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CURIOSIDADES

La calle donde orinaba Quevedo y se batía en duelo Alatriste: "Es una parada obligatoria en nuestras rutas turísticas"

Por este rincón del Madrid de los Austrias pasan cada día decenas de turistas, ávidos de conocer sus secretos

Retrato de Francisco de Quevedo, en la calle del Codo.

Retrato de Francisco de Quevedo, en la calle del Codo. / EPE

Madrid

No es la más larga. Tampoco la más ancha ni la más bonita. Sin embargo, pocas calles de Madrid guardan tanta historia como la del Codo. Este pasadizo, que conecta la Plaza de la Villa con la Plaza del Conde de Miranda, ha sido testigo de las más grandes correrías nocturnas en el Siglo de Oro, sirviendo como inspiración a Arturo Pérez-Reverte para su más célebre personaje. El ángulo de casi 90º que forma le valió el sobrenombre con el que se la conoce a día de hoy.

Francisco de Quevedo alcanzó la fama a través de La vida del Buscón, de sus poemas satíricos y de sus letrillas. No obstante, en la capital no solo era conocido entre el vecindario por sus dotes con la pluma. En el siglo XVII, Quevedo se consolidó como una de las grandes leyendas de la noche madrileña, dejando su estampa en prácticamente todas las tabernas de la capital en veladas que terminaban ya entrada al alba.

"No se coloca una cruz donde se mea"

Este literato, uno de los más grandes de la literatura universal, paseó su carácter pendenciero por estos locales durante casi toda su vida. Y era en esta castiza calle del Codo, en pleno corazón de la Villa, donde Quevedo vaciaba cada noche su vejiga antes de poner rumbo a casa. Según las fuentes históricas, siempre escogía la misma tapia para hacer sus necesidades, lo que despertaba la rabia entre los vecinos de las viviendas.

Tan hartos se hallaban, que uno de ellos decidió pintar una cruz en la pared para tratar, así, que Quevedo cesase en su fea costumbre. A la imagen la acompañaba la inscripción: "No se mea donde hay una cruz". Lo que nadie esperaba es que el poeta, lejos de amilanarse, respondió con una nueva 'meada', acompañada de la frase: "No se coloca una cruz donde se mea".

Placa de la calle del Codo.

Placa de la calle del Codo. / EPE

Ana, guía independiente que acaba de finalizar un recorrido turístico por el Madrid de los Austrias, señala a El Periódico de España que el público extranjero siempre se muestra muy interesado en la particular anécdota. "Por surrealista que parezca, me suelen hacer más preguntas sobre las juergas de Quevedo que sobre la Casa de Cisneros o el estilo arquitectónico de la Almudena. Despierta mucho interés, es una calle fija en mis rutas", explica.

Sirvió de inspiración a Arturo Pérez-Reverte y ostenta la puerta más antigua de Madrid

El ambiente de este rincón, que proyecta a la perfección la estrechez y penumbra típicas del callejero de esta vieja zona de Madrid, sirvió de inspiración al escritor Arturo Pérez-Reverte para sus novelas dedicadas al Capitán Alatriste. En El Caballero del Jubón Amarillo es relatado un duelo en esta calle entre el capitán y unos sicarios, que pretenden asesinar a Guadalmedina. En el segundo libro de la saga, Limpieza de sangre, el capitán forja una alianza con su amigo poeta Francisco, en una trama que también se ambienta en este rincón de la ciudad.

Esta calle, además, puede presumir de ostentar a su entrada la puerta más antigua que se conoce en la capital. Se trata del acceso a la Torre y Casa de los Lujanes, una robusta puerta de madera del siglo XV de inspiración árabe que está considerada como la más añeja de la Villa.

Imagen de la entrada a la Casa de los Lujanes.

Imagen de la entrada a la Casa de los Lujanes. / EPE

La calle del Codo es solo un ejemplo más de los secretos que esconde el Madrid de los Austrias. Para descubrirlos, basta con cruzar la Plaza de la Villa y dejarse llevar por este barrio de vías estrechas y pequeñas plazuelas, escenario de duelos entre espadachines hace no tanto tiempo.