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LIBROS

Tres ex altos cargos del PP y de Carmena forman el Carmen Mola de la política: "En los partidos, la mediocridad se impone al talento"

Los expolíticos, el popular Mario Garcés y los carmenistas Luis Cueto y José Manuel Calvo, firman con el seudónimo Tristán Paniagua 'Yo presidente', una novela con tintes de 'thriller' y una feroz crítica a los partidos políticos que aspira a ser un 'House of Cards' español

De izda. a dcha., José Manuel Calvo, Mario Garcés y Luis Cueto, los expolíticos que presentan ahora un libro bajo el nombre Tristán Paniagua.

De izda. a dcha., José Manuel Calvo, Mario Garcés y Luis Cueto, los expolíticos que presentan ahora un libro bajo el nombre Tristán Paniagua. / ALBA VIGARAY

Jacobo de Arce

Jacobo de Arce

Madrid

Se quejan los tres autores de Yo presidente, a los que aquí llamaremos los Carmen Mola de la política como seguro que en breve los llamará más gente, de que en España no hay, como sí sucede en otros países, buenas historias de ficción sobre la política nacional. Tramas escritas con conocimiento de causa como el que pueden acreditar ellos, porque los tres han estado activos en puestos políticos relevantes durante periodos más o menos largos. "Aquí tenemos parodias tipo Vota Juan, que te pueden hacer gracia, pero que parecen contadas por alguien que no ha estado dentro", dice uno de ellos.

La reflexión surgió hablando sobre productos audiovisuales, pero tres personas es difícil que saquen adelante una serie. Por eso, tras una conversación distendida, una de esas en las que uno se envalentona y pronuncia uno de esos "¿y si...?" a los que suele seguir la propuesta de algún proyecto más o menos descabellado, estos tres expolíticos, a los que ahora llamaremos autores, decidieron plasmar una historia así, sobre las cosas turbias de la política, en una novela a seis manos. La han bautizado Yo presidente (Plaza y Janés) y, resumiendo mucho, cuenta la historia de un político mediocre y amoral abocado a convertirse en presidente de gobierno. Su autor, colectivo como los Mola, es Tristán Paniagua. "Tristán porque somos tres, y Paniagua porque el protagonista es un paniaguado", explican con cierta guasa.

Los tres autores provienen, originalmente, de las dos orillas del espectro político. Uno de ellos es Mario Garcés, militante del Partido Popular de largo recorrido que llegó a ser Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad entre 2016 y 2018. Es el único que ya tiene libros publicados. Los otro dos, Luis Cueto y José Manuel Calvo, fueron respectivamente Coordinador General y Concejal de Desarrollo Urbano Sostenible del Ayuntamiento de Madrid cuando gobernaba Manuela Carmena, con Calvo proveniente de Podemos y sus disidencias. El ahora trío literario trabó amistad durante la farragosa negociación de la Operación Chamartín, en la que los tres estuvieron implicados: el primero era entonces subsecretario de Fomento del gobierno de Rajoy, y Cueto y Calvo los representantes del consistorio.

Pocos años más tarde, los tres eran ya exiliados de la política. A Garcés lo dejó fuera de las listas Alberto Núñez Feijóo después de haber sido uno de los cerebros económicos del destronado Pablo Casado. Casi en las mismas fechas, con la izquierda municipalista ya en la oposición, Cueto y Calvo se escindieron de Más Madrid y fundaron la agrupación de electores Recupera Madrid, una opción más centrista y antipartidista, para presentarse a las municipales de 2023. Los malos resultados supusieron el fin de su vida política. Pero todas aquellas batallas internas que vivieron, y las prácticas poco edificantes que dicen haber visto en compañeros y adversarios durante sus años de gestión, son la materia prima de la que se nutre este libro que ya anuncia, desde su contraportada, que "cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, NO es pura coincidencia". No confesarán con cuáles.

El malo son los partidos

"Lo que queríamos era concentrar en una metáfora la parte más negativa de la política. Casi como un médico al que le llega un paciente y le pregunta: 'Y a usted qué le duele'. 'Me duelen los partidos políticos'. 'De acuerdo, pues vamos a mirarlo'", relata Luis Cueto para resumir el propósito que les llevó a escribir este libro que en todo momento describirán como "un diagnóstico". Más que poner a caldo la política en general, lo que han querido denunciar es cómo funcionan esas estructuras básicas que rigen su funcionamiento. Los partidos son sus bestias negras. Organizaciones para ellos en crisis, poco democráticas y en las que no prima la virtud a las que hay que regenerar. Para hacerlo, mencionan medidas como las listas abiertas, la mejora del sistema electoral o la de la financiación. A pesar de todo, no han querido que su crítica se pasase de frenada, porque también era importante no caer en "la visión destroyer, la antipolítica", insiste Cueto.

Calvo, Cueto y Garcés, en el momento de la entrevista.

Calvo, Cueto y Garcés, el día de la entrevista. / ALBA VIGARAY

La cosa nació de un encuentro fortuito. Mario Garcés se dedica ahora a comprar arte contemporáneo y visita con frecuencia el Rastro. Uno de aquellos domingos, hace ya dos años, se encontró en la Plaza de la Paja con José Manuel Calvo, y fue entre cañas, en una conversación en la que recordaron sus vivencias y las compararon con series como House of Cards o Borgen, cuando primero barajaron la posibilidad de hacer un libro sobre lo que habían visto en la política. Solo tenían claro que no querían que fuera el típico ensayo que solo interesa a los del gremio: una novela sería la vía para llegar a más gente y quizá la base para el guion de una serie, aunque admiten que "todavía no nos ha llamado Netflix" [risas].

