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UNA DÉCADA DE LUCHA

Diez años del coro LGTB de Madrid, un refugio para las voces discriminadas por la sociedad: "El colectivo no sólo llora, también celebra"

Luz, Biel y Alex son tres de los integrantes de Voces, el coro LGTBI+ de Madrid, que nació hace una década en la capital y busca ocupar nuevos espacios

El coro LGTB de Madrid cumple 10 años

XAVIER AMADO

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

A Luz (52) le pegaron una paliza por su aspecto físico. Por su expresión de género. Por llevar la cabeza rapada, concretamente. Fue hace cerca de 30 años. Sin embargo, todavía se estremece al recordarlo. “Casi pierdo un ojo. Eran dos niñatos. Me empujaron y me preguntaron si era hombre o mujer. No respondí y vino la agresión. No los conocía de nada, pero sabía que eran del barrio. Lo peor fue llegar a casa y que mi madre me viera así”, recuerda. En el hospital, a la espera de un diagnóstico, fue interrogada por la Policía, quien le preguntó si quería denunciar lo ocurrido: “No sabía ni quiénes eran y ahí se quedó la cosa. Las risas, miradas e insultos han sido continuas toda mi vida. Me han echado muchas veces del baño de mujeres. Cuando era adolescente me lo tomaba fatal, pero ha terminado convirtiéndose en costumbre, por desgracia. Ahora soy una reina y no me callo nada”. El silencio ha dejado de ser una opción para ella y, desde hace una década reivindica su libertad en el Coro Voces LGTB de Madrid, que celebra este mes su décimo aniversario con más de 40 integrantes. 

Nacida en el barrio de Tetuán, estudió en un colegio de monjas donde alguien le preguntó quién le gustaría si fuese un chico. “Contesté un rotundo ‘Cristina’. Aquello fue un poco catártico y sufrí bullying , pero poco a poco se fue obviando. Gracias a mi sinceridad, mi mejor amiga me confesó que también lo era y tuvimos una amistad preciosa”, relata. Siempre se reconoció como lesbiana y nunca fue víctima de la homofobia interiorizada que tanto ha atormentado al colectivo: “Me pareció natural porque con 13 años no sabía lo que estaba pasando”. Pese a los intentos de sus familia por que tuviera una vida convencional y se dedicara a un oficio típicamente femenino, Luz se define hoy como una “bollera jardinera”. “Querían que me casara y tuviera varios hijos, era una generación distinta. Empecé a estudiar peluquería a regañadientes y lo acabé odiando. Más tarde hice un curso de botánica y, desde entonces, he vivido de ello”. La primera vez que se apuntó a un coro fue en aquel colegio donde se descubrió. Allí también se dio cuenta de que cantar le hacía feliz, pese al miedo escénico con el que ha cargado siempre: “Me ayudó a evadirme de la presión social y la soledad”. 

La compañía multicolor actúa en asociaciones y centros culturales de todo el país.

La compañía multicolor actúa en asociaciones y centros culturales de todo el país. / XAVIER AMADO

El Coro de Voces LGTB de Madrid durante uno de sus ensayos.

El Coro de Voces LGTB de Madrid durante uno de sus ensayos. / XAVIER AMADO

Salió del instituto y lo dejó. La madrileña no volvió a entonar hasta que, en noviembre de 2015, audicionó para el primer coro queer de Madrid. “Iba paseando por la calle y vi varios carteles que lo anunciaban, así que me apunté. Fue un impulso. En el metro, de camino a la prueba, casi me doy la vuelta por miedo. Pero finalmente entré. Y en cuestión de unos días nos reunimos los 90 seleccionados”, añade. La casi centena fue disminuyendo con los años y hoy la agrupación es mucho más reducida, aunque no todos llevan ahí desde el principio. Luz sí y, como ella, otros siete integrantes. Alex (45) es uno de ellos. Él también estuvo en esos ensayos multitudinarios en los que todo era nuevo. “De pequeño veía muy lejano ir a Chueca o tener novio. Había mucha discriminación y mi salida del armario fue progresiva. Enfrentarse al mundo era muy complejo y, unos años antes de conocer al coro, me diagnosticaron VIH. Con la desinformación que había entonces pasé años escondido y lleno de inseguridades. Tomé un camino un tanto oscuro a la hora de relacionarme con hombres y en uno de esos encuentros conocí el Coro de Hombres Gays de Madrid”, narra. 

