NÓMADA DIGITAL
Fue periodista en Madrid y hoy prueba hoteles de lujo en Bali sin pagar: "Puedes reservar una isla por 50.000 euros la noche"
Tratando de dejar atrás un trastorno alimenticio, Osiris Martínez tomó hace diez años la decisión de irse a vivir a la otra punta del mundo

Osiris Martínez tomó la decisión de irse a vivir a la otra punta del mundo. / CEDIDA

Una ciudadana del mundo. Nació en París, aunque en el seno de una familia con raíces asturianas: “En casa siempre se habló bable”, dice. Estudió cine y, a los 21 años, recién graduada, abandonó su Francia natal para vivir en Asturias, donde apenas pasó cinco meses: “Enseguida me fui a Madrid. Seguí estudiando, esta vez marketing y comunicación. Fui becaria en la revista Glamour y, poco a poco, conseguí trabajar en Cuore y Grazia como freelance durante más de 10 años. Hasta que peté”. Un trastorno de la conducta alimentaria cambió la vida de Osiris Martínez en 2016, cuando tocó fondo. “Tenía una vida de ensueño, yendo a los mejores desfiles y trabajando un montón, pero no era feliz. Llegué a pesar 39 kilos y supe que tenía que salir de ese bucle, aunque fuera durante un par de semanas”, asegura. Como si de una aparición se tratase, Bali se dibujó en su cabeza de forma orgánica y, sin haber viajado nunca en solitario, la parisina tomó un avión a la otra punta del mundo: “Me fui sin pensarlo. Ese viaje me cambió. No porque la isla fuera mágica, sino por verme sola en un lugar tan distinto al que estaba acostumbrada. Su gente, su cultura… la vida en general me atrapó”.
Como ella, otros europeos habían tomado la decisión de explorar la isla por su cuenta mientras trabajaban en remoto: “Aún no existía el concepto de nómada digital, pero les vi trabajando allí y me replanteé lo que era el éxito. Me abrió mucho la mente y empecé mi nomadismo”. Martínez pasó dos años yendo y viniendo, de Madrid a Indonesia y vuelta. “El miedo siempre estuvo, pero tiré para adelante porque me daba más miedo quedarme como estaba que avanzar. Lo peor que me podía pasar era volver a casa y tenía tanta felicidad en Asia que decidí mudarme. En España ya no pintaba nada”, añade. Sus padres, dice, siguen sufriendo cada vez que deja Asturias para volver al azul de Bali, aunque nunca como cuando quedó atrapada a 14.000 km en medio de una pandemia mundial: “Vivir aquí el covid fue un paraíso. No nos encerraron y teníamos una isla para cuatro gatos. Aun así fue duro, ya que estuve tres años sin ver a mi familia y el choque al volver fue muy heavy. Les echo de menos. Y los conciertos de Estopa también, que soy muy fan”. Su amor por Madrid no ha cambiado. Osiris recuerda con nostalgia los paseos por el Retiro, especialmente en verano, cuando la capital se vacía: “Es muy acogedora. Una mezcla entre pueblo y ciudad”.

Fue periodista en Madrid y hoy prueba hoteles de lujo en Bali sin pagar. / CEDIDA

En los últimos cinco años, Osiris ha probado más de 500 hoteles de lujo. / CEDIDA
Si bien hace una década que cambió la Gran Vía por los arrozales, en estos años no ha parado de viajar por el sudeste asiático. “Es raro la vez que me quedo más de dos meses en Bali. He recorrido prácticamente todo Asia y en unos días me mudo a Tailandia. Cierro una etapa. Me ha pasado lo mismo que entonces. Estaba acomodada y eso no me gusta. Necesito un chute de emociones y Bali ya no es lo que conocí. Se la han cargado”, lamenta. A sus ojos, la isla se ha gentrificado de tal forma que la vida allí es insostenible. “Inversores rusos han comprado terrenos y la burbuja inmobiliaria parece no tener límite en una isla que es incapaz de aguantarlo por falta de infraestructura. El precio de la vivienda se ha triplicado desde que llegué. Y la contaminación es horrible. No hay sistema de basuras y huele todo a quemado porque incineran todos los residuos. Bali no es el paraíso que venden los influencers. Quienes hemos visto el antes y el después estamos desencantados”, suma. Con la mente puesta en el hoy, Osiris desconoce si en cinco o 10 años habrá regresado a España y estará viviendo una vida convencional: “No sé ni dónde voy a dormir dentro de una semana”.
500 hoteles
Ni una ni dos. La parisina tiene tantas facetas laborales como pasiones en esta vida. Por un lado, crea contenido para Instagram sobre experiencias y viajes de lujo: “Hago contenido para hoteles exclusivos. A veces los contacto yo y otras ellos a mí. En estos años he ido haciendo contactos y a día de hoy son como cualquier otra marca. Hay quien promociona cosmética y yo alojamientos. Poco a poco me fui metiendo en este mundo y en los últimos cinco años habré probado más de 500”. Aunque la mayoría se encuentran en el sudeste asiático, Martínez ha probado habitaciones, spas y menús alrededor de todo el mundo. También en su Madrid, donde tiene claro a cuáles volvería: “El Four Seasons, el Rosewood Villa Magna y el Mandarin Oriental Ritz son incomparables, aunque antes que con la comodidad, me quedo con la experiencia humana y la personalización del servicio. Acabo de venir del Four Seasons de Maldivas, que se llama Landa Giraavaru, y ha sido uno de los mejores de mi vida. También Bawah Reserve, aquí en Indonesia. Son seis islas privadas en medio del mar de la China Meridional, en un parque nacional protegido en el que tienes la sensación de tener el mundo para ti”. En este último, donde el precio de una reserva puede superar los 18.000 dólares por cada noche, la periodista ha estado en contacto con la fauna marina.