El siguiente encuentro, ya con Luis, fue en El Bierzo, restaurante de Chueca muy frecuentado por escritores. Allí la novela comenzó a tomar forma. "Empezamos a diseñar un personaje que inicialmente era muy rudimentario, con unos trazos muy básicos, demasiado elemental, y le fuimos dando capas", recuerda Garcés. "No queríamos ser maniqueos. Como todo en la vida, esto tiene zonas de grises: la gente no es muy buena o muy mala", añade Cueto.

Un protagonista sin escrúpulos

Ese personaje que fueron definiendo a lo largo de meses es Humberto Hurtado, un tipo de provincias que deja la universidad y una posible carrera de abogado de segunda para, de la mano de un cacique que se convertirá en su suegro, ir medrando en la política local y después en la nacional, sin escrúpulos y apartando a todo el que se cruce en su camino. El líder querido, al que observamos desde la trastienda de la política, lo que no sale en los telediarios, desprecia a la gente de la calle y a sus militantes de base, negocia con prevendas cuando es necesario y tampoco es muy fiable en su vida personal. Humberto es, dice Garcés, "narcisista, egotista, sin escrúpulos. Pero cuidado: duda. No es un personaje básico".

A cada uno de los autores le tocó ocuparse de una de las etapas de su vida: uno la infancia, otro cuando es ministro y choca con la administración, otro la carrera hacia la Moncloa y sus mítines... A medida que avanzaban, todos repasaban las partes escritas por todos y las comentaban. A pesar de esa mecánica de trabajo, la voz narrativa tiene coherencia, aunque también bromean con que "este libro es fruto de dolorosas cesiones" y, de alguna manera, "un milagro", reconocen.

De los tres autores, Mario Garcés (dcha.) es el único que tenía ya libros publicados.

De los tres autores, Mario Garcés (dcha.) es el único que tenía ya libros publicados. / ALBA VIGARAY

La ficción es para ellos un instrumento que permite contar historias y hablar de personajes "sin que a uno le demanden". Pero en la novela hay cosas no muy alejadas de la actualidad reciente. Por ejemplo, una falsa carrera en el currículum. Además, los hombres de confianza de Humberto se llaman Pedro y Alberto, nombres no muy difíciles de identificar, aunque ellos digan que en sus rasgos hay una mezcla de realidad y ficción. Al primero lo describe su jefe como "un macarra sin escrúpulos que se ocupa de hacer lo que haya que hacer en cada momento, sin darme demasiadas explicaciones". El segundo, en cambio, es su exacto opuesto y "siempre vive en un mar de dudas". Además, tiene desde joven un problema con las sustancias. "Buscábamos el equilibrio entre los dos para que nadie se sienta ofendido o, mejor dicho, para que se sientan ofendidos todos, porque nos da absolutamente igual", se despacha Garcés.

Sin ideología

El equilibrio binario o bipartidista no se queda ahí. A lo largo del libro, es imposible descubrir cuál es exactamente la ideología del protagonista y las organizaciones en las que milita. Hasta la formación juvenil en la que cocina su carrera la han bautizado con el híbrido 'Nuevas Juventudes'. Sin embargo, el partido donde hace buena parte de su carrera se parece más al PP: hay mucho empresario alrededor, los matrimonios son aparentemente tradicionales y sus simpatizantes se ven en los toros. Garcés admite cierta similitud, pero subraya que el personaje no tiene ideología, sino solo una idea: "aspira a conseguir el poder desde pequeño". Y en eso, dice, "puede ser Sánchez o puede ser Mazón". Para el expolítico popular, "una de las síntesis de la novela es que, en los partidos, la mediocridad se impone al talento, y yo eso sí que lo he vivido".

Surge una pregunta inevitable: ¿no temen que les digan a ellos, expolíticos, que son también como el personaje de la novela? Cueto y Calvo dicen que no, porque la crítica del libro es a los partidos y ellos ya mostraron su oposición a estos cuando se resistieron a ser integrados en Más Madrid y pusieron en marcha su propia agrupación de electores. Garcés sí recoge el guante. "En mi caso, quien lo diga tiene parte de razón. Cuando alguien ha pertenecido a una secta, tiene que reconocerlo. Pero yo me rebelé. Y así me fueron apartando poco a poco".

Cueto y Calvo recibieron en su día muchas críticas por la gestión de la Operación Chamartín, que dividió mortalmente a la izquierda madrileña. Estas hablaban de concesiones a intereses empresariales o de una falta de transparencia que podrían recordar a las que se reflejan en el libro. Ellos se defienden mencionando el terreno ganado al final al BBVA, principal inversor del proyecto, y las decenas de reuniones vecinales celebradas. Y recuerdan que, de no haberse aprobado ese plan, "reverdecía el de Ana Botella, que era horrible". "Había gente en nuestro lado que decía que prefería protestar contra el plan de antes, que asumir esto como propio. Y yo estaba en esto para resolver problemas", asegura Calvo en otro dardo a los partidos.

¿Volvería alguno de ellos a la política? Garcés dice que no se ha ido del todo. Calvo, arquitecto de formación que trabaja en el Ineco, una consultora pública de ingeniería que desarrolla proyectos para diferentes ministerios, responde que "a gestionar, sí. Al mamoneo y a la vida parlamentaria, no". Cueto, por su parte, asegura que tiene "cosas más bonitas que hacer": desde la Secretaría General para el Reto Demográfico, trabaja para que las multinacionales de la industria audiovisual que se quieren implantar en España inviertan en el mundo rural. Es él el que concluye: "Hay un elemento que nos une a los tres y es que teníamos alternativa a la política. Teníamos profesión. Y eso no es habitual. Por eso, la gente traga".