QUÉ FUE DE...
Paloma Hurtado, la estrella del 'Un, dos, tres' a la que un tiro accidental desfiguró el rostro
La popular ‘tacañona’, hija de la gran dama del teatro Mary Carrillo y hermana de Teresa y Fernanda, lleva décadas retirada del mundo artístico

Paloma Hurtado, en el centro, junto a sus hermanas en el programa 'Un, dos, tres'. / RTVE
A finales de 1993, la actriz Paloma Hurtado atravesaba un momento estupendo. A nivel profesional triunfaba junto a sus hermanas, las gemelas Teresa y Fernanda, en el popular concurso Un, dos, tres, creado por Chicho Ibáñez Serrador y que en su buena época llegó a congregar frente a la televisión a veinte millones de espectadores. En lo personal, andaba enamorada de Víctor Casas, un industrial valenciano al que conoció en una peletería y con quien llevaba casada desde 1989. Antes de esto estuvo unida varios años al actor Carlos Villafranca, padre de sus hijos Carlos e Iván. “El mío fue el primer divorcio de la época de Fernández Ordóñez [ministro de UCD que impulsó la Ley del Divorcio aprobada en el 81]”, comentó una vez nuestra protagonista.
Y entonces se produjo un episodio que no solo vino a perturbar el orden que Paloma había encontrado, sino que también la dejaría traumatizada. Sucedió en la noche del 28 de octubre de aquel año 93, mientras paseaba por la calle madrileña de Los Madrazo con su marido y su yorkshire Chico. A un agente de policía se le resbaló la escopeta mientras estaba vigilando la puerta de la Brigada Provincial de Documentación de Madrid. Al tratar de sujetar el arma, el hombre apretó involuntariamente el gatillo y, como resulta que el seguro no estaba puesto, el cartucho de postas se disparó. Desafortunadamente, Paloma recibió un impacto en la mejilla derecha y otro proyectil mató a su perrito, al que en ese momento sostenía en brazos.

Las hermanas Hurtado recuerdan a Chicho Ibánez Serrador. / RTVE
“La interposición de Chico le salvó la vida a la cómica, que ayudada por la propia policía fue ingresada en el hospital Gregorio Marañón”, publicó la prensa. “Allí recibió las primeras curas. Posteriormente, fue trasladada a la clínica privada La Paloma, donde se le extrajo un trozo de plomo no mayor que un guisante, pero que al aplastarse contra el rostro adquirió un tamaño similar al de una uña. Esta posta, que se había introducido por el pómulo derecho, recorrió la cara y se fue a alojar junto a la fosa nasal izquierda. Desgarró todos los tejidos que encontró a su paso”. Al final, el Estado tuvo que indemnizar con 40 millones de pesetas a la actriz por las secuelas físicas y psíquicas que le dejó aquel tiro.
Por lo que respecta a las primeras, se dijo que le quedaron una cicatriz en la mejilla derecha, que afectaba al ojo y dificultaba el cierre de su párpado, y una ligera parálisis en la parte derecha del labio. En cuanto a las psíquicas, la pérdida de Chico provocó fuertes ataques nerviosos a la actriz, a quien tuvieron que atender un par de psiquiatras pagados por el Ministerio del Interior, y una fuerte depresión se apoderó de ella durante los años siguientes. "Encerrada en mi casa, me he vuelto huraña, regañona, maleducada”, comentaba ella entonces. “Me quejo de todo, nadie puede conmigo. Se ha roto la armonía familiar. Ni siquiera puedo besar a mi marido porque me duele. ¿Es eso justo? Nadie que sale a pasear se puede esperar que el disparo de un policía le vaya a destrozar la cara. Eso, a diferencia de los accidentes laborales o de coche, no hay forma de saberlo de antemano".
Infancia infeliz
Nacida en Madrid en 1946, Paloma es hija de Mary Carrillo, considerada una de las mejores actrices de la escena española del siglo XX, a la que el gran público recordará probablemente por películas como El pisito, de Marco Ferrari; La colmena, de Mario Camus; o Entre tinieblas, de Pedro Almodóvar. En sus libros de memorias, Carrillo habló sin tapujos de una infancia infeliz marcada por el ingreso en prisión de su padre por un asunto económico y la complicada relación con su madre, una mujer narcisista y codiciosa que pasó a ignorarla en el momento en que nació su hermano.
Carrillo debutó en 1936 en la compañía de Hortensia Gelabert y al comienzo de la Guerra Civil española se trasladó a México, donde se casó con Diego Hurtado, también actor y colaborador del dramaturgo Jacinto Benavente. “El día que salí de Barcelona para irme en un barco a América fue mi liberación. Desde ese día era otra persona distinta. Por fin corté totalmente el cordón umbilical. Recuerdo que salté de alegría cuando un grupo de actores me propuso hacer ese viaje. Fui a ver a mi madre para pedirle permiso, la convencí asegurándole que así encontraría a mi adorado padre (en paradero desconocido por aquel entonces); era una medio mentira pero tenía que conseguirlo. Cuando me dijo ‘márchate’ no me lo creía. Era mi libertad.

