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FERIA DE SAN ISIDRO

Roca Rey levanta la difícil resaca de Morante

El joven torero peruano pasea una oreja del quinto y el confirmante Rafa Serna también del sexto

Roca Rey dibuja un gran natural a su segundo toro en Las Ventas.

Roca Rey dibuja un gran natural a su segundo toro en Las Ventas. / PLAZA 1

De la resaca de Morante de la Puebla es difícil levantarse. Sobre todo, artística y emocionalmente por ese fermento esperanzador que proyecta su tauromaquia de la que se emborrachan hasta los aficionados más exigentes, los poetas incapaces y los místicos obsesos. Seguro que me entienden.

Pero una vez asimilada la resaca de Morante, que no quiere decir que estuviese superada, apareció en escena (y en esencia) Andrés Roca Rey para levantar del letargo la tarde en su último compromiso de este San Isidro, especialmente en el quinto de la tarde, al que le arrancó una oreja.

El diestro peruano Andrés Roca Rey da un pase a su segundo astado.

El diestro peruano Andrés Roca Rey da un pase a su segundo astado. / EFE

Faena de trágala y tragantón

El toro no se definió de entrada, pero en la muleta desarrolló ese fondo de entrega (más que de casta) para permitirle al diestro peruano armar una faena de trágala y tragantón que, sin ser un poema, no pareció ni banal ni de relleno.

Pero lo que más enteros sumó fue justamente el temple, el ritmo, la cordura y el sentido de la faena sencilla y leve en su último tramo. A veces casi ingrávida. Porque directamente se la inventó

Y eso que todos los entusiastas de la intransigencia que hay en una parte de plaza de Madrid a lo largo de los años sí acabaron tomando partido y aplaudiéndole en la vuelta al ruedo mientras paseaba la oreja. Un suceso, sí.

El diestro Andrés Roca Rey.

El diestro Andrés Roca Rey. / EFE

Estocada de antología

Así que hubo ajuste al natural de Roca Rey, también profundidad por el pintón derecho y dos tandas de redondos que despertaron al respetable. 

Lo bueno en Madrid es dominar las pasiones (me refiero a las bajas pasiones) para que éstas no le acaben dominando al aficionado. La estocada final fue de antología. Y la oreja fue el premio justo a una faena, como decíamos, justa, medida y llena de matices. 

Su primero se vino en arriba en banderillas, pronto y al galope en el capote de Antonio Chacón. Y Viruta saludó tras un gran par de banderillas. Pero en la muleta no tuvo ese fondo que sí desarrolló su segundo y al guiso le faltó sabor. Nada más. Pero fue una faena coreada con pasión en su inicio por los alardes de dos pases cambiados por la espalda de rodillas que fueron memorables por su infinito ajuste

Otro apéndice paseo el torero sevillano Rafa Serna en el sexto. La verdad es que joven espada, que se enfrentaba a un día clave en el día de su confirmación de alternativa, no se dejó nada en el tintero y fue todo corazón, sobre todo en el último de la tarde. Un toro de trepidantes embestidas, con fondo de casta y con el que era difícil estar. 

Así que Serna levantó los primeros olés con su saludo a la verónica, con varios lances bellísimos. Entregado anduvo el sevillano, aguantando las tarascadas del animal para tirar de él con largura. Mató de una buena estocada y paseó la oreja

El diestro Rafa Serna tras cortar una oreja a su segundo astado.

El diestro Rafa Serna tras cortar una oreja a su segundo astado. / EFE

En su primero se dejó llegar el toro de lejos, con una embestida boyante, hasta que se apagó.

Por su parte, el maestro Diego Urdiales brindó su primera faena a Cuca Gamarra y dejó una faena con torería y belleza en los remates frente a un animal pegajoso, andarín. Dejó una estocada al segundo intento. 

En el cuarto no encontró eco en los tendidos de su buena labor, llena de auténtica profundidad y pureza. Y con aroma. Tres series de un clasicismo bello y unas formas distintas por la expresión con la duración que tuvo el toro. No remató la labor con los aceros.