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QUÉ FUE DE

Nuria Bermúdez, la modelo que se hizo famosa al airear intimidades de su historia con Antonio David y pasó a agente de futbolistas

La madrileña mantuvo una relación con el delantero gaditano Dani Güiza, padre de su hijo Daniel. Desde hace años vive bastante alejada del foco

La televisiva y agente de futbolistas Nuria Bermúdez.

La televisiva y agente de futbolistas Nuria Bermúdez. / MANUEL DIAZ DE RADA

Madrid

El pasado mes de octubre dejaba este mundo Emilio Rodríguez Menéndez, sin duda el abogado español más polémico y mediático de nuestra historia reciente. Aunque saltó a la fama en los años ochenta a raíz de su colaboración con la Dulce Neus, aquella mujer condenada a 28 años de cárcel por convencer a sus hijos para que matasen a su padre, fue en los noventa cuando realmente lo tuvimos hasta en la sopa. Entonces se erigió en abogado defensor del ex guardia civil Antonio David Flores en su divorcio de Rocío Carrasco, hija de la cantante Rocío Jurado, y comenzó a dejarse ver en programas y revistas donde enumeraba sus cualidades profesionales con la misma facilidad con la que presumía de sus flirteos con famosas de medio pelo. En esta categoría entraba Nuria Bermúdez, una joven deslenguada que se dio a conocer a finales de los noventa, al contar públicamente los detalles íntimos de su escarceo con Antonio David, del que dijo que le hizo el amor seis veces en una sola noche. Aquel negó la mayor, pero ella mantuvo su versión en un programa de televisión donde se sometió a la prueba del polígrafo y la máquina arrojó que decía la verdad respecto a lo contado y que se acercó al tertuliano con el objetivo de hacerse famosa.

Así fue como vio cumplido su objetivo aquella madrileña que, según su versión, en plena pubertad ya iba de público a los programas de la tele. “Mis padres me han apoyado siempre y siempre han estado a mi lado. Tienen muy claro cómo soy y saben que la televisión es muchas veces un poco espectáculo [...]. Me dijeron que tenía que olvidarme del mundo de la televisión y de la moda hasta que terminara mis estudios. Con 18 años más o menos empecé también a hacer cosas de moda y de actriz”, contó una vez nuestra protagonista, que antes de ser conocida “hacía pases y cobraba unas 5.000 pesetas por desfile”. Además se convirtió en relaciones públicas de un conocido local de Madrid, donde pudo alternar con famosos varios. Y en los primeros años del nuevo milenio, su carácter (que cierto compañero describió como “una mezcla de desdén barriobajero mezclado con sentido del humor y una enorme consciencia de sí misma”) le dio un lugar fijo en programas como Crónicas Marcianas, que pagaba muy bien y en esa época funcionaba a las mil maravillas.

En esa época también apareció enseñando carne en la revista Interviú y trabajó en Dígame, donde estampaba su firma semanalmente en columnas de opinión y artículos en los que jugaba a ser consejera sexológica. Ese puesto lo consiguió amén de su romance con Rodríguez Menéndez, el director de una publicación amarillista en la que también colaboraron el propio Antonio David y el periodista Ramón Bermejo, actual portavoz del empresario y comisionista Víctor de Aldama. Un plantel de lujo para una revista que duró un suspiro y que la juez de instrucción Ana Alonso Rodríguez-Sedano ordenó secuestrar para impedir que pudiera seguir conculcándose el derecho a la intimidad personal de una conocida actriz y cantante de la que se desveló que ejercía la prostitución de lujo. Tampoco duró demasiado el romance entre Rodríguez Menéndez y Bermúdez, que tenía 20 años cuando estuvieron juntos y algo después aclaró que todo había sido un montaje.

Bermúdez, en su época de mayor éxito televisivo.

