SORTEO DE LA LOTERÍA
El lotero de Galapagar que ha repartido el tercer, cuarto y quinto premio por segundo año consecutivo: "Le hemos cogido el gusto"
Joaquín Monroy es la cara visible de La Chulapa de Moncloa, una administración ubicada en el intercambiador del barrio madrileño responsable de varios récords

Joaquín Monroy, lotero de La Chulapa de Moncloa, ha repartido por segundo año consecutivo el tercer, cuarto y quinto premio. / CEDIDA

El tercero, el cuarto y también el quinto. Joaquín Monroy (36), el lotero que más premios ha dado en los últimos tres años, lo ha vuelto a hacer. En La Chulapa de Moncloa, la administración que regenta en el Intercambiador de Moncloa, se han vendido los números 90692, 25508 y 60649 que hoy han traído suerte a decenas de personas. "El año pasado dimos los tres mismos premios, la gente me dice que estoy abonado a ellos", bromea. Botella de cava en mano, el madrileño revela que ha repartido una serie completa de cada uno de los números: "Cerca de 800.000 euros en total".
Aunque desconoce la identidad de los ganadores, asegura que la gran mayoría han sido clientes presenciales. "Excepto uno de ellos, que me lo ha notificado la propia aplicación. Es alguien que compró online un décimo del tercer premio, el 90692. Ojalá saber quién es", añade. Si bien cree que con El Gordo hubieran podido cambiar sus vidas, espera que todos sus agraciados "se peguen una buena Navidad". "El ambiente aquí es una maravilla, todo lleno de confeti y cava. Mucha gente que ni siquiera ha ganado, ha venido a pasar la mañana con nosotros. Es un día para celebrar. Me da igual quien se los haya llevado, para mí lo importante es que hayan confiado su suerte en mí cuando hay otros 10.000 puntos de venta en España. Han venido a La Chulapa y han hecho una cola de dos horas. Se lo merecen".

Joaquín ha repartido un tercer, un cuarto y un quinto premio en el Sorteo de la Lotería de Navidad 2025. / CEDIDA
Trayectoria de éxito
“¡88008! ¡Cuatro millones de euros!”, entonaban Yesica y Francisco, niños de San Ildefonso, el 22 de diciembre de 2023. Aquel fue el último gordo que Joaquín repartió en La Chulapa de Moncloa, la administración que heredó de su padre hace casi 10 años. Son las 13:00 horas de un lunes y, junto a sus cuatro empleadas, atiende a una fila de personas que llevan más de dos horas esperando para comprar un décimo del Sorteo de Navidad. “Acabé aquí de casualidad. Mi padre se jubilaba y mi hermano, que es coctelero, no quería saber nada de la lotería, así que decidí emprender por mi cuenta. La compré en 2016 con un préstamo que, de hecho, terminaré de pagar el verano que viene”, explica en un descanso. Nacido en el barrio de Galapagar, donde ha vivido toda su vida, se graduó en Administración de Empresas y trabajó en el sector de las relaciones públicas durante una década: “Tenía claro que quería ser empresario, autónomo, una profesión de riesgo en este país. Echando la vista atrás no volvería a intentarlo. Ha sido duro. La gente ve el éxito, las colas y sólo piensa en el dinero que ganaré, pero la historia de trabajo que hay detrás existe”.
“Me he pateado las calles para que me comprasen lotería, he tocado a todas las puertas posibles y me han dicho que no en incontables ocasiones”, añade. En 2023 fue nombrado Mejor Lotero de España, tras repartir El Gordo dos años seguidos: “Ese año también d un cuarto, un quinto premio y El Gordo de la Lotería del Niño. No sé cuántas administraciones pueden decir que lo han conseguido. Probablemente ninguna. Y en 2024 repartimos el tercer, cuarto y quinto de nuevo. En total han sido siete premios gordos en los tres últimos años. Podríamos haberlo dado tres años seguidos, pero nos quedamos cerca”. Cada 22 de diciembre, Joaquín organiza una fiesta en la propia administración, a la que acuden vecinos y amigos desde primera hora de la mañana: “La gente viene para vivir in situ la sensación de ganar la lotería, ya que siempre toca algo. Todo el mundo se impregna de esta energía y es mi día favorito del año. La sensación es indescriptible, todo el mundo acaba llorando”. Apenas quedan unos días para ver el bombo girar y Joaquín tiene claro que volverá a triunfar: “Estoy seguro al 99% de que daremos varios. Quizás esté quedando como un bocazas. Pero también puedo convertirme en héroe una vez más”.

