EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍA
Oriol Maspons, un clásico más en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

'Sitges' (1958), una de las fotografías de Oriol Maspons que se pueden ver en la exposición. / Real Academia de Bellas Artes de San Fernando - VEGAP

Quizá sea ya hora de reivindicar las microexposiciones: pocas obras en las que pararse, bien elegidas y un poco más de calma para degustar cada una. Sin el compromiso autoimpuesto de tener que recorrer un sinfín de paredes para, al final, salir saturados. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, un museo de hechuras clásicas donde los haya, ha adoptado este formato para sus muestras dedicadas a la fotografía, un arte hasta hace no mucho considerado menor en instituciones como esta pero que ya lleva tiempo tratando de hacerse un hueco en sus programaciones, y que en el edificio de la calle de Alcalá ya cuenta con sala propia. La que ahora dedica al fotógrafo catalán Oriol Maspons es la décima que organizan. Una pequeña joya que permite redescubrir, a través de tan solo 12 fotografías expuestas como tales y una veintena de publicaciones, a uno de los grandes nombres de la imagen en España. Se podrá visitar hasta el próximo 12 de abril.
La selección que se exhibe forma parte de los fondos de la Academia, que empezó a interesarse por esta disciplina por iniciativa de uno de sus miembros, el fotógrafo Alberto Schommer, cuando este ingresó en 1998 con un discurso, Elogio a la fotografía, que incitaba a la institución a proteger y difundir esta manifestación artística. Nombres como Nicolás Muller, Ricard Terré, Martín Chambi o Francesc Català-Roca han sido algunos de los últimos en pasar por esta pequeña sala de la tercera planta. El director de la Academia, Tomás Marco, explicaba este miércoles durante la presentación de la muestra que su aspiración es que este espacio crezca, pero sin dejar de ofrecer "exposiciones que no sean muy grandes, pero sí significativas".

Oriol Maspons, 'Toreo de salón (Barcelona)', 1962. / Real Academia de Bellas Artes de San Fernando - VEGAP
Fue precisamente Català-Roca, el gran padre de la fotografía documental en España, quien inoculó definitivamente en Oriol Maspons, casi un discípulo, el virus de la fotografía. Este llevaba ya un tiempo ejerciendo la práctica como aficionado, pero una estancia laboral en París a principios de los años 50, cuando trabajaba para una compañía de seguros, fue la que le hizo entrar en contacto con figuras como Robert Doisenau, Cartier Bresson o Guy Bourdin y asistir a las reuniones y exposiciones que organizaba el Club 30x40. Cuando regresó a Barcelona en 1956, Maspons ya estaba seguro de que quería ser fotógrafo profesional, y durante el medio siglo que vino después lo hizo intensamente, con un abundante trabajo documental pero desplegando su labor también en el campo editorial, la publicidad, la moda o el cine.
Una España gris
Las imágenes que se exhiben en la Academia abarcan la parte más "neorrealista" de su trabajo, en palabras de Tomás Marco, ventanas a una España franquista que es todo pobreza y atraso pero donde se empiezan a ver algunos destellos, pocos, de modernidad o de conexión con el mundo. Hay imágenes de niños jugando a torear en las calles de Barcelona, de una familia gitana que recorre La Mancha a lomos de sus mulos o de un grupo de hombres que pasan el rato sentados en la calle de un pueblo de la misma región. Pero también aparecen los primeros signos de un elemento modernizador como el turismo: dos mujeres inglesas, ya maduras, claramente ebrias entre barriles en una bodega de la Costa Brava, o un hombre que anuncia (en inglés y francés) habitaciones para alquilar en una calle de Sitges al paso de un coche lujoso. Todas son de finales de los años 50.

Oriol Maspons, 'Turistas inglesas en la Costa Brava (Calella)', 1959. / Real Academia de Bellas Artes de San Fernando - VEGAP
La sensibilidad con la moda y la publicidad también está presente, aunque no sean trabajos de esa naturaleza. En una imagen se ve a unos hippies en una plaza de Ibiza llamando la atención de una lugareña que los mira extrañada, aunque ya sea 1976 y la isla llevase unos años siendo el destino favorito de esos visitantes con melenas y ropas raras. En otra, dos paisanos están sentados en un banco de un pueblo debajo de un anuncio de Pepsi Cola: aunque sea de tan temprano como 1961, la fotografía ya se titula La globalización.

