DE ÓPERA A LA LATINA
Desperate Literature, la librería que sufrió el embate de un fondo buitre y sobrevivió gracias a su comunidad de lectores
Después de padecer las consecuencias de la especulación inmobiliaria, la librería Desperate Literature continúa su labor en el barrio de La Latina, gracias al apoyo de la comunidad de lectores que ayudó a crear

Terry Craven, uno de los propietarios de Desperate Literature, en el nuevo local de su librería. / Alba Vigaray
Durante su beca Erasmus en París, Terry Craven descubrió Shakespeare & Co., la mítica librería fundada en 1919 por Sylvia Beach que, sin saberlo, cambiaría su vida, del mismo modo que cambió la de James Joyce después de que Beach decidiera publicar Ulises. "Fue mi madre la que me dijo que tenía que ir a conocerla y fue allí donde aprendí lo que puede llegar a ser una librería", recuerda Craven, natural de un pueblito de Inglaterra en el que apenas había librerías, que quedó deslumbrado al comprobar la influencia que un comercio de esas características podía tener sobre las personas. "Allí vi que había una comunidad de gente que conversaba sobre libros, que tenía discusiones sobre ellos, que se enamoraba a través de la literatura… Fue en ese momento cuando descubrí que quería algo así en mi vida".
Con ese deseo en mente, Craven comenzó a trabajar en Shakespeare and Co., en la que incluso llegó a hacer uso de la cama que está en la trastienda y que permite que algunos viajeros se alojen unos días en el local y sueñen rodeados de libros. Sin embargo, un día, él y su pareja, Charlotte Delattre, que también trabajaba allí, decidieron viajar a Madrid con la intención de abrir su propio negocio.

En Desperate Literature se pueden encontrar libros en español, inglés y francés. / Alba Vigaray
"Elegimos Madrid por casualidad porque, en ese momento, ni siquiera hablábamos español. Lo único que teníamos claro era que queríamos que fuera una ciudad europea y poder tener libros en, al menos, inglés, francés y español —recuerda Craven—. Entonces, un amigo que estaba trabajando en Petra’s Bookstore nos comentó que el dueño vendía el stock y que podíamos quedarnos con el contrato del local. Al principio, fue un poco duro. El local no estaba bien y no solo trabajábamos en la librería todos los días, sino que vivíamos al fondo de local, con todo lo que supone vivir donde trabajas y, además, con tu pareja. Sin embargo, al poco tiempo de estar aquí, nos dimos cuenta de que Madrid era nuestra ciudad".
Víctimas de la especulación
Después de varios años con la librería abierta, la familia propietaria del edificio de la calle Campomanes 13 lo vendió y, con él, el local de Desperate Literature. Aunque la transacción les fue comunicada a todos los inquilinos, pasados varios meses, comenzaron a suceder cosas extrañas. Por ejemplo, que los recibos del alquiler dejaron de ser pasados al cobro en el banco. A pesar del hermetismo de los propietarios, Terry y Charlotte acabaron descubriendo que el inmueble había sido vendido de nuevo. Esa vez lo había adquirido un fondo de inversión extranjero que no solo no había informado del cambio de titular, sino que dificultaba cualquier intento de comunicación con los inquilinos, preocupados por saber cuál iba a ser el futuro de sus contratos.
"Intentamos ponernos en contacto con ellos pero era imposible, por lo que tuvimos que empezar a mandar burofaxes para saber qué sucedía. Además, queríamos dejar clara nuestra intención de pagar, porque no voy a ser yo quien diga que las negativas a cobrar el alquiler era una forma de tener una excusa para echar a la gente por incumplimiento de contrato, pero se le parecía mucho. Después de dos o tres meses se pusieron en contacto con nosotros, pero nos mentían, cambiaban las versiones, no eran claros sobre los contratos… No se podía confiar en ellos", recuerda Craven que, poco después, recibió una noticia que, no por esperada, resultó menos demoledora: los contratos no se renovarían. En consecuencia, Terry y Charlotte debían tomar una decisión: cerrar definitivamente o buscar una nueva ubicación para la librería.