Osiris Martínez se mudó a Bali hace ocho años para sanar su relación con la comida. / CEDIDA

Además de probar hoteles de lujo, Osiris organiza itinerarios boutique para sus propios clientes desde hace un año. / CEDIDA
“Está tan mal cuidada aquí… Sólo en este tipo de sitios puedes nadar con tortugas. El mar está muerto en esta zona y nadie habla de eso. Alrededor de Bali no se puede ni bucear. En temporada de lluvias la playa se llena de plásticos que devuelve la marea. Al lado de mi casa, la gente quema su propia basura y yo, que salgo en bici a dar un paseo, tengo que ponerme mascarilla porque la calidad del aire es malísima”, critica. Esta es, entre otras, una de las razones por las que cambia la isla por Bangkok. Las palabras de Osiris, un rara avis en el mundo de las redes sociales, promueven un turismo responsable y respetuoso con el medio: “A la gente le encanta vender que su vida aquí es idílica, no sé muy bien para qué, porque no le hacen ningún favor a nadie. Todo tiene una cara B que sostener. Vivir aquí tiene contras, nunca dejarás de ser un blanco, un billete con patas. Yo hablo indonés y amo este país, pero también hay costumbres que chocan con las mías. Aquí sin moto no eres nada y, como extranjero, sólo es fácil encontrar trabajo si ofreces algo que los locales no pueden”.
50.000 euros la noche
Además de probar hoteles de lujo, Osiris organiza itinerarios boutique para sus propios clientes desde hace un año. “El target es alto. Buscan algo exclusivo y personalizado. Es lo que me gusta diseñar por mi experiencia en tantos hoteles de alto standing. No paro de moverme y tengo esa capacidad de darles lo que necesitan en función de lo que me pidan. Suelen ser parejas que quieren una cosa muy mimada, a medida, a los que no les importa gastarse entre 2.000 y 4.000 euros por noche durante más de una semana. He llegado a ver habitaciones de 50.000 euros la noche. Incluso se puede reservar una isla privada entera por ese mismo precio. Es otro mundo”, sostiene. Su desempeño profesional en la otra punta del mundo no acaba aquí. Martínez es también técnico en nutrición y ayuda a otras personas a sanar sus problemas con la comida: “Es mi otra faceta. En este tiempo no solo salí de mi trastorno alimenticio sino que me certifiqué en Oxford y, desde entonces, no he parado de pasar consulta. Haberlo vivido yo misma me viene bien, pues hay un punto de conexión que derriba muchas barreras entre el paciente y yo”.

Martínez es también técnico en nutrición y ayuda a otras personas a sanar sus problemas con la comida. / CEDIDA

Osiris desconoce si en cinco o 10 años habrá regresado a España y estará viviendo una vida convencional. / CEDIDA
“Dinamitar la anorexia y la bulimia que tuve me abrió una primera puerta a la vida, pero la ayuda profesional es indispensable. Somos ratones dentro de nuestros propios laberintos. Sanar es duro, pero no imposible. Sin embargo, quedarte con un TCA de por vida es horrible, siempre empeora”, cree. Aquel avión improvisado que tomó hace diez años cambió su manera de ver las cosas y, de no haberlo hecho, la influencer desconoce si a día de hoy estaría donde está: “No sé si hubiera sido capaz de salir del lugar mental en el que estaba. Romper mi zona de confort me salvó y me enseñó que podemos tener muchas vidas y que no pasa nada por equivocarse. No cambiaría nada, ni siquiera el trastorno”. Con las olas de fondo y el atardecer frente a ella, Osiris hace la maleta de nuevo. Esta vez a Tailandia, pues Bali no es la misma. Pero ella tampoco.