Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

MÚSICA

Zenet: "El día que a Rosalía le apetezca hacer un disco de jazz vamos a flipar"

El cantante malagueño presenta un nuevo disco, 'Las Manos y la Voz', en el que vuelve al origen del jazz, la 'bossa', el bolero o el tango, los géneros entre los que se ha movido siempre

Zenet acaba de publicar 'Las Manos y la Voz', su nuevo disco que llevará de gira a partir de enero.

Zenet acaba de publicar 'Las Manos y la Voz', su nuevo disco que llevará de gira a partir de enero. / Alba Vigaray

Jacobo de Arce

Jacobo de Arce

Madrid

Para su nuevo disco y la gira de presentación que arrancará en enero, Zenet (Málaga, 1967), que además de cantante es actor y artista plástico, no solamente se ha ocupado de la música. También pintó la portada e hizo un collage para cada canción. Hasta el vestuario que luce en las fotos de la promoción y que llevará en los conciertos es en buena parte suyo: descubrió el tejido ecológico PEFC, producido con restos de bosque, peleó por conseguir unos cuantos rollos y los tiñó en su propio estudio madrileño, que comparte con el taller de moda Aletheia. Después le encargó al diseñador Javier Cañizares que le hiciera unos cuantos trajes. No ha sido fácil, pero le gusta contar la historia para defender la moda sostenible y "para hablar de lo que se hace con las manos y de lo complicado que es hoy en día hacer algo artesanal, la industria te lo pone muy difícil". En este Las Manos y la Voz, quizá el álbum más depurado de una de nuestras voces más importantes del jazz y de las músicas de raíz, se diría que ha hecho algo parecido.

P. Dice que este disco es una vuelta al origen. ¿A qué exactamente?

R. Más que a mis orígenes, es una vuelta al origen del género. Con mi compañero José Taboada, que se nos fue [falleció en 2023], conseguíamos una cosa: evocábamos los géneros sin llegar a tocarlos. Como esa cocina que hace trampantojos. José tocaba un acorde que evocaba un tango, pero no caíamos en el tango. Yo me he mantenido en eso, en las fronteras de las armonías, por eso me llaman 'ladrón de géneros'. Pero tras la pérdida de José tenía que continuar y, en parte como homenaje, decidí ir directamente al género. Busqué al mejor especialista de tangos de Madrid y me fui a por Raúl Kiokio para hacer 100% tango. Para la bossa nova me fui a El Escorial a casa de Arturo Lledó, un especialista, y le dije: "Tenemos que sacar una bossa como las antiguas, como las de Toquinho, Stan Getz, la Tropicália". Quería robarle el sonido a la radio vieja de mi abuela.

P. El disco suena más desnudo y más clásico que el anterior, que tiraba a electrónica y new jazz. ¿Por qué necesitaba ese gesto de sinceridad?

R. El cuerpo me pidió volver a la cuerda, a sentarme con un guitarrista y hacer la canción. Además tenía nueva compañía de discos, nuevo mánager, nuevo funcionamiento. Estuve un año fuera de los escenarios para venir con sangre nueva. Tiempo libre para pensar cómo quería las canciones. Tiré de mi diario personal y salieron temas donde toda la letra es mía, como Mensajes borrados o Tan lejos, tan cerca, algo que antes no había hecho. Tenía tiempo y todo fue fluyendo.

P. Ha dicho que hay algunas letras solo suyas, pero habitualmente para los textos trabaja con otros

R. Trabajo con tres poetas con los que ya había trabajado en el disco anterior y que me permiten siempre meter mano en lo suyo y trabajar de una forma muy orgánica. Ellos me mandan frases o versos sobre un tema y yo busco la musicalidad, la métrica... Son Magdalena Lasala, Tito Muñoz y Juan Lumora. Nunca usamos uno hecho antes: siempre inventamos.

P. ¿Y la música?

R. La música la hago siempre con el guitarrista. Soy un poco alquimista: tengo melodías grabadas, frases en mis cuadernos... Me junto con él y voy uniendo mis frases y melodías con sus músicas y las letras de los poetas.

P. En este disco su voz suena más protagonista que nunca.

R. Es un disco muy cantado, y la voz tiene muchísimo protagonismo. En la producción está muy delante. He intentado que suene muy natural, con una reverb razonable, de salón, de sala. Buscaba la organicidad también en la forma de sonar. Yo me noto que canto mejor ahora. Uno va cantando mejor con el tiempo. Y hay un salto grande desde que dejé de consumir, fumar y beber. En este disco busco lugares casi límite de mis tonalidades. Encuentro tonos que no sabía que tenía, por arriba y por abajo. En el tango Parpadear, por ejemplo, engordo la voz y Raúl Kiokio dice que parece que me he tragado a Gardel.

P. Tiene algo camaleónico con los acentos: según lo que cante, suena argentino, brasileño o cubano. ¿Le sale de forma natural o lo trabaja?

R. Me sale solo, tanto que a veces tengo que decirme: "Tony, menos es más" [risas]. Con el fado, por ejemplo, me digo: "Tampoco hace falta que lo fadees tanto".

P. Casi todas sus canciones orbitan en torno al amor y sus dificultades. ¿No hay otros temas que le empujen a escribir?

R. Es verdad, casi todas van por ahí. Yo creo que el amor es una excusa para hablar de la condición humana. Al hablar de amor, entre líneas, te hablo de tu desidia o de la mía, de la ambición, de los sueños perdidos, de lo que quisimos ser y no fuimos. El amor es la excusa.

P. ¿Hay mucha vivencia personal en esas letras?

R. Como en la literatura, hay una parte de ficción, pero ahí incrustas vivencias reales, aunque vayan vestidas con el traje de un personaje.

