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QUÉ FUE DE

La princesa Irene de Grecia, la espontánea y discreta hermana menor de doña Sofía

Nacida hace 83 años en Sudáfrica, donde la familia real griega estaba exiliada en ese momento, la tía más peculiar del rey Felipe VI reside desde hace décadas en Zarzuela

La reina emérita Sofí­a de España, en el centro, con su hija la infanta Cristina (dcha.) y su hermana la princesa Irene, llegan a la boda de Nikolaos De Grece en Atenas el pasado mes de febrero de 2025.

La reina emérita Sofí­a de España, en el centro, con su hija la infanta Cristina (dcha.) y su hermana la princesa Irene, llegan a la boda de Nikolaos De Grece en Atenas el pasado mes de febrero de 2025. / CHARIS AKRIVIADIS - EFE

Madrid

Este pasado día 2 de noviembre, la reina Sofía soplaba 87 velas. Como viene sucediendo en los últimos tiempos, celebró su cumpleaños en su residencia en el palacio de la Zarzuela, rodeada por sus seres queridos. Según publicaba hace unos meses en Lecturas la periodista Pilar Eyre, especialista en la Casa Real, aunque en público el rostro de la emérita "siga tan impávido como siempre, las penas íntimas y las tormentas que agitan su alma de 87 años no la dejan vivir en paz. No solo le duele el pasado de su marido, aireado incesantemente por los medios de comunicación, sino su presente, ¿qué hace en Abu Dabi?, ¿con quién está?, ¿con la de siempre o con alguna nueva? Intentando ayudarla a pasar este trago, los tres hijos, Elena, Cristina y Felipe, se han confabulado para no hablar nunca del padre delante de su madre. Pero doña Sofía, que está tremendamente aislada, intenta atisbar, sin preguntar directamente, algún retazo de información, por pequeña que sea, sobre su todavía marido", con el que no vive desde 2020, cuando aquel se mudó a Abu Dabi para evitar que los escándalos relacionados con sus conductas irregulares dañasen a la Corona.

Durante varias décadas, doña Sofía buscó maneras de evadirse de su aburrida vida cotidiana. A veces viajaba a París y a Londres para encontrarse con su hermano Constantino—el último rey de los griegos, fallecido en enero de 2023— y con su prima Tatiana Radziwiłł, que está considerada su mejor amiga, ya que era una de las asiduas a los veranos en Mallorca. Aunque es probable que su mayor apoyo haya sido y sea su hermana pequeña, la princesa Irene de Grecia, cuya trayectoria vital merece capítulo aparte. Esta nació en 1942 en Sudáfrica, donde entonces estaban exiliados sus padres, los reyes de Grecia Pablo y Federica. Según Eyre, la familia era tan pobre que llegó a comer hasta la hierba de los caminos. "No podían alimentar al bebé recién nacido y le tenían que dar una lata de carne a cucharaditas. Durante cinco años vivieron en veintidós casas de varios países porque nadie quería a los reyes de esa Grecia que circulaba por las carreteras secundarias de la historia. Su dura infancia unió a las hermanas para toda la vida, y Sofía siempre ha intentado proteger a su hermana pequeña, en la que se ha cebado la mala suerte".

Cuentan que, de jovencita, Irene se enamoró de su primo Mauricio de Hesse, que la abandonó por otra. Luego protagonizó algunos romances discretos, pero ninguno terminó de cuajar. Dicen por ejemplo que Jesús Aguirre, tiempo después duque de Alba, la pretendió con cartas e invitaciones a conciertos, hasta que don Juan Carlos lo espantó. Y también que estuvo saliendo con el embajador Guido Brunner. Ella, sin embargo, ha mantenido sus labios sellados, y ni siquiera dio detalles del tema amoroso durante sus entrevistas con la periodista Eva Celada, autora de la biografía Irene de Grecia, la princesa rebelde (2007). "He estado enamorada, naturalmente, pero no quiero contar ninguna historia de amor que he vivido por discreción", dijo. "Hay gente que tiene la suerte de casarse y otros que tienen la suerte de no casarse. Las dos situaciones tienen ventajas y desventajas. Yo considero la soltería como mi suerte y mi destino. De joven, en algún momento me sentí sola y me hubiera gustado tener un compañero e hijos, eso no voy a negarlo".

Irene de Grecia en su juventud.

Irene de Grecia en su juventud. / Archivo

Tras residir en Roma, Irene pasaría una década viviendo en la población india de Madrás, junto a su madre. Allí se acercó al budismo, se acostumbró a vestir sari y recibió varias visitas de una doña Sofía necesitada de mutuo entendimiento. No obstante, esta, desde el principio de su matrimonio, aguantó infidelidades de su esposo, y en una ocasión llegó a huir a la India con sus hijos, dispuesta a mandarlo a paseo. Se ve que no lo hizo porque, después de que su madre le diera un consejo ("No lo abandones nunca, no dejes de ser reina. ¿Quieres ser como yo, una reina sin reino, una paria que tiene que vivir de la caridad de los demás, y que ha tenido que venir a la India porque nadie me aguanta?"), llegó a la conclusión de que lo más sensato era anteponer su condición de reina a sus sentimientos y felicidad. A fin de cuentas, su mayor deseo era llegar a ver a su hijo Felipe alzarse con el trono, cosa que así sucedió en 2014. Y tampoco es que estuviera obligada a pasar tiempo con don Juan Carlos. De hecho, la pareja continuó residiendo en Zarzuela, pero cada uno pasó a ocupar un ala distinta de la zona residencial.

