10 años de los atentados de París
Cristina Garrido, la madre del madrileño muerto en Bataclan: "Recordar es la única manera de que no vuelva a suceder"
Juan Alberto González fue uno de los 90 muertos en la sala de conciertos durante el ataque de Estado Islámico que cambió la historia de Francia para siempre

Cristina Garrido, madre de Juan Alberto González, en una de sus visitas a París para rendir homenaje a su hijo muerto en el atentado de Bataclan. / LETICIA FUENTES

Con tan sólo seis años, sus padres lo llevaron a París por primera vez. Aquel viaje familiar marcó profundamente a Juan Alberto González y fue determinante a la hora de diseñar su futuro. "Vivir en París era el proyecto que se había propuesto. Era su máxima ilusión y tenía un futuro prometedor", explica a EL PERIÓDICO su madre, Cristina Garrido.
Al terminar la carrera de ingeniería industrial, el joven madrileño consiguió un contrato en Électricité de France. A los 27 años cumplía su sueño: vivir en la ciudad del amor. Todo iba sobre ruedas; estaba en su mejor momento –en su prime, como dirían hoy los jóvenes de su edad–. Le encantaba su trabajo, se acababa de casar y ya había hecho amigos con los que salir a tomar cervezas.
El 13 de noviembre de 2015 decidió ir con su mujer y un amigo al concierto de Eagles of Death Metal, en la mítica sala parisina Bataclan. No quería perderse a uno de sus grupos preferidos, así que se colocó en el foso, cerca del escenario. Cuarenta minutos después de que empezasen a sonar las primeras notas de rock, en un espacio abarrotado con 1.500 personas y casi a oscuras, comenzaron los disparos. La gente empezó a correr, sin saber muy bien a dónde ir. Juan Alberto perdió a los suyos intentando escapar y en la huida, uno de los tres asaltantes le pegó un tiro matándolo casi al instante. "Los médicos me dijeron que con el disparo de un kaláshnikov AK-47 falleces casi al momento", asegura Cristina.
Preguntas sin respuesta
Aquel viernes 13, a las 21.40 horas, un comando de yihadistas de Estado Islámico acabaron con la vida y los sueños de Juan Alberto y otras 89 personas. Al único español muerto en aquella sala no se le practicó autopsia, de modo que su familia solo sabe que recibió un disparo por la espalda. No fue hasta el juicio de 2021 cuando su madre, durante el visionado de vídeos y fotografías, pudo reconocerle. "Me dijeron que fue una muerte rápida. Me lo tengo que creer para evitar pensar si sufrió o cuánto tardó en morir desde que le dispararon. Son preguntas que solo me puede contestar Juan Alberto, pero ya no está".
Preguntas que, 10 años después, siguen atormentando a Cristina. Especialmente, la duda de si sus incesantes llamadas de teléfono aquella noche para saber si su hijo se encontraba a salvo pudieron influir en su muerte. Se sabe que, durante el ataque, los móviles no dejaron de recibir llamadas de amigos y familiares desesperados. Los terroristas se acercaban ahí donde sonaban y remataban a las víctimas. "Yo no sabía que mi hijo estaba en la sala Bataclan. Le llamé para ver si estaba en otro sitio. Le llamé muchísimas veces. El teléfono daba señal pero no me contestaba. Lo que me consuela pensar es que Alberto nunca tenía el móvil con sonido".
Aquella noche también murió una parte de la madre de Juan Alberto, quien 10 años después sigue enviándole cada día un Whatsapp a su hijo. "Se me hace muy difícil salir de casa. No voy a restaurantes, no puedo. La última vez que fui a un teatro fue con él. Solo quiero estar en casa y con las cenizas de mi hijo. Le hablo cada día y eso es lo que me consuela. También mi hija, que es mi sombra y mi motor, y me da la fuerza para seguir", cuenta mientras se le quiebra la voz.
Cada 13 de noviembre, Cristina viaja a París solo para dejar flores en el lugar donde murió su hijo. "Pasear por los lugares donde lo hacía con Alberto me duele mucho. No soy capaz ni siquiera de sentarme a tomar una cerveza en una terraza parisina como hacía cuando venía a visitarle".
Durante el juicio, en el que declaró como víctima colateral, esta madre tuvo que enfrentarse a uno de los yihadistas, Salah Abdeslam. "Estaba a mi derecha, en un box. Lo miré a los ojos. Los terroristas no se arrepintieron de nada. De hecho durante el juicio, Abdeslam dejó claro que él era del Estado Islámico. (...) No logro entender el sentido de este atentado. Porque al final no han conseguido nada, solamente destrozar a las familias y asesinar a personas que valían una eternidad", insiste.
Símbolo de resistencia
Cristina no quiso visitar la sala Bataclan hasta días antes de la sentencia. Faltaban unos minutos para que empezara un concierto. Se acercó a los porteros y les pidió entrar. Todo estaba igual que cuando sucedió la tragedia; la misma disposición y la misma pintura roja en paredes y las cortinas. Las mismas sillas en el palco, donde un grupo de rehenes se refugió durante dos horas y 40 minutos. Los dueños no han querido cambiar nada como símbolo de resistencia.
En el foso, imaginó cómo fueron los últimos minutos de vida de su hijo, y le prometió que en su honor conseguirían la pena máxima para sus asesinos. Y así fue: Salah Abdeslam fue condenado a cadena perpetua. "Para mí, la justicia es que tiene la máxima condena y no va a salir en libertad y espero que cuando termine el plazo, en 30 años, siga ahí y muera en prisión".
Durante estos años, al dolor de la pérdida se suma la decepción con el Gobierno español, del que dice, jamás ha recibido una llamada. "Ni el Ministerio del Interior, ni Gobierno central de España, me han llamado en 10 años. Durante el juicio, que saben que somos personas que van a un proceso en otra lengua, jamás nos han dicho si necesitábamos algún tipo de ayuda. Jamás se han planteado si tenemos recursos para viajar a París". Sin embargo, solo tiene palabras de gratitud al hablar del Gobierno francés, que le brindó apoyo jurídico, traductores y asistencia psicológica, y cubre cada año los gastos de los viajes a la capital para visitar la placa conmemorativa en honor a su hijo.
Cada aniversario se ha convertido en un viaje inevitable hacia aquel día. Nadie olvida qué estaba haciendo cuando se produjeron los atentados del 13 de noviembre de 2015. Para la madre del único español que murió en Bataclan, "recordar" aquel día no es solo no olvidar; es proteger el presente y el futuro, porque dice, que "es la única manera de que estos actos no vuelvan a suceder".
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