Bermúdez, en su época de mayor éxito televisivo. / ARCHIVO

“Quizá me arrepienta de mi etapa con Rodríguez Menéndez”, confesó luego a una revista. “Por culpa de una vidente y de una periodista caí en la trampa del abogado. Al principio estuve en su casa como una invitada obligada, y eso fue muy duro”. Cuando su interlocutor le preguntó si podríamos hablar de secuestro, aquella respondió que tampoco lo llamaría así, “pero el caso es que su secretaria me quitó el teléfono móvil durante cuatro días y no pude llamar ni a mi familia”. Durante esa misma charla pidió perdón por todo lo que había escrito en Dígame, cuyas páginas aprovechó para atacar a sus rivales y despotricar contra algunos enemigos del abogado, al que llamaba ‘tito’. “Lo hacía al dictado de ‘Podríguez Bebéndez’, ponlo así. De todas formas, tenía que pagar la hipoteca del chalé y necesitaba dinero”. Y añadió que rechazó 150 millones de pesetas de la época por una boda pactada: “El tito me prometió 50 millones si nos casábamos y nos íbamos a Miami. El pacto consistía en separarnos a los dos meses y entonces cobraría 100 millones más”.

En 2004 dio el salto a la prensa británica cuando aseguró haber mantenido una aventura con David Beckham, que entonces jugaba en el Real Madrid y aquel mismo año, para disgusto de su esposa Victoria, antigua componente del grupo Spice Girls, intercambió algo más que palabras con su asistente personal Rebecca Loos. Algo más tarde, Bermúdez hizo un cameo en la serie de Antena 3 Aquí no hay quien viva y fue relacionada con Cristiano Ronaldo, al que dejó de ver en 2006, fecha en la que aquella decidió apartarse del mundo de la tele y obtuvo el título de agente FIFA. A raíz de esto empezó a trabajar como tal y conoció al futbolista Dani Güiza, entonces jugador del Getafe, con el que en 2007 tuvo a su hijo Daniel, y del que además se convirtió en representante. Por aquella época, el delantero jerezano explotó en su rendimiento: no solo consiguió anotar 27 goles con el club madrileño, llevándose el Pichichi, sino que además ganó la Eurocopa con la selección española, anotando un gol en las semifinales contra Rusia. Al ser preguntado por el buen estado de forma de Güiza, el entrenador Bernd Schuster declaró a la prensa: “Desde que está con Nuria Bermúdez ha cambiado. Ahora viene afeitado y peinado. Antes, cuando venía a entrenar, a veces llegué a pensar si había dormido debajo de un puente".

Pero ya se sabe que nada es eterno. Güiza se acabó marchando a la Liga turca, al Fenerbahçe, donde durante tres temporadas jugó de forma irregular, y en 2008, mientras vivía en Estambul junto a Bermúdez, su relación de pareja se fue al garete, entre otras cosas, porque ella no se adaptó a lo de vivir tan lejos de su tierra natal y porque terceras personas malmetieron con el futbolista. “Lo único que me llevo de Turquía es a mi hijo", contaría Bermúdez, que entonces regresó puntualmente al mundo de la tele y las entrevistas. Algunas de ellas las usó para desahogarse y para decir que Güiza no veía a su hijo y no le pasaba dinero para su manutención. Tras litigar con él, el Tribunal Supremo dictaminó en 2012 que la madrileña debía abandonar el chalet de Boadilla del Monte donde vivía desde su separación, pues se trataba de una inversión del futbolista y no de una vivienda familiar. Apenas se ha prodigado en los medios desde entonces, aunque una vez visitó el plató de Espejo Público para decir que ahora es “una mujer de mi casa” y que se dedica “a cuidar” de su retoño, quien acaba de alcanzar la mayoría de edad y apenas ha tenido relación con su padre.

A sus 45 años, la madrileña vive fuera de foco y sin aparente interés en volver a la televisión. Eso sí, su nombre ha vuelto a saltar a la palestra a raíz de unas recientes declaraciones de Güiza en las que este aseguró sentirse decepcionado con su hijo mayor, Cristian, fruto de su relación con Rocío Aranda, por haberse sentado en un plató de Telecinco para hablar de su familia. “Quiere dinero y hacerse famoso, él quería entrar en La isla de las tentaciones o ser un gran hermano”), dijo, al tiempo que acusó a Bermúdez, a quien define como “lo peor que me ha pasado en la vida”, de estar utilizando a Cristian para hundir su imagen. Como es lógico, sus palabras molestaron a una Bermúdez que a través de su perfil en Instagram, donde cuenta con cerca de setenta mil seguidores, ya ha avisado de que tomará las medidas legales oportunas contra quien se atreva a atentar contra su derecho al honor y a la intimidad personal. Quién la ha visto y quién la ve.