Cuando una vez le preguntaron si guardaba rencor a su país, por el hecho de haber sido condenada a vivir lejos de él, Irene respondió que no y explicó que su familia no era la primera que había perdido cosas. "Siempre piensas en el pasado y te pones fatal. Es mejor pensar en el presente y en el futuro. A mi hermano Constantino le afectó mucho el tema del exilio y lo ha pasado muy mal, pero se ha planteado ir a vivir a Grecia. Gracias a Dios es otra generación y otros políticos. Son mucho más tolerantes ahora". No mucho después de la muerte de su madre en 1981, Irene pasó a vivir casi permanentemente junto a la familia real española en el palacio de la Zarzuela, donde dispone de un pequeño apartamento situado junto a las estancias particulares de Sofía.

Durante años compartió momentos tiernos con sus sobrinos, que suelen llamarla tía Pecu, por peculiar. Y es que siempre fue la excéntrica de la familia. Su propia biógrafa destacó de ella su personalidad vital e impaciente, su calidez ("algo poco común en el rango que ostenta"), su sincera humildad ("no espera el halago fácil, más bien lo rehúye"), y su capacidad de adaptación a todos los ambientes ("se siente igual de cómoda vestida de gala para una recepción que acompañando durante 14 horas a unas vacas para llevarlas a unas cooperativas indias"). Desde luego no es una princesa al uso. Nunca buscó la notoriedad, se esforzó por permanecer en un segundo plano, y su biógrafa contó una anécdota que da medida de su animadversión por el lujo y la ostentación. "En una ocasión, en una recepción en una cena, una invitada no hacía más que presumir. Que si su traje era de una marca, sus joyas de otra o su calzado, de un diseñador de moda. Ella la miró señalando sus pies y le dijo: 'Pues yo estos zapatos me los compré en el mercadillo de Majadahonda, ¿a que son preciosos?' La señora se quedó de piedra. La princesa tiene un humor muy británico".

La reina Sofía (izda.) y su hermana, la princesa Irene, siempre han tenido una relación muy estrecha.

La reina Sofía (izda.) y su hermana, la princesa Irene, siempre han tenido una relación muy estrecha. / ALEXANDROS VLACHOS - EFE

Tampoco es que posea la mujer una fortuna, ya que donó la indemnización de 900 mil euros que en su día recibió del gobierno griego (por la confiscación de los bienes de su familia) a la fundación que presidió durante cuatro largas décadas, Mundo en Armonía, creada para ayudar a mujeres mayores y desfavorecidas en India. Al recordar cuál fue el mejor viaje de su vida, Irene solía mencionar el que hizo a raíz de conocer en 1985 la noticia de que la Unión Europea planeaba sacrificar a cuatro millones de vacas para limitar la producción de leche. Aquello la escandalizó tanto que no dudó en desplazarse desde la India a Europa para indagar en el tema de los excedentes. Como publicó Vanity Fair, la princesa "comenzó entonces una cruzada para salvar al máximo número de vacas enviándolas a India, donde además de seguir viviendo podrían alimentar a los desfavorecidos con su leche. Para ello no dudó en pedir la ayuda de su cuñado el rey Juan Carlos y recabar las donaciones de organizaciones como el Partido Conservador del Reino Unido o del Gobierno de Cantabria, donante de 72 vacas que ella mismo llevó a India en avión en 1989".

Además de a las misiones solidarias, Irene es una gran aficionada al yoga, el mundo esotérico y las terapias naturales. Además de eso es una virtuosa del piano, incluso ejerció como concertista profesional por un tiempo, y alguna vez confesó que la música la ayudó mucho cuando en 2002 le diagnosticaron un cáncer de mama, por el que tuvo que someterse a un tratamiento de quimioterapia y a varias operaciones en la Clínica Ruber de Madrid. En todas sus etapas más difíciles contó con el cariño de su hermana Sofía, por quien no oculta su admiración. "Ella tiene unas cualidades como persona que a mí me encantaría tener: serenidad, criterio, responsabilidad", dijo de ella. "Aguanta muchas horas de trabajo, el estrés. Tiene además una gran resistencia física, no necesita dormir tanto como yo, por ejemplo, es más fuerte. Además, tiene mucha psicología, sabe siempre qué hay que hacer". Sabemos igualmente que habla un español todavía peor que el de Sofía, y que no fue hasta 2018 cuando obtuvo la nacionalidad.

Algunas fuentes sostienen que la princesa de 83 años sufre actualmente problemas de movilidad y cierto deterioro cognitivo, aunque Casa Real no suelta prenda al respecto. Atrás quedaron los tiempos en los que doña Sofía y ella acudían juntas a esos eventos culturales que tanto les gustan o paseaban por las calles del centro de Londres, donde aquella podía hacer sus compras navideñas de forma tranquila en grandes almacenes como Harrod's —claro que esto cambió cuando se supo que la emérita y otros parientes del rey Juan Carlos usaron unas tarjetas de crédito opacas vinculadas a cuentas extranjeras entre los años 2016 y 2018—. Irene ni siquiera ha podido acompañar a su hermana a la entrega de los Premios BMW de Pintura y Arte Digital, que este año celebraban su 40º edición. Según alguien que conoce bien a la familia, "aquella mujer inconformista y algo ingenua, espontánea y espiritual, se va desdibujando con cruel lentitud ante los ojos de su hermana, que la ama tiernamente".