LIBROS, LIBROS, LIBROS
El 'boom' de las librerías en La Latina: por qué no paran de abrir en este barrio de Madrid
Ocupan el espacio que dejaron bares, fruterías y bazares con el objetivo revitalizar la vida cultural de los vecinos que aún resisten en el centro: Verbena Libros ha sido en la última en sumarse a este fenómeno

Verbena Libros se encuentra en la calle Tabernillas de Madrid. / ALBA VIGARAY

La última librería que ha abierto en La Latina quiere reivindicar las buenas conversaciones. En Verbena Libros (Tabernillas, 13) las historias escogen a sus dueños para, después, con entusiasmo, desmenuzarlas a pie de puerta. Aquí, ojo, no es tontería, las charlas pueden extenderse tardes y tardes. Hay tantos personajes por comentar que, en ocasiones, claro, a María Pérez, Silvia de la Cruz, María Hernández y Daniel Segura no les queda otra que llevarse un buen café. Una postal que, pese a llevar abiertos desde el 6 de noviembre, muy poquito, empieza a repetirse habitualmente: su tiendita está convirtiéndose en un punto de encuentro para los vecinos que aún resisten en el centro de Madrid. “Es precioso, nos agradecen mucho la iniciativa. Ojalá les haga sentir tan bien como a nosotras”, subrayan. No es el único oasis cultural de La Latina: en los últimos meses, no han parado de abrir librerías en el barrio.
“Apostamos por la cercanía. Eso es lo que nos diferencia. Nos gusta estar en contacto con la gente, darles un trato humano. Le guardamos los pedidos, les avisamos. Esta responsabilidad no la tienen las grandes corporaciones. Quien venga a visitarnos saldrá, como mínimo, con nuestra sonrisa por delante”, explica María. Verbena Libros se encuentra en el lugar que antes ocupaba una tienda de ropa. Sus antiguos inquilinos se trasladaron a Huertas, dándoles a ellas la oportunidad soñada.

María y Silvia, en Verbena Libros. / ALBA VIGARAY
Rodeada de bares y cafeterías, se han propuesto recuperar la vida local. Y, claro, como sucede en Elástica (San Bernabé, 14) y Parent(h)esis (Valencia, 30), recientemente inauguradas también, su apertura es una declaración de guerra. En época de cierres, proyectos así arrojan luz a un sector siempre pendiente de un hilo. “Estamos en el centro, pero sin el flujo constante de turistas. Aquí predomina lo cotidiano, con una mezcla singular de espíritu comunitario y sensibilidad artística que encaja plenamente con nuestra esencia”, asegura Aveline Renaux, responsable de comunicación de Elástica. Se trata de la librería que la asociación Mapeea abrió en el Centro de Creación Contemporánea Quinta del Sordo, un espacio donde se organizan talleres artesanales y pequeños conciertos. Dentro aguarda su propia cafetería, el sitio ideal para comentar los ejemplares despachados.
“La vida del barrio es una parte fundamental para nosotros. Los vecinos acuden con frecuencia a nuestras instalaciones para desconectar de sus rutinas. Además, mantenemos un fuerte compromiso con sus luchas particulares, lo que hemos visto reflejado en su línea de exposiciones", continúa Aveline. De hecho, están especializados en contenidos que analizan y cuestionan las dinámicas culturales, sociales y políticas contemporáneas.
Oferta disparada
En la Comunidad de Madrid hay 129 municipios sin librerías, el 72% del total. Una cifra que, según advirtieron sus propietarios a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, cada vez más ahogados, podría aumentar en los próximos años. El hecho de que sólo el 28% del territorio disponga de una no quiere decir que al resto no lleguen libros: a través intermediarios, por ejemplo, así como quioscos y gasolineras, pueden adquirirse. Una realidad que sorprende especialmente teniendo en cuenta los datos arrojados por el último Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros en España, donde se destaca que el porcentaje de población que lee habitualmente supera el 65%. Por ello, precisamente, el caso de La Latina llama tanto la atención. En este barrio del distrito Centro, la oferta se ha multiplicado: Molar, Cabeza de Chorlito, Sin Tarima, Traficantes de sueños, La tarde y Tarahumana, entre otras.

Terry Craven, uno de los propietarios de Desperate Literature. / ALBA VIGARAY
Hasta aquí también se ha mudado Desperate Literature (Cava Baja, 8) después de que un fondo de inversión comprase el edificio donde llevaban 10 años alojados. Tras un larga búsqueda, adquirieron el local que actualmente regentan. “Antes el lugar lo ocupaba una frutería. Fue una suerte encontrarlo. Un milagro. En esta zona hay una comunidad de personas que cuidan la salud de la calle. Qué bonito, ¿no? El apoyo que hemos recibido ha sido espectacular”, apunta Terry Craven, su alma mater.
Comodidad hogareña
Junto a Charlotte Delattre, con quien se curtió en la Shakespeare and Company de París, se instaló en Madrid en 2014. Desde entonces, han desarrollado un proyecto que va más allá de proponer y vender libros: “Aquí la gente puede compartir sus intereses, así como participar en talleres donde cada uno puede aportar sus reflexiones. Una librería independiente es un espacio donde relajarse y soñar juntos. Nos gusta leer, oler, tocar, ver… Y queremos seguir así”. El mismo propósito que Agustina Mansilla se marcó al montar Mansilla, Libros y Café (Embajadores, 26): “El barrio nos ofrece un ambiente multicultural y moderno que nos permite ser uno de sus puntos de encuentro. Está inspirado en mis abuelas, por lo que los visitantes sienten esa comodidad hogareña”. Un refugio para quienes desean desconectar del ritmo frenético que ha tomado la capital. Y, en parte, por qué no, para enseñar a los más pequeños el valor del papel y la imagen.

Eitan Felner, en Parent(h)esis. / ALBA VIGARAY
La gran pregunta es si hay público para tanta librería. En Parent(h)esis (Valencia, 30), Eitan Felner lo confirma. “Notamos el entusiasmo. Queremos que la gente haga un paréntesis en su vida cuando entren aquí. Las librerías han demostrado gran resiliencia para adaptarse a los nuevos tiempos”, asegura. A través de su catas de libros y clubes de lectura, han atraído a una masa fiel de curiosos. Están en un buen momento. En La Latina, en general.