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VINO

Menudas Bodegas se presenta en Madrid: la belleza de lo pequeño

Durante estas tres semanas de noviembre, Madrid se ha convertido en el epicentro de esta novedosa propuesta riojana

Menudas Bodegas busca visibilizar y reivindicar el papel de los productores artesanales frente a la estandarización del sector vinícola

Menudas Bodegas busca visibilizar y reivindicar el papel de los productores artesanales frente a la estandarización del sector vinícola

Ignacio Ortiz

Madrid

El vino de autor tiene un nuevo rostro en La Rioja. No es el de una bodega histórica con décadas de trayectoria ni el de una gran marca consolidada en el mercado. Es el de diez pequeños productores —ahora ya doce— que decidieron unirse hace apenas un año para defender una forma de entender el vino que parecía estar en peligro de extinción: la de aquellos que conocen cada cepa de sus viñedos por su nombre, que toman decisiones en función de lo que el terreno les pide y no de lo que el mercado les exige, y que consideran que hacer vino es un acto de creación tan válido como cualquier otra forma de expresión artística.

Así nace el proyecto Menudas Bodegas, una asociación fundada en 2024 que agrupa a pequeños viticultores de la DOCa Rioja con el propósito común de visibilizar y reivindicar el papel de los productores artesanales frente a la estandarización del sector. Y nace bajo una premisa muy básica que lo demuestra, ya que la producción anual de cada bodega asociada debe ser inferior a cinco mil botellas.

Jairo Morga, uno de los impulsores de Menudas Bodegas, presenta su vino

Jairo Morga, uno de los impulsores de Menudas Bodegas, presenta su vino / Ignacio Ortiz

Y es que, en un panorama vitivinícola donde los grandes nombres acaparan las atenciones, estos bodegueros han optado por lo más revolucionario que podían hacer: alzar la voz desde los márgenes y reclamar su espacio propio con vinos únicos y su obstinación por mantener viva una tradición familiar que ya casi nadie recuerda.

Durante estas tres semanas de noviembre, Madrid se ha convertido en el epicentro de esta novedosa propuesta riojana. Vinalium Chamberí y unodecopas.wine, dos espacios especializados en la distribución y promoción de vinos de calidad ubicados en el barrio de Chamberí, han apostado por un ciclo de catas sin precedentes en el que las bodegas de esta asociación han desfilado por BAYA café & vino, ese espacio de la calle José Abascal que es mucho más que un café, que es mucho más que un vino bar.

Tres citas con lo auténtico

Su puesta de largo en Madrid ha estado estructurada en un ciclo de tres encuentros. El primero, reunió a las bodegas Hoplita y Rulei, dos bodegas que encarnan de maneras distintas esa obsesión por el detalle. Hoplita, ubicada en Logroño, es depositaria de un calado histórico que respira siglos de tradición viticultora. Sus vinos de parcelas únicas son el resultado de una filosofía que rechaza los atajos. Rulei, por su parte, emerge desde Badarán con la visión de Adrián Moreno, quien ha convertido el cultivo del viñedo singular en su razón de ser, recuperando variedades olvidadas y explorando los matices que el terreno puede ofrecer.

Algunos de los vinicultores durante la presentación

Algunos de los vinicultores durante la presentación / Ignacio Ortiz

La segunda cita fue quizás la más colorida del ciclo. La Bodeguita Escondida, Jairus y Reditus compartieron mesa y copas. La Bodeguita Escondida lleva consigo la esencia del artesanado más puro, con una propuesta que desafía las categorías convencionales. Jairo Morga, uno de los artífices de Menudas Bodegas, nos trajo desde Badarán su tinto de autor, JAIRUS. Demostrando que la sostenibilidad y la calidad pueden ser sinónimos, su apuesta por la viticultura ecológica no es un gesto ‘marketiniano’, sino la culminación de una convicción profunda: que el vino debe ser expresión de la naturaleza, no su contradicción. Reditus, con su pasión por la garnacha y sus vinos de fermentación controlada, representa esa búsqueda sin tregua de la excelencia a pequeña escala.

La tercera y última cata, celebrada este 26 de noviembre, ha cerrado el ciclo con tres bodegas más de esta revolución silenciosa, Reminde, Elena Corzana y Jaime Ruiz. Reminde, donde Rufino Lecea recupera su herencia familiar en San Asensio, es un ejemplo de cómo la tradición puede reinventarse sin renegar de sus raíces. Elena Corzana es la voz femenina que el vino riojano necesitaba, una enóloga de autor que entiende sus vinos con la precisión de un reloj. Y Jaime Ruiz, desde Briones, continúa demostrando que en La Rioja aún hay espacio para los que creen que un vino es un diálogo entre el productor y quien lo bebe.

La apuesta de Madrid

Lo que está sucediendo en Madrid durante estas semanas es más que una serie de catas. Es un acto de desobediencia frente a la homogeneización. Estos pequeños viticultores riojanos han traído a la capital su mensaje de resistencia enológica, su demostración de que la calidad no necesita de marketing agresivo ni de grandes inversiones para brillar. Simplemente necesita ser probada, conocida, compartida.

Los bodegueros Elena Corzana y Rufino Lecea presentando sus vinos

Los bodegueros Elena Corzana y Rufino Lecea presentando sus vinos / Ignacio Ortiz

Vinalium Chamberí y unodecopas.wine no son simples distribuidoras. Son activistas del buen vino, espacios que creen en la misión de conectar productores con consumidores conscientes, con aquellos que entienden que beber vino es un acto político, una toma de posición a favor de lo pequeño, lo verdadero, lo que tiene raíces reales en la tierra.

Y BAYA café & vino, con su ambiente sereno, su propuesta de café de especialidad combinada con una cuidada selección de botellas, se ha mostrado como el lugar perfecto para que esta conversación sucediera. Porque en el fondo de eso trata todo esto, de conversación, de encuentro, de la idea radical de que lo mejor del vino es lo que sucede cuando alguien que lo ha hecho con pasión se sienta a hablar con alguien dispuesto a escuchar.

Un movimiento que apenas empieza

Menudas Bodegas es joven, frágil quizás, pero inquebrantable en su determinación. Doce pequeños productores que decidieron que no serían invisibles, que su vino valía tanto como el de cualquier otro, que sus métodos eran tan válidos como cualquier tradición consolidada. Y en una época en la que el vino está cada vez más corporativizado y los algoritmos dictaminan qué es tendencia, estos bodegueros siguen haciendo lo de siempre: trabajar la tierra, fermentar con cuidado, embotellar con respeto, y esperar.

Madrid ha visto esto: ha probado estos vinos, ha escuchado estas historias y el éxito ha sido rotundo. Y aunque el ciclo de catas haya finalizado, la conversación no termina aquí. Porque Menudas Bodegas no vino a Madrid para vender botellas. Vino para recordarle a una ciudad que vive deprisa y a veces olvida, que lo mejor de la vida son precisamente esas cosas hechas con pausa y mimo, artesanales, auténticas, y la mejor forma de honrar a aquellos de quienes lo heredaron. O como ellos mismos dicen, la belleza de lo pequeño.