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LIBROS

Andrés Barba: "La peor decadencia es la que proviene de un germen hermoso y esperanzador y muchos españoles estamos heridos por eso de forma insanable"

El autor publica ‘Auge y caída del conejo Bam’, una fábula en la que late el desencanto por el fracaso político de la nueva izquierda nacida tras el 15M

El escritor Andrés Barba, en Madrid el día de la entrevista.

El escritor Andrés Barba, en Madrid el día de la entrevista. / Alba Vigaray

Madrid

En 2021, Andrés Barba comienza a trabajar en una nueva novela, pero no acaba de encontrar el tono y la guarda en un cajón. Escribe entonces El último día de tu vida anterior, una historia de fantasmas que arranca con la aparición de un niño que no pestañea en la cocina de una casa vacía. Barba dice entonces que esa novela ha nacido tras una crisis, como prácticamente todas sus obras, pero esta será una crisis de lenguaje provocada por el aislamiento y la soledad de la pandemia. La publica en 2023 y ese mismo año regresa a aquella otra que dejó aparcada, una novela que también comenzará con una aparición, la de un conejo recién abandonado en la pradera por unos humanos, y en la que necesitará distanciarse del lenguaje conocido para poder contarla: "Me levanté una mañana y pensé que podía pensar como un conejo, sentir como un conejo y, en definitiva, escribir y sanarme como un conejo".

Lo cuenta el autor en la página de agradecimientos de su nueva novela, Auge y caída del conejo Bam (Anagrama), una fábula protagonizada por una raza animal triste, de orejas tiesas, mirada fija y siempre dispuesta a la huida. Una historia en la que habrá un narrador, Copito, que, además, será el dueño del relato. Y un líder, Bam, que como tantos otros será fascinante y carismático al principio y un egomaniaco intratable al final. Habrá una Gran Madriguera, comunidad y civilización que imaginar, nombrar y sostener. Y vínculos por inventar, rituales por estrenar, utopías que destrozar una vez conquistadas, instituciones que pervertir y guerras en las que exterminar a quien ose ocupar ese espacio que creemos nuestro. En este universo, ‘los mejores de entre nosotros’ sentirán sus privilegios amenazados y habrá quien diga: Esto es nuevísimo. Y quien responda: Esto es viejísimo. Y sonarán frasecillas vacías de mitin y autoayuda: Ser conejo es que no haya alternativa.

Los conejos, escribirá Barba, desean creer por encima de todo porque la fe ya les parece el comienzo del cambio y cuando ese cambio no se produce, los conejos se dan cuenta de que lo que en realidad deseaban era solo eso, creer.

Ahora sustituyan ‘conejo’ por ‘votante de izquierdas’.

Auge y caída del conejo Bam se inscribe en la tradición de fábulas políticas protagonizadas por animales como Rebelión en la granja de Orwell o La colina de Watership, de Richard Adams, pero es también una novela de fantasmas, esos que Andrés Barba comparte con este diario justo en los últimos minutos de entrevista: "Me acuerdo de cuando Rafael Chirbes, del que era muy amigo y al que quería mucho, escribió Los viejos amigos, un libro que le costó la amistad de mucha gente de la vieja izquierda, un libro muy jodido, muy crítico con esa izquierda pesada española, y ahí me di cuenta de lo blindada que estaba la izquierda de la crítica. Nos pensábamos muy guapos, pero yo vi en Chirbes un aviso a navegantes de las consecuencias que tenía ser crítico. Y cada vez más porque ahora la gente es de un partido político como si fuera de un equipo de fútbol, de una manera completamente acrítica, y eso es desolador acá y en la Argentina”.

P. Cuando comienza a escribir esta novela, Trump ya había ganado las elecciones y Milei está casi tocando el poder

R. Sí, está a punto de llegar y, de hecho, el disparadero de esta novela nace de estar viviendo las últimas elecciones generales en un país como Argentina, polarizado como todos los países del mundo, donde las dos posibilidades democráticas son, en cierto modo, posibilidades fallidas. El kirchnerismo llega con un nivel de desencanto, decadencia y corrupción interna muy fuerte, y lo que está al otro lado del espectro es un libertario delirante que canaliza el odio y el deseo de utilizar las instituciones para vaciarlas y destruirlas, que es a lo que estamos asistiendo todo el rato.

En realidad, Auge y caída del conejo Bam es como una especie de repaso de la historia política universal desde el nacimiento no sólo de las instituciones sino de la identidad privada. Bam arranca con un conejo que viene del mundo de los humanos, que tiene un nombre, y llega a una madriguera pre-paradisíaca en el sentido del génesis, donde no ha ocurrido el acto transgresor original, donde nadie tiene un nombre, y el arranque, que es la individuación, dar un nombre y al mismo tiempo otorgar un destino, genera el primer acto de ruptura identitaria de la Gran Madriguera. Se generan dos grupos, uno que recibe los nombres, y otro que reivindica el nombre de ‘conejo’ como identidad. El nacimiento de la identidad provoca inmediatamente la necesidad del ritual, el ritual provoca el nacimiento de las instituciones y de la comunidad, las instituciones y la comunidad implican inmediatamente el nacimiento de un líder, la identidad del líder, nuestra relación con el líder, las leyes impuestas por el líder, etc.

Andrés Barba publica 'Auge y caída del conejo Bam'.

Andrés Barba publica 'Auge y caída del conejo Bam'. / Alba Vigaray

P. Hay populismo, posverdad, demagogia y un uso perverso del poder y las instituciones… Pero más allá de eso, creo que en su fábula de conejos está narrando el auge y fracaso del proyecto político que dio comienzo con el 15M y siguió con el nacimiento de Podemos. ¿Cuánto hay de herida política propia en la necesidad de escribir esta historia?

