APRENDER A LOS 80
El proyecto de dos periodistas de la Complutense que acerca la ciencia a los mayores de Madrid: "Lo fácil sería ponerles una película"
Ana Casado y María Milán se encuentran detrás de Ciencia en Residencia, que recibió el premio a mejor iniciativa de divulgación en los III Premios de Ciencia en español

Ciencia en residencia acerca la cultura científica a las residencias de ancianos madrileñas. / CIENCIA EN RESIDENCIA

Mirar neuronas a través de un microscopio, diseccionar un cerebro o entender que las discípulas de Santiago Ramón y Cajal fueron erradicadas de la historia científica son algunas de las cosas que aprenden los mayores de la Comunidad de Madrid. No, no tienen libros de texto. Ni tampoco van a la universidad, aunque por su entusiasmo podría parecerlo. “Llevas un microscopio a un colegio y, o están acostumbrados o no les interesa. Sin embargo, lo llevas a un geriátrico y los ancianos se cuelan en la fila con el taca-taca o la silla de ruedas. Les cuesta enfocar, pero ponemos todo de nuestra parte para que vean con claridad lo que hay al otro lado de la lente. Es muy emocionante”, explica María Milán (Almería, 1991), periodista en la Unidad de Cultura Científica (UCC) de la Universidad Complutense de Madrid y una de las dos creadoras del proyecto Ciencia en Residencia. Junto a Ana Casado (Madrid, 1968), la otra mitad, acercan la cultura científica a las residencias de ancianos madrileñas. “Surgió de una conversación en noviembre de 2022, bromeando sobre el público adolescente. Nos dimos cuenta de que teníamos olvidada a una parte de la sociedad que no puede llegar a nuestras actividades aquí, en el campus, por su situación personal”, añade Casado.

Ana Casado (i) y María Milán (d) se encuentran detrás del proyecto Ciencia en Residencia. / CIENCIA EN RESIDENCIA

Uno de los talleres de Ciencia en Residencia, celebrado en una residencia de mayores de la Comunidad de Madrid. / CIENCIA EN RESIDENCIA
De la mano de un profesor, crearon un taller inicial sobre neurociencia en marzo de 2023: “Tratamos de llegar a la ciudadanía en muchos formatos y, durante la semana de la ciencia, hacemos más de 300 actividades para invitar al público general a que venga a la universidad”. Ambas trabajan en la UCC, donde se conocieron hace años y de la que Ana es responsable hoy en día: “Vine en 2020 para trabajar con María y, aunque mi formación es periodística, no he ejercido en redacción, sino en la gestión de actividades. Desde entonces trato de transferir a la sociedad los desarrollos que mejoran la vida de la ciudadanía”. María, que se incorporó en 2016, redacta notas de prensa sobre los resultados científicos que los profesores descubren, desarrollan o investigan: “Ellos lo publican en un paper y yo lo traslado a un artículo divulgativo y accesible para el público general y lo envío a los medios de comunicación”. Juntas, coordinan los más de 40 talleres de Ciencia en Residencia, que, actualmente, cuenta con más de 60 centros en lista de espera: “No somos pioneras, pero nunca se había creado una red como esta, que va más allá de una visita. Nosotras hacemos un engranaje entre profesores, residencias y actividades”.
Interés por aprender
La experiencia en Boadilla del Monte, con la que inauguraron el proyecto, fue tan gratificante para todos, que decidieron seguir adelante. “Nos decían que volviéramos pronto y que les hablásemos de lo que fuera, les daba igual, que les gustaba más que ver una película. Por mucho deterioro que pensamos que tienen, se dan cuenta de que les ponen películas para distraerlos, pero están demandando algo más y creemos que este proyecto llena esa curiosidad que, por más que pasen los años, se mantiene viva”, apunta Milán. Paralelamente, Casado resalta el respeto que estos ancianos muestran siempre por las personas que se desplazan hasta ellos para ofrecerles conocimiento: “Hablarles de universidad les supone algo extraordinario, que ellos puedan acercarse a un profesor universitario cuando en su época no tuvieron acceso a unos estudios. Nos dicen que ojalá hubieran podido, que jamás imaginaron mirar a través de un microscopio… Nos escuchan con atención y todos quieren probar de todo”. Con el paso del tiempo, los trabajadores han identificado que este tipo de residencias cuentan con un mayor nivel cultural y que, gracias a los avances sociales, quienes hoy transitan entre los 70 y los 90 demandan más actividades intelectuales que antes.

