OBITUARIO
Muere Alejandro Reyes, impulsor del jazz en Madrid y fundador del club de música del mítico 'Johnny'
Al promotor musical almeriense, fallecido este miércoles, le debemos que un colegio mayor de la Complutense se convirtiera en uno de los templos del jazz y el flamenco en la capital

Alejandro Reyes, promotor musical y uno de los impulsores del jazz en Madrid, fallecido este miércoles. / Facebook Club de Música y Jazz San Juan Evangelista

Hay personajes que parecen quedarse siempre en la trastienda, alejados de los focos, pero sin los que la historia no se movería. Alejandro Reyes, un nombre clave en la difusión del jazz y el flamenco en España y uno de los impulsores del Club de Música y Jazz del Colegio Mayor San Juan Evangelista, conocido popularmente como el 'Johnny', fue uno de ellos. Reyes falleció este miércoles en su Almería natal a los 81 años.
Su figura estuvo ligada durante décadas a la programación musical en Madrid, ciudad en la que consiguió convertir un pequeño auditorio universitario en el templo de unas músicas que en su día no tenían el alcance o la legitimidad cultural que tienen ahora, abriéndolas a públicos más amplios, y donde desarrolló una importante carrera como promotor cultural y asesorando a instituciones como el ayuntamiento de la capital.
Reyes llegó a Madrid a finales de los 60 para cursar ingeniería industrial y se instaló, como un estudiante más, en el 'Johnny'. Aquel colegio mayor se convertiría enseguida en un espacio de libertad y oposición a la dictadura con una ingente programación cultural, y él fue uno de los fundadores, en 1970, de su Club de Música, del que enseguida se puso al frente.
Aunque por su escenario pasaron todo tipo de estilos musicales, con una importante presencia de cantautores como Aute, Sabina o Silvio Rodríguez, fueron el flamenco y el jazz los que convirtieron al 'Johnny' en un espacio emblemático que hoy, más de una década después de su cierre, sigue manteniendo una importante huella en la escena cultural madrileña.
Leyendas de la guitarra y el cante como Paco de Lucía, Enrique Morente o Tomatito pasaron por unas tablas en las que Camarón dio su último concierto. Y aunque hoy nos parezca mentira, nombres monumentales de la historia del jazz como Dizzy Gillespie, Chick Corea, Chet Baker, Wynton Marsalis o Diana Krall, además de las figuras más destacadas de nuestra escena, actuaron allí cuando el colegio mayor era la principal parada del circuito mundial de esta música en la capital.
Reyes recordaba en entrevistas cómo en su primera época los conciertos los organizaban los propios universitarios con un presupuesto de apenas 15.000 pesetas para todo el curso, sin que por entonces aparecieran patrocinadores en escena. Con el tiempo, el club fue capaz de construir una programación estable y de convertir el jazz en una música que se alejaba de lo minoritario para empezar a conquistar también a un público joven que, años después, se convertiría en la masa crítica de la que el género se nutre todavía hoy en la ciudad. Ya en su última etapa, el programador seguía todavía colaborando altruistamente en la programación del colegio mayor.
En esa tarea, Alejandro Reyes se desempeñó con un perfil siempre discreto pero determinante: seleccionaba con criterio, cuidaba las condiciones de los conciertos y peleaba todo lo posible para mantener la continuidad del proyecto. Quienes le conocieron siempre destacaron su capacidad para mantener redes de colaboración y para defender el valor de la música en vivo.
En paralelo al jazz, Reyes mantuvo una relación estrecha con el circuito del flamenco y con iniciativas ligadas a su difusión, especialmente en conexión con su tierra y con Madrid. En Almería fue promotor del Festival de Flamenco y del Alamar, y en Madrid comandó el Festival Flamenco Cajamadrid. Fundó además la compañía de promoción de espectáculos y management de artistas Cultyart.
En 2011, el ministerio de Cultura le concedió al San Juan Evangelista una Medalla al Mérito en las Bellas Artes que era, sobre todo, para él. Con más de mil veladas organizadas a sus espaldas, muchas compartidas con los grandes de la música, su gran cuenta pendiente fue quizá la de aprender a hablar inglés. "Si no, podría haberme hecho amigo de ellos y contratarlos sin intermediarios…", decía en una entrevista con El País. Esa pequeña limitación lingüística no le impidió convertirse en una leyenda para los aficionados, que siempre le recordarán como uno de los decanos del jazz en Madrid.
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