el escenario, tocando el cajón flamenco junto al músico, una leyenda de la percusión como Tino di Geraldo.

También buscan artistas poco conocidos en España. "Trajimos a un artista francés, LENPARROT, bastante conocido en Francia, pero que aquí no están editados sus discos", recuerda Pozo. "Tocó él solo con un [piano eléctrico Fender] Rhodes y fue superbonito, muy emocionante". Club Reno, dice, quiere mezclar veteranía y caras nuevas, estilos muy diferentes y no depender necesariamente del circuito de giras: a veces traen a algún artista de fuera expresamente para su concierto, siempre hasta donde permite un presupuesto que no está pensado para hacer caja.

Más allá de la tienda original, Club Reno quiere extenderse a otros lugares con carácter. Sus notas promocionales hablan de "talleres, estudios o locales con historia", pero Pozo concreta alguno: la cantina de Matadero, por ejemplo. Y también han fichado ya a alguna galería de arte que no quiere desvelar por ahora. En un Madrid en el que la oferta cultural se está convirtiendo en infinita, pero donde muchas propuestas parecen cortadas por el mismo patrón, proyectos como este tienen algo de saludable resistencia.