Oriol Maspons, 'Hippies (Ibiza)', 1976. / Real Academia de Bellas Artes de San Fernando - VEGAP
"Las fotografías recogen esa España de penitencia, de esquela y misal. Todavía era esa España pobre que recorrieron Masats, Maspons... todos los fotógrafos de esa generación que ya han sido expuestos aquí. Pero aparte de eso, él era un extraordinario retratista. La única pega que le pondría a esta exposición es que faltan retratos de Maspons, pero llegarán. El problema es que su hijo falleció, y tenemos muchos problemas para conseguir que alguien nos los dé", dice Publio López Mondéjar, académico e historiador de la fotografía que se suele ocupar de estas muestras que organiza la institución, y que resalta que sus fondos se suelen nutrir de las donaciones que hacen los propios fotógrafos o sus legatarios.
Recordaba el estudioso cómo conoció a Maspons en Barcelona hace más de tres décadas, cuando preparaba su libro Fotografía y Sociedad en la España de Franco (1992). "Me recibió, me dio paseos en moto, me presentó un montón de modelos guapísimas, me llevó al Tibidabo y me hizo pasar una mañana estupenda, pero fotos no me enseñó ninguna", rememoraba divertido. Cuando fueron a comer con Xavier Miserachs, otro de los grandes nombres de la fotografía de entonces, este le recriminó a su amigo que no lo hubiera hecho. "Él le respondió: 'Es que no sé qué enseñarle, no sé dónde tengo las fotos'. Las fotos de Maspons, que se empezaron a descubrir entonces, las tenía por ahí tiradas, los negativos amontonados, rotos, mezclados con los de Ubiña...". Una idea de la relación relajada que este autor intuitivo, y que siempre hizo lo que le pedía el cuerpo, tenía con su obra.
Más allá de esas fotografías, la vitrina central encierra las otras joyas de la exposición: los catálogos, libros o incluso discos que contienen trabajos del fotógrafo. Están, por ejemplo, algunas de las primeras novelas que ganaron el Premio Biblioteca Breve que organiza la editorial Seix Barral: La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa (1962), lleva en la portada a dos de estos animales riñendo; en la de Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé, está la célebre imagen cenital de una joven conduciendo un descapotable.

La portada de la primera edición de 'Últimas tardes con Teresa', de Juan Marsé, con foto de Oriol Maspons. / Iberlibro
También se puede ver la primera edición de Tiempo de Silencio, de Luis Martín Santos (1961), la biografía de Raimon que firmó Joan Fuster en 1964 y que lleva en la cubierta un retrato del cantautor o los libros de viajes Tierra de Olivos, de Antonio Ferres, o Por el río abajo, de Alfonso Grosso y Armando López Salinas, este último con una foto de campesinos al borde de un pozo que expresa la dureza pero también la belleza que encerraba la vida rural de entonces. Además de catálogos de sus diferentes exposiciones, incluido el de la gran retrospectiva que le dedicó en MNAC siete años después de su muerte (La fotografía útil, 2020), está también un single en vinilo del grupo vocal donostiarra Los Xey, con sus miembros posando con la bahía de La Concha de fondo.
Todos los libros han sido prestados por la colección Pedro Melero / Marisa Llorente, la que según López Mondéjar es la mejor de las consagradas a libros de fotografía que hay en España, "incluidas las de instituciones públicas". Melero, que estaba en la presentación, ha destacado algunos volúmenes especialmente significativos. "Está el que ya pusimos con [la exposición de] Miserachs, en el que figuran Maspons y él solo con las iniciales del nombre, porque está editado en Francia: eran unos años duros. Y fueron valientes, con la ayuda de Esther Tusquets. Publicar a Lorca en el 67, una edición de Poeta en Nueva York con fotos [de Maspons y Ubiña], fue echarle valor". Se refiere a la colección Palabra e imagen que Tusquets, entonces al mando de la editorial Lumen, reconvirtió desde lo que había sido una iniciativa religiosa de sus familiares, los anteriores directivos del sello, en una serie vanguardista que reunía textos de escritores importantes con el trabajo de fotógrafos. De los hechos por Maspons, también hay uno con Camilo José Cela y otro con Miguel Delibes.
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