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LITERATURA

El proyecto de Madrid para que dejes de descargarte libros ilegalmente: "La piratería es una lacra social"

La campaña organizada junto a CEDRO quiere impulsar las bibliotecas como punto de acceso gratuito, legal y seguro a la lectura

En Madrid hay 33 bibliotecas públicas gestionadas directamente por el Ayuntamiento.

En Madrid hay 33 bibliotecas públicas gestionadas directamente por el Ayuntamiento. / EUROPA PRESS

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

Hay grupos de WhatsApp por donde circulan los libros del momento. Los ofrecen al instante, gratis. En cuestión de segundos los puedes tener descargados en cualquier dispositivo. Un gesto que, pese a parecer inofensivo, ojo, conlleva numerosas consecuencias. El Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO) y el Ayuntamiento de Madrid se han aliado para poner en marcha un proyecto que acabe con la piratería. Se trata de La Biblioteca, un camino seguro y legal hacia la lectura gratuita, un plan que quiere promover el uso de las bibliotecas como alternativa gratuita, segura y respetuosa con los derechos de autor. "En un entorno marcado por la inteligencia artificial generativa, protegerlos es más urgente que nunca", ha subrayado Carme Riera, presidenta de CEDRO, en la presentación de la campaña. El fin está claro.

Según el Observatorio de la Sostenibilidad de la Cultura Escrita, el 67,5% de los lectores accede a contenidos de manera ilícita, en muchos casos sin ser conscientes de lo que hacen y desconociendo las alternativas legales a su alcance. "La piratería es una lacra social porque la gente no acaba de entender de qué modo nos perjudica. Hay quien no lo hace con mala intención, sólo se deja llevar. Es un problema que tenemos que explicarles", ha comentado la escritora Soledad Puértolas, quien se ha mostrado especialmente crítica con ella.

La biblioteca María Lejárraga realizó 86.893 préstamos infantiles en 2024.

La biblioteca María Lejárraga realizó 86.893 préstamos infantiles en 2024. / ALBA VIGARAY

Autora de Todos mienten, Queda la noche y Mi amor en verano, entre otros, Puertólas ha compartido su experiencia al respecto: "Económicamente, los escritores vendemos lo que podemos. Lo que más me molesta es la falta de respeto. No es un dolor individual, sino social. Es una pena que no hayamos logrado transmitir los valores que hay en torno a la literatura". Un punto de vista que ha compartido el editor Paulo Cosín: "Por un lado, me produce satisfacción que pirateen un libro tuyo porque quiere decir que les interesa. Sin embargo, por otro, me despierta la misma sensación que a Soledad. En nuestro caso, por ejemplo, si no vendemos, dejamos de existir".

El objetivo de esta iniciativa es explicar a la sociedad que las bibliotecas están a su disposición para acceder a libros, periódicos y revistas sin coste alguno, garantizando la calidad, seguridad y legalidad. "Estos espacios fomentan la lectura, organizan talleres, celebran tertulias... Nunca hay suficientes bibliotecas públicas. Son imprescindibles para la educación y disfrute literario. Son nuestro escudo contra la piratería", ha defendido Marta Rivera de la Cruz, delegada del área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid. La red municipal, compuesta por 34 centros, en 2024, registró 1,6 millones de préstamos y 2,1 millones de visitantes.

Consecuencias legales

Lo que ninguno de los que se descargan ilegalmente un libro se plantea son las consecuencias legales. Para analizar esta situación, lo primero que hay que saber es que las obras literarias están protegidas por los derechos de autor. De hecho, constituyen uno de los casos recogidos en el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual: en su artículo 10.1 hace mención específica a los “libros, folletos, impresos, epistolarios, escritos, discursos...”. ¿Eso qué quiere decir? “Salvo casos de autopublicaciones, los derechos de explotación de las obras literarias generalmente pertenecen a las editoriales. Éstas son empresas que apuestan por los autores y que asumen el riesgo de la explotación de la obra a cambio de llevarse el grueso de los ingresos por ventas. Por supuesto, los contratos de edición también contemplan habitualmente la explotación del formato digital”, contó Javier Serrano, abogado de Bamboo Legal, a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.

Archivo - Biblioteca Municipal Francisco Umbral de Majadahonda

Interior de la biblioteca municipal Francisco Umbral de Majadahonda. / AYUNTAMIENTO DE MAJADAHONDA

Entre los derechos de explotación se encuentran los de reproducción que, según el mencionado precepto, consiste en la “fijación directa o indirecta, provisional o permanente, por cualquier medio y en cualquier forma, de toda la obra o de parte de ella, que permita su comunicación o la obtención de copias”. Por tanto, la descarga de un libro en un terminal informático se engloba dentro de este término. “Cuando ésta se realiza respecto de una obra cuyos derechos todavía están vigentes (que no han caído al dominio público) y sin autorización del titular, es ilícita. Es decir, el titular de derechos puede prohibir que cualquier tercero la descargue sin su consentimiento”, añade Serrano.

Multas e indemnizaciones

Para Jorge de Gonzalo, experto en Propiedad Intelectual de Abogados Culturales, este acto “puede desencadenar en graves consecuencias legales, tales como multas, sanciones, pagos por daños y perjuicios… También puede conllevar implicaciones éticas y morales, ya que se están tomando derechos de autor sin consentimiento de éste. Incluso puede causar perjuicios financieros al creador de la obra en cuestión”. Entonces, ¿estaríamos ante un delito recogido por el Código Penal? No, aunque podría derivar en ello. La clave está en el ánimo con el que se ha realizado la práctica y si, en consecuencia, hay un beneficio económico.

Fachada actual de La Biblioteca La Chata, antiguo mercado de Carabanchel

Fachada actual de La Biblioteca La Chata, en el antiguo mercado de Carabanchel. / MARÍA SAIZ

“La simple descarga de un libro no supondría un delito si dicha conducta no implica un beneficio financiero directo o indirecto. No obstante, sí es un acto punible en vía civil, donde el ánimo de explotación económica no tiene por qué darse para que concurra la infracción”, apuntó Serrano entonces. Al contrario, si existe dicha intención, sí estaríamos ante un delito: según De Gonzalo, la piratería consiste en “hacer uso de una obra de forma ilegal, realizando una descarga no autorizada de copias, vendiéndolas, traduciéndolas o adaptándolas”. En dicho supuesto, los artículos 271 y 272 del Código Penal prevén penas de prisión de hasta seis años, multa de hasta 36 meses, el cese de la actividad y la indemnización por daños y perjuicios.