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PERFIL

Alfonso Goizueta, el escritor madrileño que mira a la Grecia clásica para destripar conflictos que siguen muy presentes

Finalista más joven en la historia del Premio Planeta con su novela anterior, acaba de publicar 'El sueño de Troya', inspirada por la figura del empresario y arqueólogo aficionado alemán que en el siglo XIX confirmó la existencia real de los lugares que recorría Homero en sus obras

Alfonso Goizueta, cuando se hizo con el finalista del Premio Planeta en 2023.

Alfonso Goizueta, cuando se hizo con el finalista del Premio Planeta en 2023. / Lorena Sopena - EPE

Madrid

Alfonso Goizueta (Madrid, 1999) pertenece a una generación que ha crecido en la hiperconexión y los entornos digitales, pero su brújula personal apunta obstinadamente hacia el mundo antiguo. Historiador y doctor en Relaciones Internacionales por el King’s College de Londres, se formó en una institución marcada por la tradición imperial británica mientras él miraba, casi obsesivamente, al Mediterráneo clásico, a la Grecia de Homero y a la Macedonia de Alejandro.

Hijo de una familia madrileña con larga tradición profesional y empresarial, con antepasados diplomáticos, crece rodeado de libros y relatos familiares, un contexto que alimenta una sorprendente precocidad. A los 17 años publica Limitando el poder, 1871-1939, un ensayo sobre la diplomacia europea de entreguerras, al que seguirán Los últimos gobernantes de Castilla y otros trabajos sobre historia política. Desde muy temprano se va consolidando un perfil de analista de las relaciones internacionales.

Su verdadera vocación, sin embargo, es narrativa. En 2020 irrumpe en la ficción con Corazón de deidades, una novela que reescribe los mitos griegos desde una clave psicológica y que anuncia ya algunas de las que se demostrarán como sus obsesiones: la fragilidad de los héroes, la soledad del poder, la tensión entre destino y elección. Es el suyo un territorio más bien híbrido, entre la novela histórica y la introspección, que le permite moverse con comodidad entre la erudición y la emoción.

Ese equilibrio se plasma en La sangre del padre, la novela con la que se convierte en finalista del Premio Planeta 2023, el más joven en la historia del galardón. El libro reconstruye la vida de Alejandro Magno a través de sus luces y sombras, y utiliza la figura del conquistador para hablar del precio de la grandeza, de la herencia del padre y de la tentación del tirano que se esconde en cualquier proyecto de emancipación. A partir de ese momento, Goizueta deja de ser solo una joven promesa y pasa a ocupar un lugar central en el panorama español de la novela histórica y los libros superventas.

Con El sueño de Troya, su siguiente novela y publicada hace algo más de un mes, el madrileño se adentra en la figura de Heinrich Schliemann y en la excavación de Hisarlik como metáfora de la obsesión contemporánea por encontrar un origen puro. Elige como narrador a un personaje ficticio, Nicholas Yannikis, un observador que le permite contemplar al arqueólogo desde cierta distancia moral y explorar hasta qué punto la búsqueda de la verdad puede justificar el sacrificio de casi todo lo demás. El libro dialoga con debates actuales sobre la arqueología, la apropiación del pasado y la construcción de la identidad occidental, y confirma a Goizueta como un autor interesado en contar la Historia tanto como en discutirla.

Fuera de las novelas, su perfil se completa con una intensa vida intelectual. Es cofundador del pódcast La Torre del Faro, donde conversa sobre historia, política y cultura, y ha publicado tribunas en medios como ABC, además de artículos en publicaciones universitarias. Ese trabajo paralelo arroja una luz distinta sobre su narrativa: detrás del narrador de mundos antiguos hay un analista atento a la deriva de las democracias liberales, a los populismos y a la fragilidad del proyecto europeo.

Las entrevistas que ha concedido en los últimos años dibujan a un autor disciplinado hasta el extremo, desconfiado de la etiqueta de niño prodigio y muy consciente de los riesgos de la exposición mediática. Habla con naturalidad de bloqueo creativo, de presión tras el éxito del Planeta y de la tentación de escribir pensando en el mercado, pero insiste en una idea central: la literatura, para él, solo tiene sentido como trabajo lento, como exploración de conflictos morales complejos y como forma de conocerse a sí mismo.

Hay también un rasgo que lo singulariza frente a su generación. Goizueta utiliza con soltura las redes y el formato pódcast, pero reivindica la lectura lenta de los clásicos, el silencio de los archivos, la paciencia de la investigación histórica. Su éxito no se apoya en la actualidad trepidante, sino en la convicción de que los grandes relatos del pasado siguen ofreciendo preguntas útiles para el presente: qué hacemos con el poder, cómo se forma una comunidad política, cuál es el coste íntimo de las grandes decisiones.

Apenas ha cumplido los treinta y ya ha pasado por las principales ferias del libro, ha llenado auditorios en presentaciones y ha comenzado a dar clases en la universidad, donde traslada a los estudiantes esa mirada que combina rigor académico y pasión narrativa. Su trayectoria apunta hacia una figura poco frecuente en el ecosistema cultural español: un escritor capaz de convertir la Historia en materia de novela popular sin renunciar a la complejidad, y un intelectual joven que, lejos de la estridencia, prefiere pensar despacio y escribir con calma.