Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

GUERRA CIVIL

Rafael Covaleda, el cura miliciano de Valdemorillo que luchó por la República: "Por justicia y por cristianismo"

El joven párroco se unió a las filas gubernamentales para defender Madrid desde la Sierra de Guadarrama

Rafael Covaleda, párroco de Valdemorillo durante la Guerra Civil.

Rafael Covaleda, párroco de Valdemorillo durante la Guerra Civil. / Revista Estampa

Madrid

El domingo 19 de julio de 1936, un día después de que el Golpe de Estado iniciado en el Protectorado de Marruecos se extendiese al resto del territorio nacional, el general Emilio Mola -- considerado la 'mente pensante' de la operación de sublevación militar -- inició la operación que tenía como fin avanzar mediante una columna hacia Madrid desde la meseta, a través de la Sierra de Guadarrama. Los militares golpistas se encontraron allí con tropas milicianas autoorganizadas, que pronto fueron reforzadas con efectivos y municiones procedentes de la capital.

La República logró frenar la ofensiva, originándose a partir de entonces el Frente de la Sierra, zona de combate que permaneció activa hasta, prácticamente, el final de la Guerra Civil. Localidades como Navalagamella, Fresnedillas o Valdemorillo fueron protagonistas en una afrenta de trincheras que no cesó hasta la caída de Madrid.

Con la llegada del bando nacional, los pueblos de la sierra se convirtieron en un auténtico polvorín. El flujo de camiones con munición, artillería y soldados fue una constante, convirtiendo a estas pequeñas poblaciones, que hasta entonces pasaban desapercibidas, en portada de los principales medios de comunicación del país, encargados de informar a la ciudadanía sobre las novedades en los distintos frentes del conflicto armado.

Portada del diario El Sol, de diciembre de 1936, con actualización en el subtítulo acerca de la situación en Guadarrama.

Portada del diario El Sol, de diciembre de 1936, con actualización en el subtítulo acerca de la situación en Guadarrama. / BNE

Al igual que en el resto de España, cada ciudadano tuvo que posicionarse junto a un bando u otro. Muchos escogieron por una cuestión de supervivencia, otros por convicción e ideales. En cualquier caso, la elección que tomó un joven de uno de estos pueblos cercanos a El Escorial estuvo en boca de media España debido a la ocupación que este tenía en la localidad en cuestión: hablamos de Rafael Covaleda, cura de 23 años de Valdemorillo que, tras el Golpe de Estado perpetrado por Mola, Queipo de Llano, Sanjurjo, Cabanellas, Franco y compañía; decidió alinearse junto a las milicias en pos de la causa republicana.

"Lucharé por vuestra causa si no he de abjurar de mi fe"

El 22 de diciembre de 1936, El Liberal publicó el caso de un cura "auténtico, no de esos amilitarados" que había decidido unirse a las milicias a su llegada al pueblo. "Yo, como buen cristiano, siempre estuve del lado de los humildes. Lucharé por vuestra causa si no he de abjurar de mi fe", prometió al comandante republicano responsable, Liberino González, antes de blandir por primera vez el fusil. Este medio también subrayó que el resto de milicianos guardaban gran cariño por el cura, en consecuencia del "compañerismo y valentía" de un religioso que no estaba de acuerdo con "las injerencias políticas de la Iglesia de Roma" y que luchaba junto a la República, siempre en primera línea, por su "deber como cristiano".

El párroco, pese a encontrarse relativamente cerca de la zona nacional -- territorio, a priori, mucho más seguro para un siervo de Dios -- decidió permanecer en el pueblo junto a los vecinos tras el golpe, pese a ser consciente de que los milicianos no tardarían en llegar. Una semana antes, La Voz había publicado una entrevista a Covaleda donde el cura reafirmaba su fe católica, a pesar de abrazar ciertos ideales republicanos. "Mi idea de Dios y mi convicción religiosa son insobornables, pero en el fondo; en la forma discrepo en absoluto de todo lo que ha venido significando absorción e intromisión política, y en lo que se ha basado el descrédito del sacerdocio en España", explicó entonces al periodista Clemente Cimorra.

Iglesia de Valdemorillo, antaño gestionada por Rafael Covaleda.

Iglesia de Valdemorillo, antaño gestionada por Rafael Covaleda. / EPE

Lo hizo "para salvar su vida"

Durante su etapa como miliciano, Covaleda defendió la idea de que no todos los estamentos de la Iglesia Católica apoyaban la causa nacional. En lo que respecta al clero, subrayó que había muchos curas jóvenes, como en su caso, que rechazaban el golpe militar y el fascismo que, entonces, se expandía a lo largo y ancho de Europa.

Tras el fin de la guerra y la victoria de las tropas de Franco, Covaleda desmintió todo, arguyendo que había luchado en las filas gubernamentales y había dado esas entrevistas propagandísticas con el único fin de salvar la vida. Sin embargo, los más mayores de Valdemorillo siguen pensando que, cuando realmente mintió para sobrevivir, fue precisamente tras la victoria nacional.

"Mi padre siempre me dijo que era el cura más rojo que había conocido en su vida. Él estaba seguro de que el párroco había elegido luchar con la República porque pensaba que era lo justo. De hecho, se arriesgó al hacerlo, porque sabía que los milicianos venían para el pueblo y perfectamente le podían haber pegado un tiro nada más verlo con la sotana", nos cuenta Luis, de 83 años, que pese a haber abandonado Valdemorillo hace ya unas cuantas décadas, pasó su infancia en este rincón que reposa a los pies del monte Abantos.

Rafael murió en 1950, en una España gobernada por el bando contra el que luchó, y con el que nunca sabremos con certeza si realmente comulgaba, o no.