Compañía multicolor

El madrileño y tenor cantó durante dos años en esta agrupación, pionera en España. “Me cansé. Tenías que encajar en un prototipo poco inclusivo”, lamenta. Con el paso del tiempo, algunos compañeros comenzaron a gestar la idea de un nuevo grupo, esta vez más diverso y heterogéneo. “Me uní a ellos. Queríamos escuchar nuevas realidades y así fundamos Voces, el coro LGTB de Madrid”, sostiene. En él, Alex no sólo se liberó del estigma que arrastraba desde hace años, sino que también creó nuevos lazos amistosos: “Nos cuidábamos unos a otros y se habló de la indetectabilidad desde el principio. Mi visión cambió y empecé a hacer menos caso a la enfermedad”. La compañía multicolor actúa en asociaciones y centros culturales de todo el país, siempre con una misma premisa en mente: “Transformar y abrir la mentalidad de, al menos, una persona”. Ensayan en una iglesia evangelista del centro de la ciudad y entre todos contribuyen a la financiación de la coral. Diez años después, sigue acudiendo a cada concierto con la misma ilusión que el primer día. “Este aniversario significa un montón para mi. Echo de menos a personas que se fueron, pero es una celebración de la lucha, de la reivindicación. Es cantar en una misma dirección”, añade. 

'La pasión de Marsha' es el título de uno de los últimos espectáculos que han hecho.

'La pasión de Marsha' es el título de uno de los últimos espectáculos que han hecho. / XAVIER AMADO

El coro ensaya en una iglesia evangelista del centro de Madrid.

El coro ensaya en una iglesia evangelista del centro de Madrid. / XAVIER AMADO

Algunas historias se marchan y otras llegan nuevas, como la de Biel (28), que aterrizó en Voces hace casi tres años. “Estaba en un bar de Lavapiés, vi un grupo de gente cantando cosas con mucha purpurina en la cara y me acerqué. Eran un coro queer. Yo no daba crédito, pero al día siguiente les escribí y no pasó ni una semana y ya estaba dentro. En la audición descubrí que soy soprane. Hice justicia a mi niña interior, a la que siempre obligaron a cantar como contraalte”, expresa. Se define como una persona trans no binaria y llegó a Madrid hace algo más de una década para estudiar Filología Inglesa: “Vine sin saber si me gustaba o no, sólo siguiendo al rebaño. Si bien siempre fui alguien estudiose, la carrera se me dificultó. Tuve una crisis existencial en el segundo año y me costó, pero al final la terminé”. Adora Madrid, las calles y su gente. Sin embargo, cuando se para a pensarlo, no sabe por qué decidió quedarse: “No sabía a donde ir, como tanta otra gente. Todes acabamos aquí, en la ciudad de las oportunidades”. Desde entonces, ha ido descubriendo su propia identidad, que se aleja de la que sus padres trataron de inculcarle.

"Somos referentes"

“Había estado con señores cisheterosexuales porque era lo que tocaba. Vengo de un colegio religioso femenino y nadie me dijo que las compañeras que yo tenía podían llegar a gustarme. A los 21 años me replanteé todo y empecé a usar los pronombres ella/elle. No me sentí trans de un día para otro, sino que fue algo progresivo. No sé explicarlo. Ni tampoco pretendo”, prosigue. La música llegó a su vida cuando tenía ocho años. Sus padres le apuntaron a un coro infantil en el que permaneció hasta la adolescencia: “Eso sí que lo hicieron bien”. Se quedó ahí. Biel, que guarda un buen recuerdo de esa época, equipara el sentimiento de pertenencia al grupo con sentirse trans: “Una vez lo pruebas, quieres más. Voces ha sido una oportunidad para abrirme y dejarme ser. Tengo hipoacusia degenerativa y he perdido audición con los años. Aquí he podido demostrar a quien me rodea que, a pesar de la sordera, puedo hacerlo igual que el resto”. 

El grupo, que comenzó con 90 integrantes, cuenta hoy con una cuarentena de voces.

El grupo, que comenzó con 90 integrantes, cuenta hoy con una cuarentena de voces. / XAVIER AMADO

La pasión de Marsha es el título de uno de los últimos espectáculos que han hecho. “Volvemos a los orígenes. No podemos olvidar que la lucha de hoy fue la lucha de nuestras compañeras trans, racializadas, prostitutas y migrantes. Las de abajo. En nuestras actuaciones criticamos, hacemos sorna y performance. No es sólo cantar, se siente como un musical”, aclara. Desde 2019, todas las presentaciones del coro se hacen en lenguaje neutro como símbolo de reconocimiento a las personas no binarias que forman parte de él. “Somos los referentes que nosotros no tuvimos. Hacemos activismo a través de la música y de nuestras letras, que lanzan un mensaje positivo. El colectivo LGTBIQ+ no sólo llora, también celebra”, añade Luz. Los tres coinciden en que hoy en día es imprescindible que haya espacios donde confluyan todo tipo de historias e identidades. Donde un gay, una lesbiana y una persona trans puedan compartir, coexistir y cocrear. Y eso es Voces.