ARTE
Más mujeres y más arte español con Maruja Mallo, Oliver Laxe o Aurèlia Muñoz: Segade presenta su primera temporada 'propia' en el Reina Sofía
El cántabro Juan Uslé o el cubano Félix González-Torres son otros dos grandes nombres de la programación. El museo renueva la forma en que se exhibe su colección permanente mientras remata las obras en sus diferentes sedes y organiza un ciclo sobre el 'Guernica'

Imagen de 'Sirat', la película de Oliver Laxe candidata al Oscar, que tiene un papel central en la exposición 'HUهُوَ. Bailad como si nadie os viera' que le dedicará el Reina Sofía. / Cedida

El Museo Reina Sofía arranca la temporada que supone, por fin, el despliegue de la programación concebida por la nueva dirección, la que Manuel Segade encabeza desde junio de 2023. Se prometía entonces Segade cuidar más el arte español como muchos demandaban, y así se refleja en sus propuestas para este curso, esencialmente españolas o latinoamericanas, que al fin y al cabo Madrid es ahora mismo el puente más importante entre los dos continentes y las dos orillas del idioma castellano. También se profundiza en la apuesta de la institución, que ya viene de antes, por recuperar creadoras mujeres a las que la historia del arte dejó en un lugar secundario. La gallega Maruja Mallo abre el 8 de octubre esa temporada en la que también estarán su paisano, el oscarizable Oliver Laxe, la catalana Aurèlia Muñoz, el cántabro Juan Uslé y el madrileño Fernando Sánchez Castillo como protagonistas de sus exposiciones temporales, bien acompañados por el argentino Aberto Greco, la peruana Andrea Canepa y el cubano Félix González-Torres, cuya retrospectiva será la encargada de cerrarla el 12 de octubre del año que viene.
Otra importante novedad será la nueva presentación de las colecciones permanentes del museo, que se están reordenando para que en 2028 ocupen las tres plantas superiores del edificio Sabatini. Se empezará este curso, con su inaUguración el 17 de febrero, por la planta cuarta, la que desde ese día mostrará el relato del arte contemporáneo español (o "desde España", dicen sus responsables de una manera más vaga) desde 1975 hasta nuestros días. Un recorrido por lo que este país ha producido o acogido en su periodo democrático a través de la obra de más de 200 artistas. "Muchas de las obras serán inéditas o mostradas por primera vez, permitiendo lecturas a su vez novedosas de la cultura visual contemporánea", decía Segade durante la presentación de la temporada este martes. Algunas de las piezas han sido adquiridas en los últimos dos años, como parte de ese empeño del director por que "no se nos escapen nombres importantes antes de que sus precios empiecen a subir". Ayuda en ese propósito la incorporación de la donación hecha por la galerista Juana de Aizpuru, con muchas obras de unos periodos, los años 90 y 2000 españoles, en los que el museo tenía algunas lagunas. Esa nueva presentación lleva aparejado un rediseño del espacio expositivo, que será menos neutral y algo más fragmentado para representar la multiplicidad y la diversidad de la creación más contemporánea.

Maruja Mallo, 'Sorpresa del trigo'. / Cedida
Sin que se aprecie mucha exposición blockbuster en el horizonte, ha defendido Segade que "hacer valores seguros quizá le corresponde más a una institución privada. Abrir los campos de investigación y poner a gente en el mapa es lo que tiene que hacer el Reina Sofía, y por lo que precisamente es reconocido internacionalmente. Es una labor fundamental". Ponía Segade como ejemplo la reciente exposición del pintor canario Néstor Martín-Fernández de la Torre, pionero en desafiar a la heteronormatividad en el arte español, de la que ha dicho que ha tenido un enorme éxito de asistencia (el museo aumentó sus visItantes en un 9% en 2024, más que instituciones similares) y con los catálogos agotados. Ha despejado también cualquier duda de una posible rivalidad con el Prado, que está introduciendo progresivamente el arte contemporáneo en sus contenidos y que en breve inaugurará una exposición sobre el escultor Juan Muñoz (1953-2001) y su vínculo con el arte de los grandes maestros. "Esa relación entre el barroco español y el barroco que Juan estableció en su día me parece absolutamente pertinente", ha dicho el responsable del Reina, que ha añadido que con propuestas como la del museo casi vecino "no podemos más que salir ganando. A muchos de los públicos que van al Prado quizá no les interesa tanto nuestra institución. Pero cuanto más público se genere para el arte contemporáneo, mucho mejor para nuestro museo".
Sobre el estado de las obras de mejora que ahora mismo se desarrollan tanto en la sede central del museo como en los dos espacios de los que dispone en el Retiro, continuarán los arreglos en las fachadas de los edificios Nouvel y Sabatini, rematarán a final de año las del Palacio de Velázquez y se prolongarán al menos dos años las del Palacio de Cristal. El primero de estos dos espacios externos acogerá a partir del próximo verano la exposición con la que Fernando Sánchez Castillo dialoga, a través de diferentes escenografías muy cinematográficas, con la historia de La perla peregrina, una joya excepcional descubierta por un esclavo en Panamá en el siglo XVI que perteneció a la corona española, que en 1969 el actor Richard Burton regaló a Elizabeth Taylor y que tras la muerte de esta se subastó a precios récord para desaparecer en manos privadas. El Palacio de Cristal, por su parte, ocultará sus andamios tras unas lonas en las que Andrea Canepa evoca los fardos textiles con los que la cultura Paracas envuelve a sus difuntos, un trabajo que juega con la memoria y la identidad colectiva.
De Mallo a González- Torres
Ha defendido Segade en su discurso la enorme importancia que tiene que el Reina Sofía dedique por fin una retrospectiva a Maruja Mallo (1902-1995), la que lleva por título Máscara y compás (8 de octubre a 16 de marzo). "Es un drama que fuera no se conozca a Maruja Mallo, que tendría que estar igual de posicionada que una Leonora Carrington, que una Remedios Varo o que cualquiera de las grandes artistas de vanguardia", ha dicho de la que en su día fue miembro de la Generación del 27 antes de exiliarse en Argentina a raíz de la guerra civil. La muestra que ahora se le dedica viene a reparar esas faltas. Organizada en colaboración con el Centro Botín, es la que se ha podido ver en Santander durante los últimos meses, pero enriquecida con fondos del Archivo Lafuente que abarcan fundamentalmente el trabajo sobre papel desarrollado por una artista que contribuyó, con sus compañeras en aquella generación, a presentar una nueva cosmovisión femenina desde la perspectiva de la mujer moderna.
Otra mujer de la que no se había hablado lo suficiente es Aurèlia Muñoz (1926-2011), nombre fundamental en España del arte textil, una disciplina a menudo menospreciada por feminizada y por su asociación con el interiorismo. La muestra Entes (29 de abril a 7 de septiembre), que recorre cinco décadas de un trabajo que fue pionero en tratar cuestiones centrales como los imaginarios interespecie o los posicionamientos no binarios en torno al género, será la oportunidad de poner en valor no solo a la artista, muy apreciada en países como Japón y que participó en las bienales de Sao Paulo o Venecia en los años 60 y 70, sino también también al arte textil "como un terreno expresivo y de experimentación central", defiende Segade.