En las mesas de novedades se pueden encontrar recomendaciones de los libreros. / Alba Vigaray
"Nada más enterarnos, le comunicamos a todo el mundo que nos teníamos que mudar de local y nos pasamos seis meses intentando encontrar algo para alquilar, pero no fue fácil. Además de que los precios eran muy elevados, no era posible encontrar un local que estuviera adaptado a lo que necesitábamos, porque una librería no es solo poner libros en estanterías. Por otra parte, el local debía tener todas las licencias y los agentes inmobiliarios nunca nos informaban de esas cosas porque, o no lo sabían, o no querían contarlo. Por otra parte, siempre quedaba el miedo de que, pasados diez años, los dueños podían vender el local para hacer un Airbnb y, claro, si ya estaba siendo dura la situación ahora que tenemos 40 años, repetirla con 50… Así que nos planteamos comprar".
Construir comunidad
Madrid puede ser a veces una amante difícil y caprichosa. Mientras que Terry y Charlotte recorrieron medio mundo para caer rendidos a sus pies, la ciudad se mostraba esquiva y se arrojaba a los brazos de los fondos de inversión o le hacía ojitos a esos nuevos negocios que, lejos de crear tejido social, lo destruyen. «Enfrente de mi casa había una tienda de instrumentos africanos y ahora han puesto un locker para dejar las maletas. Es un negocio sin vida, que no aporta nada a la comunidad porque está vacío, literalmente. Además, el dinero de esos negocios no se queda aquí, sino que se va fuera", comenta Craven que, para comprar el nuevo local, recurrió a esa comunidad de Madrid —mayúscula en importancia, pero escrita con minúscula— que él y Charlotte habían logrado crear alrededor de Desperate Literature.
"El apoyo de la gente ha sido muy importante. Tanto en lo económico como en lo emocional. Organizamos un crowdfunding y, gracias a las aportaciones, conseguimos 30.000 euros para la reforma. También pedimos préstamos personales y, lo mejor de todo, fue que tuvimos mucha suerte a la hora de encontrar el local. Estuvimos un año buscando y, de repente, el milagro. Fue como si se abriera una puerta delante de nosotros y no tuviéramos más que pasar. Ahora siento que Madrid, que era nuestra ciudad, se ha convertido ya en nuestra casa".
En la actualidad, Desperate Literature ocupa el local situado en el número 8 de la Cava Baja. Aunque la zona es aún más turística que Campomanes —en las inmediaciones de la plaza Mayor—, la intención de Terry y Charlote no es la de hacer una librería para clientes de paso, sino un lugar de encuentro para los vecinos y los aficionados a la literatura.
"Una de las principales diferencias con la antigua librería es que el nuevo espacio es mucho más grande. Por ejemplo, tenemos un sótano que queremos habilitar para organizar talleres, encuentros o eventos. También organizamos un concurso literario internacional y posiblemente repitamos el festival de poesía inglesa que hicimos en 2019. Creo que ese tipo de iniciativas son muy importantes y es una de las razones por las cuales las librerías continúan siendo necesarias", explica Terry que, antes de acabar, imagina cómo le gustaría que evolucionase Desperate Literature en el futuro.
"Acabamos de contratar a dos personas más y eso es muy importante, especialmente por nuestra salud física y mental. Además, como ahora el espacio ya es nuestro y tenemos la seguridad de que va a estar 20 o 30 años, me gustaría trasladar nuestra filosofía de trabajo a una nueva generación de libreros para que, aunque nosotros no estemos, el espíritu de la librería continúe aquí o en otro lugar, como si fuera una institución que vaya más allá de nosotros", comenta Craven, que también plantea otro deseo, tal vez más sencillo pero no menos relevante: "Aunque todo ha salido bien, ha sido un proceso muy complicado. Por eso estaría guay descansar un pelín y enfocarme por fin en ser librero".
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