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MADRID

Vecinos de Vallecas alertan del auge de locales que cierran para reabrir como viviendas y VUT

El distrito denuncia la sustitución del comercio de proximidad por alojamientos turísticos y viviendas sin condiciones de habitabilidad

Algunos locales reconvertidos en viviendas en el barrio de San Diego, en el distrito de Puente de Vallecas

Algunos locales reconvertidos en viviendas en el barrio de San Diego, en el distrito de Puente de Vallecas / EP

Madrid

Vecinos de Puente de Vallecas alertan del aumento de comercios que cierran sus persianas para transformarse en viviendas o, cada vez más, en Viviendas de Uso Turístico (VUT).

Estamos percibiendo que está aumentando”, afirma a Europa Press Javier Moral, de la Asociación Vecinal Doña Carlota de Numancia, quien explica que muchas de estas nuevas viviendas “no reúnen condiciones de habitabilidad”. En el caso de las VUT, los turistas acaban alojándose en cualquier tipo de espacio, señala, como si la “cédula de habitabilidad no existiera”.

Este fenómeno, lamenta Moral, está acabando con la vida tradicional de barrio: los encuentros fortuitos en la calle, la compra en negocios de proximidad o las conversaciones en el bar de siempre. Ahora, en su lugar, hay turistas que “vienen y van” o trabajadores que duermen “en cuartos sin ventilación”. Lo atribuye a la “ley de la selva” que, asegura, impera en Madrid ante la falta de regulación.

Luis Sánchez-Grande, de la AV Kascoviejo VK, también lamenta la pérdida de comercios que antes servían como punto de encuentro vecinal: mercerías, ultramarinos o droguerías. Señala que la reconversión de locales en viviendas expulsa al comercio local y obliga a los vecinos a desplazarse cada vez más lejos para ir al supermercado, la farmacia o el banco.

El presidente de la FRAVM, Jorge Nacarino, confirma que los locales llevan años transformándose en viviendas, pero advierte de que recientemente ha aumentado su uso como alojamientos turísticos: “Es una realidad que va a más”.

Con el Plan Reside, no se permite la conversión de locales en pisos turísticos en el centro histórico ni en vías terciarias principales. En Puente de Vallecas, el Ayuntamiento ha blindado la Avenida de San Diego, Avenida de la Albufera, Monte Igueldo y Martínez de la Riva.

Europa Press ha comprobado cómo antiguos escaparates —de fruterías, peluquerías o tabernas— han sido reemplazados por puertas, ventanas con rejas y plantas en el alféizar. La escena se repite en Palomeras Bajas, Entrevías, San Diego y Nueva Numancia, donde incluso permanecen rótulos de negocios que ya no existen.

Una vecina que lleva meses documentando estas transformaciones recuerda un antiguo bar: “Ahora tiene cuatro habitaciones dentro”.

En el cruce de Carlos Aurioles con Doctor Sánchez, un rótulo de Casa de Huéspedes oculta cinco habitaciones a pie de calle con baño compartido. En Booking, la gestión aparece como “100% virtual” y las tarifas parten desde 47 euros la noche.

Otro bajo, aparentemente cerrado, esconde un sistema de apertura con código y varias cajas-candado. Según los vecinos, estos alojamientos atraen a turistas de presupuesto ajustado que buscan estar cerca de Atocha sin pagar precios de centro. A su alrededor proliferan lavanderías autoservicio, trasteros y locales de comida rápida.

En paralelo, familias del propio barrio también están viviendo en estos locales reconvertidos, muchos sin ventilación o con espacios insuficientes, según advierte Nacarino.

Calles más inseguras y un futuro incierto para el barrio

Vecinos del distrito alertan de una creciente sensación de inseguridad por la proliferación de VUT en antiguos comercios.

“Aquí antes había gente entrando y saliendo todo el día. Ahora las calles están muertas y apenas hay farolas”, explica una vecina. También denuncia que “nadie sabe quién está al otro lado”, ya que estos alojamientos se gestionan de forma remota y es fácil reservar haciéndose pasar por otra persona.

La FRAVM considera las VUT “un agujero negro de seguridad” y advierte de que la desaparición de comercios convierte calles antes transitadas en espacios vacíos que “no invitan a pasear”.

Moral y Sánchez-Grande coinciden en que las calles desiertas, sin la luz y el movimiento de los escaparates, generan miedo. Incluso algunos bares han optado por cerrar y convertirse en viviendas.

Sobre el futuro, vecinos y asociaciones lo ven complicado: los precios para abrir un negocio son cada vez más altos y los locales disponibles más escasos, especialmente en un distrito cercano a Retiro donde la rentabilidad turística resulta más atractiva.

Nacarino apunta a la necesidad de hablar, en un futuro próximo, de proteger los locales comerciales, del mismo modo que se protege la vivienda: “El comercio da vida a una ciudad”.