Aurèlia Muñoz, 'Àguila Beige'. / Cedida
Veinte años hace que el Reina Sofía no dedica una retrospectiva a Juan Uslé, uno de los nombres más importantes del arte abstracto español, desde hace décadas con un pie en la península y otro en Nueva York. Su nueva antológica (Ese barco en la montaña, del 26 de noviembre al 20 de abril), que abarca 40 años de trabajo, ocupará diez salas y ha sido comisariada por Ángel Calvo Ulloa, un encargo que se enmarca dentro de una línea de actuación del museo para someter el trabajo de artistas consagrados a la mirada de expertos de otra generación. La dedicada al argentino Alberto Greco (1931-1965), representante de lo que él mismo denominó el arte vivo, ese que se basaba en la experiencia cotidiana y que sacaba la práctica artística de los estudios creativos y de los espacios expositivos convencionales, como cuando rodeaba con círculos de tiza a los viandantes del mercado de Les Halles, en París, o las que en España realizó en Lavapiés o en Piedralaves. Su exposición (Viva el arte vivo, del 11 de febrero al 8 de junio) es la única de las propuestas de esta temporada que todavía viene arrastrada de la dirección anterior, y en ella tienen un lugar central los proyectos que llevó a cabo con creadores como Millares o Eduardo Arroyo.
El mayor protagonismo que tiene el audiovisual en el Reina Sofía desde la inauguración, hace unos meses, de su sala de cine, se refleja ahora en la exposición que le dedica a Oliver Laxe (HU/هُوَ. Bailad como si nadie os viera, del 17 de diciembre al 20 de abril). Se centra en Sirat, la película que este mismo miércoles ha sido elegida como la representante de España en los Oscar, que aquí se presenta con un planteamiento de instalación múltiple que reta a las limitaciones de la pantalla de cine. Además de esta, se podrán ver otras piezas de quien es uno de nuestros cineastas más reconocidos internacionalmente.
Especial entusiasmo mostraba Segade con la exposición que cerrará la temporada, la que bajo el título Sweet Revenge (del 27 de mayo al 12 de octubre de 2026) aborda la obra del artista cubano Félix González-Torres (1957-1996). Con una vida adulta que transcurrió entre Madrid, Puerto Rico y Nueva York, González-Torres fue, para Segade, "una de las figuras más influyentes de las últimas décadas, fundamental en las estéticas que respondieron a la explosión del SIDA en los 80 y 90", a la que no duda con comparar con alguno de los maestros de la historia del arte. La muestra abarca un corpus multidisciplinar en el que hay esculturas, instalaciones y fotografías. Una de sus comisarias, Nancy Spector, fue precisamente la que organizó hace treinta años la última gran retrospectiva del artista en el Guggenheim de Nueva York, que estaba en marcha cuando el artista falleció por las complicaciones derivadas de aquella enfermedad.
En una programación marcadamente hispanohablante, uno de los escasos nombres protagonistas que no proviene de ese hemisferio cultural es el del sudafricano Dumile Feni: su obra African guernica, un dibujo a carboncillo producido en los años 60 y que se inspira en la violencia policial que el régimen del apartheid imponía a la población negra, dialogará con el Guernica de Picasso dentro del ciclo de intervenciones La historia se repite, pero no rima, que hacen convivir la obra del malagueño con otras equivalentes en significado en otros tiempos y latitudes. La comparación con la Palestina actual era obligada, y Segade no ha negado sus resonancias durante la presentación, aunque no haya sido ese el punto de partida para la propuesta. "El uso del Guernica como una pieza pública que significa literalmente no a la guerra, y sobre todo no a los bombardeos sobre la sociedad civil, creo que hace que siga teniendo, como todas las otras maestras del arte, una vida imparable".
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