Son las 13:00 horas de un lunes y atiende a una fila de personas que llevan más de dos horas esperando. / Alba Vigaray
Su trayectoria ha convertido lo que en su momento fue una “administración de barrio” en un referente nacional. “Antes venía únicamente la gente del barrio o algunos trabajadores o estudiantes que pasaban por el intercambiador. Y ahora somos una administración de referencia en España. De hecho, mientras estamos hablando, una persona me ha comprado 200 décimos distintos por 4.000 euros desde Cataluña. Eso hace unos años hubiera sido impensable. Vienen a verme desde Valencia, Sevilla o Vigo y el porcentaje de ventas por internet se ha disparado hasta un 20% del total. Tengo 40.000 personas registradas en mi propia aplicación móvil. Es una locura, medio Bernabéu. Mis compañeros de profesión alucinan”, relata con una sonrisa. Lo que ha conseguido en estos tres años es “una locura”, como él mismo dice. “Creo que nadie más en el siglo XXI ha dado 22 premios de lotería en un tiempo tan corto, habría que buscar en la historia”, suma. Según apunta Monroy, su administración aún no se encuentra entre las cinco que más facturan en el país.
15 horas trabajando
“No soy el que más vende. En Madrid está Doña Manolita, aunque no da tantos premios como la Chulapa de Moncloa. Llevan más de 100 años abiertos y nosotros desde 2012, que llegó mi padre. Es difícil competir contra eso, aunque si observamos estos últimos años, les arraso. La gente no entiende cómo una administración tan famosa como ella, que vende tantos millones de euros, de menos premios que yo. Cada uno que piense lo que quiera: magia, suerte, aura, estrategias… No tengo ni idea. Ahí está el misterio. Todo el que viene aquí lo hace confiando en eso, pero los datos están sobre la mesa”, sostiene. Las colas en el intercambiador cada vez se parecen más a las que recorren la calle del Carmen para comprar en Doña Manolita: “Yo mismo he ido varias veces. No a comprar, sino a observar. En cualquier sector quieres ver cómo funciona la competencia”. Como en todo, no hay una fórmula secreta que traiga el éxito de forma automática. Sin embargo, hay algunos ingredientes que Joaquín considera imprescindibles.

Cada 22 de diciembre, Joaquín organiza una fiesta en la propia administración a la que acuden vecinos y amigos. / Alba Vigaray
“Trabajar. He llegado a estar más de 15 horas frente al mostrador. Acabo de ser padre y he bajado el ritmo, porque soy un friki y me obsesiono con ser el número uno. Nadie te regala nada, salvo que tengas algún chanchullo o vengas apadrinado por alguien, entonces solo queda currar, probar y ser inquieto. La perseverancia lleva al éxito”, insiste. El camino no ha sido fácil y, asegura, ha estado a punto de tirar la toalla en varias ocasiones. Entre otras cosas, por su relación con algunos de sus compañeros. “Hay 10 o 12 personas que son gente mala. El sector de la lotería está estancado, es antiguo, casposo y oscuro. A la gente no le llama la atención. Era muy difícil destacar, sólo hacía falta ser un poco hábil y traer alguna idea fresca”, suma. Su estrategia en redes sociales busca captar la atención de los más jóvenes, que son quienes menos lotería compran: “Estamos enfocados en nuestra generación. Hemos humanizado el sector, queremos dar voz a quienes juegan por la ilusión, para poder pagar su hipoteca. Cada vez entra más gente al sector con mi misma filosofía. Nos conocemos y nos apoyamos unos a otros”.
Malos compañeros
Desde que dio sus primeros pasos en esto de la lotería, Joaquín consideró a Doña Manolita como uno de sus principales referentes. Sin embargo, con el tiempo ha preferido tomar distancia de la centenaria administración. “Nunca ha sido buena compañera. No hace nada a favor del sector. Yo llegué siendo un mindundi, empecé en el barro y siempre he tratado de ser buena gente. La mayoría de los loteros me respetan, pero hay otros muy envidiosos. Ven que me llevo todo y ni se paran a conocerte”, alega. El de Galapagar quiere que La Chulapa de Moncloa sea recordada de por vida y, por lo que parece, está en el camino correcto. Sus clientes hacen cola para comprar los décimos navideños desde el mes de junio: “Empiezan a preguntar incluso antes de que nos lleguen a nosotros, la primera semana de julio. En Madrid nunca se ha vendido nada en verano. La ciudad se muere. Y ahora nuestras ventas en los meses de calor superan a las de quienes venden en primera línea de playa. Los turistas aprovechan para ahorrarse las colas durante el otoño”.

Su trayectoria ha convertido lo que en su momento fue una administración de barrio en un referente nacional. / Alba Vigaray
Joaquín vende lotería a los ocho hospitales Quirón de Madrid, donde “todos los trabajadores y algunos pacientes” compran algún décimo. También Mediaset o Bankinter, dice. A la hora de escoger una combinación numérica, sus clientes lo tienen claro: rechazan tanto las repeticiones como los números bajos. “Me han llegado a tirar a la cara alguno de este tipo. Te dicen que eso no toca… hasta que toca. A mí me gustan mucho los números que empiezan o acaban con cero, también las repeticiones. Juego muchísimas. Feo no hay ningún número. Todos los números están en el bombo”, expresa. Con un ojo puesto en las facturaciones de la competencia, que crecen anualmente entre un 2% y un 3,5%, Monroy asegura que este año se mueve en “más de un 50%” y que otros años ha llegado a crecer “más de un 120%”. “Cuanto más crezco, más difícil es mantener ese porcentaje. Aunque mi horquilla va bajando, sigo estando por encima de la media española. Estos números son monumentales”. La conversación termina y Joaquín regresa a su puesto de trabajo. Mientras, dos ancianos pelean por su turno en la cola.