En los últimos dos años han visitado 83 centros, la mayoría en Madrid, aunque también en Alcalá de Henares, Parla, El Escorial y Tres Cantos. / CIENCIA EN RESIDENCIA

Ana Casado Almarcha, Coordinadora de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación en la OTRI-UCM. / Alba Vigaray
No hay que subestimarlos, dicen. O, al menos, eso han aprendido ellas estos dos años al frente de Ciencia en Residencia. “No podemos asumir que no tienen interés por aprender sólo por la situación en la que están. Yo no estaba acostumbrada a tratar con gente mayor, pues perdí a mis abuelos temprano y con este proyecto he aprendido un montón y lo aplico a mi día a día. Me he vuelto más empática”, señala la andaluza. Según ella, los empleados de los centros de mayores intentan tener a los usuarios motivados constantemente y enriquecer su experiencia: “Ya no son sitios en los que se aparca a nuestros mayores. Los están cuidando y buscan actividades para su bienestar. Lo fácil es ponerles una película, pero se toman el tiempo de mirar todo nuestro catálogo de actividades para decidir cuál les encaja mejor. Incluso crean asambleas con los residentes para escuchar su opinión”. La madrileña, en cambio, todavía se sorprende con la cantidad de centros de mayores que hay en la Comunidad: “Cuando empezamos, pensábamos que no había apenas interesados y ahora tenemos un listado enorme de geriátricos esperando a que vayamos”. A través de la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales, las dos investigadoras entran en contacto con las residencias.
Casi 90 centros
En los últimos dos años han visitado 83. La mayoría en Madrid, aunque también en Alcalá de Henares, Parla, El Escorial y Tres Cantos. Entre las actividades más demandadas por los mayores se encuentra ‘Chocolate y salud’, un taller en el que, mediante una degustación, se demuestra que “cuanto más negro, más sano es”. “También el curso sobre el cerebro, en el que hablamos de nuestro sistema neuronal y la figura de Santiago Ramón y Cajal. En él también se colocan muestras de neuronas y órganos animales bajo el microscopio para que puedan mirarlas”, señala María. Otras de las actividades tratan temas filológicos como la cortesía: cómo ha cambiado la forma de dirigirnos a nuestros mayores a lo largo de las décadas en castellano. También se habla de Madrid y cómo se ha ido transformando con el paso del tiempo: “Cómo ha ido creciendo desde la ciudad-estado y cómo afectaron las migraciones de estas personas mayores que llegaron a la capital y se asentaron en determinados barrios”. “Otra profesora habla del café, de cómo es una industria que tiene un aprovechamiento enorme, ya que se utiliza tanto la planta como los residuos para hacer textiles. Ella les lleva galletas e infusiones caseras. Se involucran muchísimo”, suma Ana.

Varios mayores participan en uno de los talleres de Ciencia en Residencia. / CIENCIA EN RESIDENCIA

A través de la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales, las dos investigadoras entran en contacto con las residencias. / CIENCIA EN RESIDENCIA
Si algo hace falta, según ellas, en su campo de trabajo, es una mayor representación femenina. “Pensamos que ya no hace falta o que es un discurso extendido, pero sigue siendo necesario. Hubo mujeres en puestos importantes, discípulas de Cajal que cobraban por su trabajo y cuya labor era reconocida igual que a los hombres. Pero ellas no pasaron a la historia, como sí lo hicieron Gonzalo Rodríguez Lafora o Pío del Río Hortega. El tiempo se ha dedicado a silenciarlas y eso sigue pasando hoy en día. Cada vez hay más mujeres que estudian carreras científicas, pero pocas llegan a puestos directivos”, concluye Milán mientras recuerda el papel “fundamental” de la bióloga molecular Sara García Alonso. “Que haya referentes como ella entre las niñas es maravilloso. Tiene una cabeza privilegiada y habla desde la normalidad, de cómo ha llegado ahí. No se siente una estrella, sino una mujer inquieta”, incide a su vez Casado. El proyecto de estas mujeres recibió hace unos días el premio a mejor iniciativa de divulgación en los III Premios de Ciencia en español: “Queremos mantenerlo en el tiempo. Todo el mundo tiene un padre, una abuela, una experiencia con alguien mayor. Que lo hayan reconocido es un orgullo. Es de todos y es nuestro”.