LA VIDA CONTIGO
Qué fue de… Norma Duval, la vedette catalana que conquistó el Folies Bergère de París
La artista, que apareció en varias películas y series y protagonizó algún que otro romance polémico, ahora vive tranquila entre Suiza y Madrid

Norma Duval, la vedette catalana. / EFE / MIGUEL OSES
Norma Duval siempre aspiró a ser mucho más que una cara bonita con un cuerpo escultural. "No soy solo una belleza, que además lo normal en mi oficio es ser guapa. Tengo una cabecita que piensa y que sabe lo que tiene que hacer en cada momento", comentó en su día la artista, barcelonesa de nacimiento y madrileña de adopción.
Ya de niña, Duval, Purificación Martín en el carné de identidad, montaba sus propias funciones de teatro todos los domingos y se imaginaba convertida en una gran actriz dramática. A los catorce años colgó los libros y empezó a ingeniárselas para acercarse a su objetivo profesional.
"Desde 15 años no hice otra cosa que trabajar, aprender, estudiar, hacer teatro aficionado, clases de ballet, todo", contaría sobre esa etapa. "Di clases de modelo y me hice maniquí para que con lo que ganaba poder seguir haciendo teatro". Pensó entonces en probar suerte en distintos concursos de belleza, sabedora de que triunfando en ellos saldría en la prensa y la gente empezaría a conocerla.

Norma Duval ha participado en varios programas de televisión. / EFE (ARCHIVO)
En 1973 se presentó por ejemplo a Miss Madrid. "En el jurado estaba Kiko Ledgard, muy popular entonces gracias al 'Un, dos, tres', y yo estaba bastante nerviosa, sobre todo porque desfilaba con el número uno y me tocaba romper el hielo", rememoró. "Sin embargo, después fue todo bastante fácil. Nada más salir a la pasarela el público empezó a corear: '¡La uno, la uno, la uno!'. Se organizó una tal, que tuvieron que darme el título sin más vuelta de hoja". Ese mismo año compitió también por el título de Miss Autoescuela contra Mayte Zaldívar, que antes de casarse con el exalcalde corrupto Julián Muñoz tuvo aspiraciones artísticas, y se presentó al concurso de Miss España (cuyo título perdió frente a la guapísima representante de Andalucía, Amparo Muñoz).
En Miss España conocería a su primer descubridor, el famoso realizador y productor de televisión Valerio Lazarov, que al verla le dijo que tenía "muchas posibilidades". De su mano formó parte del grupo de azafatas del programa ¡Señoras y señores! y entró a trabajar en un espectáculo musical que estaba montando Carmen Sevilla. Una carta de recomendación firmada por la cantante y actriz sevillana, de quien se había hecho íntima amiga, la colocó directamente sobre el escenario del teatro Calderón de Madrid, en el que debutó como segunda vedette en la revista ¡Ay Bellotero, bellotero!, de Fernando Esteso. "Fueron ocho meses en Madrid y un año de tournée por España, que no veas lo que es eso, del teatro a la carretera, siempre con prisas, viajando de noche para trabajar al día siguiente en otra plaza, es mucha tela marinera". Y al año siguiente ascendió a primera vedette en ¡Ramona, te quiero!, también con la compañía de Esteso.
El zaragozano le enseñó por lo visto "a ser una gran profesional, a tener responsabilidad en el trabajo, se encargó de que estudiara y me preparara. Lo que no sabemos es si el rey del cine del destape también le enseñó algo sobre artes amatorias, aunque siempre se ha comentado que entre ambos, además de intercambio de conocimientos, hubo intercambio de fluidos. Ellos lo negaban, asegurando que solo mantuvieron una relación estrictamente profesional, aunque el desaparecido programa Aquí hay tomate se encargó de recoger declaraciones de personas cercanas al círculo de la artista que aseguraban que esta se quedó embarazada del actor y se desplazó hasta Londres para abortar (ella demandó al programa por este asunto y la Sala Primera del Tribunal Supremo condenó a pagar 60.000 euros a cada uno de sus presentadores por sobrepasar la libertad de expresión).
Vedette en París
En 1980, cuando Bárbara Rey dejó la revista Una noche... Bárbara, Duval se encargó de sustituirla. "Fue fantástico, porque en ese momento ya era yo misma", ha contado. "La gente iba a verme a mí, y no porque fuera la vedette de nadie. Fueron diez meses de rotundo éxito, y a todos los niveles, porque en aquella época hice varias zarzuelas en televisión, con Fernando García de la Vega, y protagonicé dos películas".
Y un día de mediados de aquel año la llamó Hugo Ferrer para preguntarle si le interesaría ser vedette en el Folies Bergère de París. Aceptó ipso facto y de este modo se erigió en la segunda vedette española que triunfaba en París (antes que ella lo había conseguido la Bella Otero, una de las mujeres más deseadas de la Belle Époque).
"Los tres años que pasé en el Folies Bergère fueron claves en mi vida profesional", contaría luego. "Allí aprendí muchísimo. Mi mente se abrió a otro tipo de espectáculo, a otra forma de ver la vida, de trabajar. Por primera vez canté en directo. Tuve que acostumbrarme a moverme al ritmo de una verdadera orquesta, de un cuerpo de baile. En fin, una serie de cosas que en España son impensables porque no existen espectáculos de esa envergadura".
Tras volver a España, la barcelonesa montó algunos espectáculos que llevó por distintos rincones y protagonizó el mítico anuncio de Freixenet junto a la norteamericana Ann-Margret. Entonces no cejaba en su empeño de convertirse en una actriz respetada. Tanto es así que durante la primera mitad de los ochenta se dejó ver en la miniserie Las pícaras y en cintas como Préstame tu mujer (1981), La mujer del juez (1984) o ¡Victoria! La gran aventura de un pueblo (1983), una superproducción de ocho horas dirigida por Antoni Ribas en la que también aparecía Helmut Berger, pareja y uno de los actores fetiche de Visconti. Y no solo eso, pues desde principios de los noventa se dejó ver de forma episódica en series como Villarriba y Villabajo (1994), Kety no para (1997), Vida y sainete (1998) o Academia de baile Gloria (2001).
Sin embargo, su aspiración quedó en grado de tentativa, según algunos entendidos, porque sus dotes interpretativas brillaban por su ausencia. Aunque eso no supuso un trauma para Duval, que en realidad decidió poner en segundo plano su carrera para exprimir otras facetas de su vida. Esas mismas que las revistas del hígado rosa siguieron de cerca. Su primer novio oficial fue Jorge García Lago, un adinerado gallego con el que se prometió en 1981 y que padecía la enfermedad miastenia grave.
Duval, que entonces deseaba encontrar un hombre bueno y formar una familia, dejó París para instalarse junto al joven en el piso de sus suegros. Pero estos no veían con buenos ojos aquella relación. Es más, su suegra la acusó de allanamiento de morada y de querer birlar unas joyas valoradas en cien millones de pesetas que, según la familia, le había regalado su novio (la artista acabó detenida, presentó una denuncia contra ellos y ha tratado de borrar de su mente el que sin duda es el episodio más escabroso de su vida).