Paloma Hurtado, junto al equipo de 'Un, dos, tres'. / RTVE
Diego y ella tuvieron cuatro hijas: Alicia (que murió de cáncer en 1998), Paloma y las gemelas Fernanda y Teresa. Las tres últimas decidieron seguir los pasos artísticos de mamá. No en vano, ya de niñas se subían al escenario y, desde los años sesenta, Paloma se ganó la vida participando en obras de teatro, ejerciendo de vedette y apareciendo en algunas comedias y en programas como Estudio 1. En 1979 decidió formar junto a Teresa y Fernanda el trío humorístico Las Hermanas Hurtado, que saltó al estrellato después de que Ibáñez Serrador las fichara en el 82 para interpretar a Las Súper Tacañonas en Un, dos, tres. Paloma encarnaba aquí el papel de 'la viuda de Poco', una señora algo siniestra, siempre vestida de negro y preocupada por evitar que se derrochara el presupuesto del concurso. En aquellos años, las Hurtado hicieron muchas galas y estuvieron actuando en distintos rincones de Andalucía con su propia compañía, compuesta por las propias actrices, el humorista Arévalo, tres vedettes y un ballet.
Ya a comienzos de los 90 actuaron junto a su madre en la obra Sorpresas, una comedia musical con la que recorrieron España durante más de un año, y presentaron un consultorio humorístico en Directamente Encarna, el programa de COPE que convirtió a Encarna Sánchez en la reina de las ondas. “Fue más la fama que el dinero: nos pagaban como a un cantante, pero nosotras éramos tres a repartir”, contaron. “Estábamos contentas: teníamos el '’Un, dos, tres'’ y las galas, ¿qué más podíamos pedir? También es verdad que no nos propusieron otras cosas, así que no nos perdimos nada”.
Vis cómica
Cuando sucedió lo del disparo dichoso, que fue lo que al parecer rompió el trío, Paloma seguía trabajando en Un, dos, tres, donde se mantuvo hasta 1994. De hecho, Ibáñez Serrador fue uno de esos colegas que la alentó a volver al trabajo cuanto antes para luchar contra su maltrecho estado anímico. “Chicho me llamaba puntualmente cada semana para saber cómo me encontraba y me decía que debía pensar en reincorporarme al programa, pero yo le daba constantemente largas porque tenía miedo de volver a ponerme delante de las cámaras”, confesó la actriz. “[Algo después] Me dijo que estaba harto de ñoñerías y que si no me presentaba en el estudio para la siguiente grabación, me borraba de la nómina del programa”.
Tras su paso por Un, dos, tres, Paloma derrochó vis cómica en series como Compuesta y sin novio (1994), de Lina Morgan, ¿Quién da la vez? (1995), En plena forma (1997) o Manos a la obra (1998-2001), que fue su último proyecto de ficción, y apareció junto a sus hermanas en el programa Buenas tardes, corazón, que Consuelo Berlanga dirigía y presentaba. Esto último lo hacía en calidad de corresponsal en Orlando, desde donde mantenía al público al corriente de las noticias y los personajes de aquellos lares. Y es que entonces andaba saliendo con Patrick Wolf, un estadounidense de origen chileno al que conoció por internet en la época en que estuvo deprimida por todo lo mencionado unas líneas más arriba. La pareja se casó en Miami en enero de 2001 y Paloma pasó a dedicarse en exclusiva a disfrutar de la vida junto a su marido, con el que hoy habita un chalet en la ciudad más hispana de Estados Unidos.

Portada del 'single' que editaron Las Hurtado. / ARCHIVO
Distinta ha sido la evolución de sus hermanas Teresa y Fernanda, quienes, ya para empezar, nunca se casaron ni tuvieron hijos y han seguido viviendo en Madrid. Ellas siguieron trabajando en el mundo artístico de forma ocasional, aunque se retiraron voluntariamente para cuidar de sus padres, ambos víctimas del alzheimer. Diego murió en 2008, a los 93 años de edad, y Mary hizo lo propio al año siguiente, casi tres lustros después de retirarse de la escena con el monólogo de José Luis Alonso de Santos, Hora de visita. "Desde que murió mi padre, [mi madre] estaba muy mal. Fernanda y yo vivíamos con ella y, aunque no recordaba apenas nada, sabíamos que sentía el cariño que la rodeaba", comentó entonces su hija Teresa.
Quedarse huérfanas fue especialmente duro para las gemelas, que para colmo tuvieron que aguantar que unas ex empleadas se pasearan por los platós para contar, a cambio, de un plato de lentejas, que las Hurtado no trataron bien a sus progenitores. “Hay demonios que se cuelan en tu casa para apuñalarte cuando salen. Buscaban dinero y publicidad. Nos maltrataron y calumniaron sin pruebas, mintiendo; nos hemos sentido apuñaladas por las ex empleadas y por la televisión”, dijeron al respecto las gemelas, a quienes en los últimos tiempos hemos visto creando originales litografías, compartiendo recetas con sus seguidores en Instagram o colaborando en el programa televisivo Y ahora, Sonsoles.
Fue precisamente en este espacio de Antena 3 donde el pasado otoño, tras décadas sin conceder una entrevista, Paloma entró en directo por videollamada, aprovechando que sus queridas hermanas se encontraban ese día en plató, para comentar la angustia que sintió por el paso del huracán Milton por el Estado de Florida, donde casi tres millones de personas se quedaron sin luz y hubo unos cuantos fallecidos. “Como todas estas casas del Gobierno, en la mía hay una habitación totalmente blindada. El huracán se podría llevar la casa, pero esa habitación se quedaría, ahí quieta, sin moverse. Es un sitio en el que una puede cobijarse si viene un huracán fuerte, como ha venido muchas veces”, explicó la actriz, que apareció frente a la cámara bien emperifollada y luciendo un aspecto estupendo a sus 79 años.