FERIA DE SAN ISIDRO
'Gestor' salva el honor del Parralejo
El espada toledano marra, de nuevo, con los aceros su faena a un gran toro de la divisa sevillana, de la que se esperaba más en San Isidro

La gran embestida de 'Gestor', el buen toro de El Parralejo que se lidió en último lugar. / PLAZA 1
No fue una tarde fácil porque se esperaba mucho más de la corrida lidiada por El Parralejo en este San Isidro pero el último de la tarde salvó el honor y el letargo de la gente que volvió a poner el cartel de "No hay billetes" en la plaza de toros de Las Ventas.
Se llamaba Gestor, número 44 y pesaba 578 kilos, un cinqueño en toda regla que embistió con gran transmisión en la muleta de Tomás Rufo, un torero que también se jugaba mucho en esta feria con tres tardes y de momento solamente había puntuado con una vuelta al ruedo.
Así que podríamos decir que Rufo ha empezado a caminar en la mesa de los grandes. A su manera, a su fe, a su aire. Ni envarado ni desenfadado. Pero le falta lo fundamental para quedarse sentado: la certeza de la espada en el incierto y voluble azar que supone esa suerte suprema. A los toros hay que matarlos por arriba. Cuántas veces se habrá taladrado con esta frase en los últimos días...

La incansable embestida de 'Gestor' en el final de faena de Rufo. / PLAZA 1
Embestida emocionante
Poco a poco, su faena a ese Gestor fue cogiendo aire frente a esa humillación tensa y clara con la que iniciaba su embestida, tan larga, tan entregada, tan emocionante que prendió los tendidos con el efecto que solo causa ver embestir a un toro así. No fue una locomotora, pero casi. También podría haber sacado de su zona de confort a un torero joven como él, pero tampoco lo hizo. Sufrió dos desarmes al principio, pero luego se hizo con él.
El torero de Pepino (Toledo) construyó una faena ciertamente armónica, valiente y ligada en la que expuso lo suyo y compuso algunos muletazos de buena factura, especialmente por el pitón derecho, por donde el toro descolgaba todavía un punto más. Con encomiable amor propio y raza, le empalmaba los muletazos. La faena tuvo dominio por la mano derecha, por donde más y mejor se desplazó el animal, pero por la izquierda también ofreció vertiginosas arrancadas, aunque soltaba más la cara al final del muletazo.
La mala jugada de la espada
Una última serie de derechazos y un final por trincherillas que tuvieron su punto artístico pareció convencer definitivamente al respetable. Pero la espada le volvió a jugar una mala pasada, tal y como le ocurrió frente al gran toro de Victoriano del Río en su primer compromiso, y otra vez perdió el trofeo. Saludó tras petición de oreja.
Miguel Ángel Perera, que también comparecía por tercera vez en este San Isidro, tuvo el lote de menos opciones y Fernando Adrián dijo también poco con poco material, aunque el quinto le regaló buenas embestidas en un trasteo que no pasó de correcto.
Así que para sentarse en la mesa de los grandes y comer del pastel del toreo -cada vez más inaccesible para tantísimos toreros- hay que cruzar la línea de fuego, esa que abrasa los pies, cada tarde. Ya saben… Solo al alcance de los elegidos. Algunos pocos. Y es que la imagen de Morante de la Puebla en la faena del miércoles sigue sin borrarse de la mente: ¡Por dónde se pasa los toros!
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