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EXPOSICIÓN

El Reina Sofía abre de nuevo sus puertas a Juan Uslé, nombre clave de la abstracción y del arte español de las últimas décadas

La nueva muestra recorre cuatro décadas de trabajo del artista, que reparte su vida y su trabajo entre Nueva York y Cantabria y del que esta vez también se muestra su obra fotográfica

Obras de la exposición 'Ese Barco en la Montaña' que el Museo Reina Sofía dedica a Juan Uslé.

Obras de la exposición 'Ese Barco en la Montaña' que el Museo Reina Sofía dedica a Juan Uslé. / Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Jacobo de Arce

Jacobo de Arce

Madrid

El 21 de diciembre de 1960, el buque Elorrio naufragaba frente a las costas de Langre, en Cantabria, cuando regresaba de Baltimore cargado de grano. Juan Uslé (Hazas de Cesto, Santander, 1954), que vivía a cinco kilómetros de los acantilados donde se produjo la tragedia, tenía entonces seis años, pero el recuerdo de los vecinos desesperados ante un mar embravecido que no les dejaba auxiliar a los marineros, y las imágenes del suceso que pudo ver en la prensa de la época, se quedaron para siempre en su recuerdo. Cuando a él le tocó hacer su propio viaje transatlántico, el de trasladarse a Nueva York para dedicarse al arte en compañía de la que ya entonces era su mujer, la también pintora Victoria Civera, aquella memoria se hizo de nuevo muy viva. En los cuadros que pintó en aquella época, justo antes de partir pero también durante sus primeros años en la ciudad, el Elorrio estará muy presente. El mar es casi siempre una masa más bien oscura en la que de repente adivinamos un barco embarrancado en la montaña o en lo que parece una isla. Hasta un lienzo más reciente, de un azul profundo y trazos lineales, podría evocar ese océano enorme que tanto él como el barco travesaron.

La retrospectiva que ahora dedica el Museo Reina Sofía a su trabajo, que lleva por título Ese barco en la montaña y se podrá visitar desde este miércoles y hasta el 20 de abril, también se ajusta a esa idea "de viaje, de periplo", dice Uslé, que han marcado su vida y su obra. El pintor cántabro se instaló en 1987 en Nueva York, en un estudio debajo del puente de Brooklyn, y entre la ciudad de los rascacielos y la diminuta localidad de Saro, a veinte kilómetros de Santander, han transcurrido sus días desde entonces. Metrópolis y aldea, integración y aislamiento han convivido siempre en Uslé, "uno de los pintores más importantes del arte contemporáneo español y sin duda uno de nuestros artistas más internacionales", decía de él Manuel Segade, director del museo que acoge la muestra, durante su presentación este martes.

Juan Uslé 'Sin título' (1987).

Juan Uslé 'Sin título' (1987). / Juan Uslé, VEGAP, Madrid, 2025

La obra de Uslé ha estado marcada por una permanente exploración de la abstracción en su vertiente más lírica y personal, con un lenguaje visual que oscila entre lo gestual y lo geométrico: como se puede ver en las salas del Reina, a los trazos más libres y oníricos les suceden unas cuadrículas aparentemente racionales. Él ha tratado siempre, dice, de "no hacer y no ser Juan Uslé, de ir en contra de la idea del estilo y de buscar la complejidad que habita dentro de nosotros", añadiendo que dentro de él conviven muchos. Y esa diversidad de planteamientos se verá a lo largo de toda la muestra, resumen de más cuatro décadas de trabajo en las que ha llevado a cabo una "indagación sobre distintos tipos de belleza que no tiene por qué estar en lo evidente".

Una exposición de exposiciones

La exposición se estructura cronológicamente, con los diferentes periodos de su obra vinculados a exposiciones clave que ido realizando en diferentes galerías y museos desde los años 80 y hasta ahora: la primera fue en la madrileña Montenegro en 1987, y después vendrían otras como la del Palacete del Embarcadero y Nave Sotoliva (Cantabria, 1991), su participación en la documenta IX de Kassel (1992), IVAM (1996), Palacio de Velázquez (la anterior que le había dedicado en este espacio el Reina Sofía, titulada Open Rooms) o series ya célebres como Soñé que revelabas, que ha sido el tronco principal de su trabajo en los últimos 30 años.

Obras concebidas por Juan Uslé para la documenta de Kassel de 1992.

Obras concebidas por Juan Uslé para la documenta de Kassel de 1992. / Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

El comisario Ángel Calvo Ulloa explicaba que han decidido "no separar las pinturas por familias, sino más bien por periodos". De esta forma, en una sala con otro tipo de pinturas aparecen ya los dos primeros Soñé que revelabas, que normalmente hemos visto expuestos en batería con el conjunto de la serie, pero que aquí aparecen colocados en su momento de producción, cuando convivían con obras muy distintas. Se quería demostrar así cómo, a pesar de sus diferentes manifestaciones, hay casi un continuo en la producción del pintor, "una especie de tensión casi eléctrica que vincula y a la vez separa a sus primeras pinturas y las últimas", y por eso en este recorrido circular que plantea el Reina llegan a tocarse.

A pesar de que su trabajo se ha desarrollado fundamentalmente en la pintura, dentro de las once salas que ocupa la muestra hay una y media consagrada a la fotografía, un medio que el artista no solamente ha explorado, sino que de alguna forma tiene incorporado a su cotidianidad: el propio Uslé explicaba que va a todas partes con su cámara, lo que permite que se produzcan lo que el llama "esos accidentes: que me encuentre con esas imágenes escondidas siempre interesantes, aunque a veces también absurdas". La primera de las fotografías de esa Línea Dolca en las que se agrupan, realizada entre 2008 y 2018, recoge una antigua imagen familiar en la que nietos y abuelos comen chocolate Dolca. A esta le seguirán decenas y decenas de instantáneas que casi parecen improvisadas, y en las que hay paisajes, espacios, fragmentos de obras propioas o ajenas, imágenes curiosas de todo tipo.