R. Creo que lo más interesante de los libros no es lo que proviene de un proyecto consciente, sino de lo que sanea el subconsciente. En realidad, hay un desencanto de los grandes movimientos a los que yo asistí con una gran esperanza personal y no sé qué padre de la Escolástica era el que decía una frase que me encantaba, corruptio optimi pessima, la corrupción de lo mejor es lo peor. La peor decadencia es la que proviene de un germen hermoso, esperanzador y tremendamente aglutinante como lo fue aquella revolución, abierta a la esperanza. Y creo que ahí yo, personalmente, estoy herido, y también muchos españoles. Heridos de una manera insanable, en el sentido de que recuperar la fe en un proyecto político con esa ingenuidad no creo que sea posible de nuevo en esta generación nuestra, aunque sí tal vez en otra. Pero recomponer la fe en las instituciones desde esa desesperanza es un proyecto crítico también. Utilizar una narración como esta, como también la utilizó Orwell a su manera, para seguir creyendo en la humanidad, para seguir creyendo en la posibilidad de un proyecto político esperanzador, es una forma de ver a qué podemos aferrarnos todavía.

P. ¿A qué cree qué podemos aferrarnos aún?

R. A que la verdadera experiencia de encontrarnos con el otro es una experiencia de shock. Entender al otro es como eso que decía [el filósofo Emmanuel] Lévinas, que si de verdad nos miramos a la cara no vamos a poder matarnos. Bam es Jesús, pero también es Stalin, es Trump, es muchas cosas y, de hecho, hay muchas referencias casi literales a discursos políticos contemporáneos, pero cuando Bam hace que la Gran Madriguera llegue a un paraíso, ese gran paraíso es intolerable. Esa es una de las revisiones políticas que este libro me ha obligado a hacer: hasta qué punto estamos capacitados para vivir en una utopía cuando esta llega y hasta qué punto somos capaces de relacionarnos con nuestra propia felicidad.

P. ‘El miedo es la gran invención de los conejos’, dice su narrador, y ese miedo estará presente de una forma brutal a lo largo de toda la novela, ¿por qué?

R. Yo creo que el miedo es la gran emoción de nuestro tiempo. Es la herramienta más natural, elemental y eficaz del populismo. Es un activador de la energía y un inhibidor del pensamiento crítico. Algo interesante del miedo que lo vuelve muy eficaz para el populismo es que es una ficción, es una proyección ficcional, digamos. Igual que la esperanza, que nos hace vivir en un lugar en el que no estamos todavía, la política nos hace vivir en lugares inexistentes, el pasado y el futuro. Son lugares que no existen, uno porque ya no está y otro porque no está todavía. Nos hace estar en un estado de ficción permanente y el miedo es perfecto para eso.

Decías si [la novela] está relacionada con mi desencanto personal del proyecto de la nueva izquierda española y sin duda eso está ahí de una manera muy clara, pero yo vivo desde hace cinco años en Argentina, tengo hijos argentinos, y es un país que ya es un país propio. Creo que mi deseo de comprender la realidad que está a mi alrededor también está muy enclavado en el nacimiento de este libro. En el peronismo, su utilización, perversión y decadencia en muchas cosas, o la forma con la que Milei canalizó el odio al peronismo, al kirchnerismo, para generar una cosa extraordinariamente argentina de hartazgo y violencia frente a las instituciones. Eso también está muy dentro del libro. De hecho, hay muchos episodios relacionados con la dictadura cívico-militar argentina. En la novela matan en la guerra a los topos igual que los milicos borraban a la gente en Argentina.

P. Su narrador, Copito, termina la mayor parte de sus relatos diciendo “no sé”, como si estuviera cuestionando la legitimidad de quienes siempre han contado la historia o como si nos estuviera diciendo que un relato es siempre múltiple

R. Sí, fíjate, es uno de esos hallazgos en los que tu subconsciente te hace toda la tarea. El primer párrafo que escribí de este libro acababa con un no sé. En el segundo me pareció un bonito recurso repetirlo. Y en el tercero dije, ¿y si acabo todos los párrafos con un no sé? Y de repente entendí que esa era la raíz de mi angustia, la sensación de que ya no iba a poder decir nada con certeza nunca más.

Barba, el día de la entrevista en un hotel madrileño.

Barba, el día de la entrevista en un hotel madrileño. / Alba Vigaray

P. ¿Como escritor?

R. Como persona, como ser humano. La sensación de que ya no iba a poder decir nada con certeza nunca más sobre nada. La sensación no solo de que todo podía ser esto y su contrario a la vez, sino que ni siquiera utilizando las mismas palabras... Este es el siglo de la malinterpretación por antonomasia, términos como libertad, democracia o identidad son interpretados de maneras tan radicalmente opuestas que incluso en los diálogos más elementales la comunicación es solo una ilusión. Estamos teniendo una especie de ilusión de comunicación permanente, pero vivimos en un malentendido total y constante.

P. ¿Ha perdido la fe en el lenguaje?

R. En un punto sí. Esta novela nace de la sensación de que se le ha salido la cadena a la bicicleta del lenguaje y que mantenemos todos los movimientos de la bici, la sensación de comunicación, pero en realidad la cadena se ha salido. Creo que es un momento radical a todos los niveles, lingüístico, gnoseológico, político, identitario…

P. Su novela habla de la incapacidad de imaginar y crear nuevos lenguajes, como si hubiéramos perdido ya la esperanza… y eso tiene algo de derrota

R. Que esta novela sea la declaración de una derrota total no me parece un mal statement. Pero la declaración de una derrota total es un principio de algo.