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DANZA

Contemporáneo y con una fuerte pulsión homoerótica: el rompedor y exitoso 'Lago de los cisnes' de Matthew Bourne llega al Real

La versión más transgresora del celebrado ballet de Chaikovski ofrecerá en Madrid cinco funciones, desde este miércoles y hasta el sábado, para celebrar treinta años de éxito incontestable desde su estreno en Londres

Jackson Fisch (el cisne) y Stephen Murray (el Príncipe), en la versión del coreógrafo Matthew Bourne de 'El lago de los cisnes'.

Jackson Fisch (el cisne) y Stephen Murray (el Príncipe), en la versión del coreógrafo Matthew Bourne de 'El lago de los cisnes'. / Johan Persson

Jacobo de Arce

Jacobo de Arce

Madrid

Hace 30 años, Matthew Bourne puso patas arriba el mundo del ballet cuando presentó en el Teatro Sandler's Wells de Londres, sancta sanctorum de la escena británica, una versión de El lago de los cisnes que adaptaba libremente la obra de Chaikovski. Donde siempre había habido bailarinas con tutú interpretando a los cisnes, Bourne colocó a hombres con pantalones, y a la atormentada princesa protagonista la sustituyó un príncipe igual de atribulado. El coreógrafo se atrevía a introducir danza contemporánea en uno de los ballets clásicos más célebres. Para rematar la faena, toda la historia se empapaba de un componente sexual bastante ambiguo y de tintes psicoanalíticos. La vieja guardia de la danza puso el grito en el cielo pero, tres décadas más tarde, su espectáculo es considerado por algunos como el de mayor éxito de la historia de la danza, con numerosos galardones y lleno tras lleno en sus recurrentes giras.

El lago de los cines de Matthew Bourne llega este miércoles al Teatro Real solo un año después de que lo hiciera la versión, algo más canónica, propuesta por el coreógrafo Heigl Tomasson y que aquí dirigió Tamara Rojo. Bourne se ha desplazado a Madrid para dirigir él mismo la pieza que interpreta su compañía New Adventures, la que bajo otro nombre fue también responsable de su estreno en 1995. El coregógrafo ha dicho en diferentes ocasiones que no le gustan los espectáculos de danza guionizados y que su espectador ideal es el que se sienta en la butaca sin saber qué es lo que va a ver y hacia dónde puede conducir la historia, dejando que sea su imaginación la que trabaje. Esa es la actitud que le gustaría que tuvieran quienes se acerquen a ver la obra al Real.

La idea de convertir a los cisnes en hombres estuvo en su cabeza años antes de que se planteara afrontar una nueva versión de la obra, que él ha convertido en una historia en la que se muestra al protagonista con sus deseos y anhelos en un mundo de represión donde se siente asfixiado, frustrado y confuso, sentimientos que se acentúan con la aparición de un Cisne Blanco poderoso, fuerte y seductor. El drama se convierte en un análisis de la masculinidad en la sociedad actual en el que late un amor gay reprimido, pero donde tampoco faltan algunas pinceladas de humor.

Decía Bourne en declaraciones a EFE que, cuando la estrenaron en su día, "había hombres que no podían soportar a un cisne macho bailando con el príncipe. Creo que fue un gran shock para el público que no sabía lo que estaban viendo, nunca se había hecho nada igual". Pero también se felicitaba de que, con el paso de los años, las actitudes han cambiado. "Ya no nos enfrentamos a ese problema" porque al espectador le resulta "alentador" que se cuente una historia sobre un joven que no sabe cuál será su futuro, quién es o cuál es su sexualidad, añadía Bourne.

El coreógrafo y director, que ostenta el título de Sir por sus méritos artísticos, declaraba también estos días en Madrid que nunca pudo imaginar que su propuesta alcanzaría el éxito que con el tiempo ha conseguido. Hasta la coreografía final de un film tan popular como Billy Elliot (2000) era un fragmento de este trabajo del británico.

En esta versión del clásico de Chaikovski nada cambia en la partitura, pero lo que sucede en el escenario es bastante diferente. Danza clásica, neoclásica y contemporánea conviven sobre las tablas, donde se despliega un decorado con mucho de cuento y un vestuario opulento creado por Lez Brotherson. La iluminación de Paule Constable se ocupa de acentuar los momentos dramáticos de cada escena.

'El lago de los cisnes' de Bourne se podrá ver en el Real hasta el sábado 22.

'El lago de los cisnes' de Bourne se podrá ver en el Real hasta el sábado 22. / Johan Persson

Desde que se estrenó el 9 de noviembre de 1995 en el Sadler's Wells de Londres, la producción ha sido reconocida con más de treinta galardones, entre los que destacan el premio Olivier a la mejor producción (1996), Time Out de Danza (1996, 1997), premio del Círculo de Críticos de Teatro de Los Ángeles (1997), premio Astaire (1999) y tres premios Tony: mejor director de musical, mejor coreografía y mejor vestuario (1999).

Fundada en 2001 por Matthew Bourne sobre la base de su anterior proyecto Adventures in Motion Pictures, que había nacido en 1987, New Adventures es una revolucionaria compañía de danza-teatro conocida por crear obras que han cambiado la percepción del público sobre lo que es posible cuando se trata de contar historias sin palabras. Antes de este, el grupo ya se había aventurado con una versión muy particular de otro clásico de Chaikovski, El Cascanueces, que triunfó en el Festival de Edimburgo y les abrió las puertas para atreverse con más piezas teóricamente intocables. Buena parte de su éxito se basa en la estrecha colaboración entre el equipo creativo y los bailarines, quienes trabajan con la partitura y la narración a través del movimiento.

Esta versión de El lago de los cisnes se podrá ver en el Teatro Real desde este miércoles 18 de noviembre y hasta el próximo día 22. Un total de cinco funciones para las que todavía quedan entradas disponibles.