Una de las salas dedicadas a la fotografía de Uslé.

Una de las salas dedicadas a la fotografía de Uslé. / Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

De la oscuridad a la geometría

El artista mantiene todavía casa en Nueva York. Allí llegó por primera vez en 1985, cuando pasó por ella para participar en una exposición del ICA de Boston. En la ciudad estadounidense, contaba, se sintió enseguida "como en casa". En cuanto pudo solicitó una beca Fulbright para poder estudiar allí, y tras ganarla, en 1987, se instaló con su mujer, un tanto perdido. Él no hablaba inglés todavía ("mentí para que me dieran la beca", confesaba entre risas) y los amigos le tenían que hacer planos de dónde estaba el metro o el supermercado para que pudiera encontrarlos. Recuerda una tormenta de nieve que les obligó a encerrarse en casa durante días. "En aquella época estaba de moda el arte conceptual, pero como yo soy pintor y me gusta tocar y mancharme las manos, lo que hice fue ponerme a pintar. Y ahí fue cuando hice una segunda versión de 1960", aquella primera pintura inspirada por el naufragio del Elorrio que había pintado justo antes de dejar España.

Juan Uslé, 'Negro Williamsburg' (1987).

Juan Uslé, 'Negro Williamsburg' (1987). / Juan Uslé, VEGAP, Madrid, 2025

Los cuadros de su etapa inicial en Williamsburg se central en aquel suceso, pero al azul marino del mar bravo le va sustituyendo progresivamente el negro, hasta un punto en que la imagen, perdida en la oscuridad, prácticamente desaparece. Las obras que realizará para su exposición en el Palacete del Embarcadero y la Nave Sotoliva de Santander, que realizará con el cambio de década, son en cambio mucho más claras. Sigue habiendo paisajes, de tonos desvaídos y cierto aspecto fantasmal, pero el artista inicia una indagación interior, aparecen algunos colores vivos y empieza a trabajar con grandes formatos, que serán los que marquen el resto de su carrera. Sus obras para la documenta IX de Kassel, tres de las cuales tenía en depósito el museo y que el artista ha donado ahora para que se integren en su colección, ya anuncian temas veremos más tarde, como las cuadrículas y líneas paralelas que marcarán su obra posterior.

Cinco grandes lienzos de la serie Celibataire ilustran su exploración de la figura de Duchamp. Cada uno de ellos es una unidad autosuficiente, con sus propios elementos y soluciones, y "son aparentemente irreconciliables, unas pinturas solteras", explica el comisario, porque, como añade el pintor, "no eres solo un Juan Uslé, eres muchos". "Cada sintaxis pretende ser distinta a la anterior, ir al punto esencial del tema pero seguir manteniendo esa especie de secretismo o de enigma que a mí me gusta mucho en la pintura: no mostrarlo todo, sino dar claves para que los ojos del espectador se zambullan y piensen. Hay una parte de la piel de la pintura que me interesa muchísimo, que es el color, la textura. Pero la piel no es tan fina. La piel en la pintura tiene muchas más capas", sostiene Uslé, que asegura que cuando un crítico neoyorquino dijo de una de sus exposiciones en la ciudad que parecía una colectiva, se sintió muy halagado. Los desafíos de una metrópolis como la Gran Manzana se muestran en obras como Gramática Urbana (1992).

Pìnturas de la serie de Juan Uslé 'Soñé que revelabas'.

Pìnturas de la serie de Juan Uslé 'Soñé que revelabas'. / Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Poco a poco, en la pintura de Uslé van apareciendo las geometrías, las cuadrículas y los trazados lineales. Se anuncian ya en obras embleáticas pero poco vistas como The Little Human Element (1998-99), que ha viajado desde EEUU por primera vez en dos décadas, y en sus pinturas rizomáticas. Pero serán cada vez más depuradas en su serie Sueño que revelabas, inspirada precisamente por su interés por la fotografía y que empieza a desarrollar a finales de los 90. Sus infinitas líneas parecen definir un ritmo, casi como un monitor de pulsos vitales. Ese ritmo no será siempre el mismo, por eso hay líneas que discurren paraleas y otras que se entrecruzan. Un trazado lineal que llega también a sus últimas obras: la que cierra la muestra, de pequeño formato, es de este mismo año.

Dice Juan Uslé que, del treintañero que llegó a Nueva York para convertirse en artista, queda "el hambre, el deseo. Un deseo que se acompaña de ambición y de exigencia". El compromiso con su obra. Asegura que no sabe si se siente ya pintor o no, porque le costó mucho reconocerse como tal tanto en Nueva York como en Madrid. "Vivíamos acomplejados", recuerda de su juventud, cuando al inaugurar exposiciones en el Madrid de la Movida se escondía en el baño porque le daba vergüenza hablar sobre su trabajo. Este martes se mostraba todavía algo tímido al hacerlo en el Reina Sofía, reconociéndose aún en aquel niño que desde los montes de Cantabria pasaba mucho tiempo solo subido a un roble y mirando el cauce del Cubas, el río de su infancia. El mismo que supo de aquel naufragio, de aquel barco en la montaña, que tanto ha marcado su vida.