Norma Duval en su casa de Alcudia con su familia. / JOAN CORTADELLAS (ARCHIVO)
En 1992 se casó en el ayuntamiento de Boulogne con el ex jugador de baloncesto croata Marc Ostarcevic. Con este tuvo a sus tres hijos, puso en pie varios espectáculos y se compró una casa en La Moraleja y otra en Mallorca. Parecían una de las parejas más consolidadas del panorama social, pero en 2001 llegó la separación (según ella, "motivada por una seria desavenencia entre mi marido y mi padre, de la que yo era ajena"). Tras la ruptura, Marc largó ciertos detalles de su matrimonio en programas del corazón donde la artista no quedaba muy bien parada. Ella, que nunca quiso entrar al trapo, se lióoenseguida con José Frade, cuya exmujer, Adriana Rothlander, contaría públicamente que el poderoso productor le había sido infiel con Norma y por eso la dejó a ella, la madre de sus cuatro retoños.

Norma Duval en un acto del PP junto al expresidente José María Aznar. / ARCHIVO
Como bien contó la periodista Raquel Piñeiro, a raíz de su boda en 2004, Duval mostró un importante cambio de actitud con la prensa: "de ser antes siempre colaboradora simpática y entregada pasó a estar cerrada en banda y contestar con demandas judiciales cualquier insinuación perniciosa sobre ella" y "pasó a llevar una vida tranquila y de poco trajín, con trabajos de representación y publicidad para marcas como Punto Roma o Vinicio Pajaro".
Entre Suiza y España
En 2009, Duval se ofreció en exclusiva a ¡Hola! para anunciar su divorcio: "La decisión de divorciarnos fue producto de una fuerte discusión. No ha sido, en absoluto, algo meditado, porque ni ha habido desamor, ni terceras personas, ni distanciamiento, ni ha sido porque nadie haya influido, no". Un año después quedó desolada tras perder a su querida hermana Carla, víctima de un cáncer de cuello de útero, y se hizo cargo de sus sobrinas, entonces unas niñas.
Desde ese momento no ha dejado de estar en el candelero, ya sea por su papel de colaboradora de televisión, su participación en concursos como MasterChef Celebrity o el interés mediático que suscitaba su historia de amor con Matthias Kühn, un empresario alemán que llegó a gestionar la isla privada de Tagomago, frente a Ibiza.
La artista acaba de cumplir 69 años, muy bien llevados, y en la actualidad pasa largas temporadas en la ciudad suiza de Gstaad (donde comparte con su maromo —con el que se casó por sorpresa en 2022— una bonita casa con vistas a las montañas), en Palma de Mallorca (donde suele veranear) y en Madrid (donde residen sus tres hijos y sus nietos).
"Siempre lo dije, que trabajaría a tope pero que me retiraría joven, y lo he cumplido”, respondió cuando le preguntaron si alguna vez se planteó morir en un escenario. "Yo sabía que del mundo musical tenía que irme joven. Tenía que dejar buen sabor de boca entre la gente. Y todo lo que he hecho se puede ver. Yo me hubiera sentido tan mal, si con 50 años me hubiera subido a un escenario a bailar, me hubiera sentido ridícula y habría pensado que algo mal habría hecho en la vida".
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