P. En el disco participa un elenco de músicos impresionante: además de los especialistas de cada género, están nombres como el contrabajista Javier Colina o el armonicista Antonio Serrano, por ejemplo. ¿Cómo los ha reunido?

R. Antonio Serrano lleva conmigo desde el primer disco que hice como Zenet, y siempre que he podido le he traído. Siempre he pensado que el instrumento debe tener una narrativa propia, paralela a la del cantante. No puede estar todo en función del que canta. Soy muy jazzístico en ese sentido. Con Javier Colina tenía una espina clavada. Me la quité invitándole un par de veces en directo. Hicimos una versión de Alfonsina y el mar en el tono original y, en el solo, se puso a cantar encima del contrabajo. Me quedé alucinado.

P. Se le asocia al concepto de 'retrofilia'. ¿Se siente identificado? ¿La música actual y más joven le interesa?

R. Me siento bastante identificado, sí, porque me muevo en músicas que parecen del pasado pero son eternamente actuales. Pero escucho mucha música actual. Para mí Radiohead es probablemente la mejor banda de los últimos 20, 30, 40 años: musicalmente rica, poderosa, profunda. Luego está toda esa franja de gente ya talludita que sigue haciendo música. Y los nuevos, como Jacob Collier o Rosalía. Rosalía es una crack. Solo con ver su trabajo de fin de curso, El mal querer, dices: si hace eso como proyecto de fin de carrera, imagínate cuando madure. El día que le apetezca hacer un disco de jazz vamos a flipar, igual que Rita Payés, que es de su quinta. Muchas veces solo miramos el reguetón y la música comercial y no vemos que hay gente muy joven haciendo cosas buenísimas.

P. Ya que el disco mira a los orígenes, vayamos a los suyos. En su casa, de niño, ¿qué se escuchaba?

R. De todo. Había muchos vinilos, desde Atahualpa Yupanqui a Chet Baker y los Beatles: yo he tragado mucho Beatles, mi madre los ponía por la mañana a toda pastilla. En casa se cantaba flamenco: mi madre cantaba y mi padre traía a un guitarrista. Flamenco payo, pero interesante. Yo he entonado desde chico. Mi madre tiene una tonalidad de voz alta y yo me he mimetizado: por eso canto en tonos muy altos, casi femeninos. Con la guitarrita, de chico, mi cantante favorito era Silvio Rodríguez: nadie llegaba a esos tonos. Luego, de adolescente, fui punkorro. No volví a lo clásico hasta que maduré. Cuando salió el disco de Mayte Martín y Tete Montoliu, Free Boleros, dije: "Hostia, esto mola". Pensé que no hacía falta cantar en inglés para hacer algo tan exquisito como el jazz. Me puse a investigar todo el feeling cubano y dije: "Marta Valdés, la madre que me parió, ahí está el tema".

P. Tiene formación en danza y hasta bailó 'break dance' de joven. ¿Sigue moviéndose en el escenario?

R. Sí, un poquito. Con elegancia… Lo que la edad te va dejando [risas], pero tengo facilidad para moverme y eso forma parte del espectáculo. La puesta en escena tiene mucho de club de jazz: la relación con el piano, con la trompeta. Yo doy protagonismo a cada músico, focalizo con mi cuerpo hacia cada lugar cuando toca. Ese manejo escénico se nota, se ve que llevo toda la vida en esto.

Toni Zenet lleva en estas fotos uno de los trajes creados por él con el diseñador Javier Cañizares.

Toni Zenet lleva en estas fotos uno de los trajes creados por él con el diseñador Javier Cañizares. / Alba Vigaray

P. Vive en Madrid desde hace décadas. ¿La ve ahora más ciudad de jazz que antes? Hay festivales muy potentes

R. Hay iniciativas muy buenas que traen gente de fuera. Pero también se cierra el Café Central. Hay cosas que no se entienden. El jazz se ve afectado por la especulación y no hay protección por parte del Ayuntamiento. Un Ayuntamiento debería proteger espacios como el Café Central, que estaba citado en la revista internacional más importante como uno de los mejores lugares del mundo para ver jazz. Esas sedes no se pueden perder.

P. Madrid vive también una "miamización", con la llegada de mucha población latina con poder adquisitivo. ¿Se nota eso en su circuito, se ha reforzado?

R. Hay dos estatus. Los de segunda generación, jóvenes, no escuchan jazz: son raperos, reguetoneros, están en ese mundo. Luego está quienes vienen a comprar pisos: gente con dinero, venezolanos, ecuatorianos... Creo que son residuales, estadísticamente, en mi circuito. Es más interesante lo que pasa en la franja de la edad de mi hijo, 21 años: los Omar, segunda generación marroquí; los Milo, argentinos; los hijos de ecuatorianos… Chavales de barrio que hacen su carrera musical fuera del sistema y se hacen famosos con un golpe de YouTube: 80.000 visitas en un día, 8 millones al siguiente, 80 millones la semana después. Se les escapan a las compañías de discos. Cuando llegan a hacer un contrato, el que manda es el artista.

P. ¿Cómo va a llevar este disco al directo, con qué formato?

R. Siempre tengo tres. El grande tiene unas 12 personas en escena, piano de cola, sección de metales… La última vez en el Botánico íbamos incluso con coro: tres chicas de coro, metales, bajo, batería, contrabajo... A partir de ahí, según el teatro, hago septeto, sexteto o quinteto. Tengo arreglos preparados para adaptarme al sitio. Y voy a hacer algo que nunca había hecho: módulos dentro del concierto, secciones donde haya una guitarra, un piano y otros elementos principales, con una guitarra más de tango.