HISTORIA
Una epidemia, un motín y 100 frailes asesinados: cronología de uno de los episodios más negros en la historia de Madrid
La Real Basílica de San Francisco el Grande fue escenario de una gran matanza en 1834

'La degollación de los frailes, en San Francisco el Grande', de R. Pulido / Museo del Romanticismo
Por muy burda que nos pueda parecer la idea, el agua de Madrid no siempre estuvo considerada como la mejor de España. El Canal de Isabel II no se puso en marcha hasta el año 1851. Hasta entonces, el agua de la Sierra de Guadarrama no llegaba fácilmente a la capital, dificultando y mucho el abastecimiento. La que llegaba, además, lo hacía en un estado que tenía consecuencias virulentas para la ciudadanía.
En la década de 1830, tras el fallecimiento de Fernando VII, la capital no era precisamente un lugar de ensueño para vivir. Los 200.000 habitantes que por aquel entonces la poblaban lo hacían, en buena parte, hacinados y en condiciones insalubres. La mendicidad era el pan de cada día en sus calles, con cientos de personas caminando sin rumbo en busca de algo que echarse a la boca. En cuanto al agua de la que hablamos, la que llegaba a los hogares procedía de caudales contaminados, principalmente, por filtraciones de pozos negros, el antiguo sistema de saneamiento de aguas residuales de viviendas aisladas de la precaria red de alcantarillado.
Caos político tras la muerte de Fernando VII
La situación política en Madrid en el año 1833 se enturbió al mismo nivel que la suciedad que recorría el callejero de la ciudad. La muerte de Fernando VII dio lugar al inicio de las guerras carlistas, entre los partidarios de la heredera legal al trono, Isabel II, y los grupos que apoyaban al hermano del monarca, Carlos María Isidro. Las revueltas provocadas por la insurrección contra la Corona -- un movimiento que aún tiene representación política en forma de partido hoy día -- empujaron a la población rural a emigrar a la capital. Pero, al llegar a la misma, encontrar acomodo no era nada fácil para las familias. El hacinamiento y la insalubridad se intensificaron aún más.
A todo esto se sumarían en julio de 1834 los primeros casos de cólera, una enfermedad llegada a Europa desde la India de la que poco se sabía en Occidente.
La familia real se refugia de la epidemia en La Granja
Pese a que en primera instancia negaron los casos, la expansión de la enfermedad provocó que la familia real hiciera las maletas y se trasladase al apartado palacio de La Granja, en Segovia. La inflación y la posible llegada de ataques carlistas a la ciudad iban colmando el vaso de la paciencia del pueblo, pese a que la prensa de Madrid -- a sueldo de la Corona -- no cesaba en su empeño de tratar de camuflar la verdad.
El 17 de julio, el cólera alcanza prácticamente cada recoveco de Madrid, con víctimas que se contaban por centenares. Solo ese mes, el peor de la epidemia, más de 3.500 personas fallecieron en la ciudad. Para tratar de aplacar el cólera, los más desfavorecidos fueron expulsados de la capital, en una auténtica 'limpieza'. Se intentaron llevar a cabo también labores de limpieza, pero cualquier medida era inútil ante el avance masivo de la infección.

Real Basílica de San Francisco el Grande. / Ayuntamiento de Madrid
La matanza de frailes: 14 personas degolladas
Empezó a circular el rumor de que la epidemia se debía a un envenenamiento a conciencia de las fuentes públicas. Los señalados fueron los frailes. El apoyo de estos a los carlistas pudo haber sido el origen del bulo, posiblemente procedente de partidarios de la reina Isabel.
La locura colectiva se apoderó de Madrid ese día, con motines en la Puerta del Sol, la plaza de la Cebada, el convento de San Francisco el Grande y las calles de Atocha y Toledo. Dos jesuitas fueron asesinados en algunos de estos lugares, así como un franciscano atacado en la calle de Toledo. El primer gran objetivo fue el Colegio Imperial de San Isidro. Sobre las 5 de la tarde, 14 frailes fueron degollados en el lugar. Otros tuvieron mejor suerte, y solo fueron linchados.
El convento de Santo Tomás de los dominicos, en la calle Atocha, también sufrió las consecuencias de los motines. Allí murieron otros siete frailes. Pero el episodio más cruento de la jornada tuvo lugar en San Francisco el Grande, donde unos 50 religiosos perdieron la vida ese día. En el convento de San José de los mercedarios, en la actual plaza de Tirso de Molina, también hubo víctimas.
El Gobierno declara el estado de sitio
La respuesta gubernamental fue establecer el estado de sitio, que logró parar la masacre. 79 personas fueron detenidas y juzgadas por los incidentes: 4 civiles, 14 milicianos urbanos y 11 soldados, con dos condenados a muerte. El resto fueron destinados a galeras o presidio, y algunos inclusos fueron absueltos de los ataques al clero de la villa.
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