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ARTE

Néstor, el pintor de la sensualidad que desafió a la norma en la España de hace un siglo, de vuelta en Madrid

El Museo Reina Sofía recupera la figura del artista canario, que cultivó diferentes disciplinas y fue pionero en el desafío a la heteronormatividad, con una merecida y necesaria exposición retrospectiva

Fragmento de 'Epitalamio (o las bodas del príncipe Néstor)', una de las obras más importantes del pintor.

Fragmento de 'Epitalamio (o las bodas del príncipe Néstor)', una de las obras más importantes del pintor. / Museo Néstor, Las Palmas de Gran Canaria

Madrid

Néstor Martín Fernandez de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria, 1887), conocido como Néstor a secas, fue un pintor de gran éxito a principios del siglo XX cuyo trabajo había sido olvidado en gran medida después de su temprana y repentina muerte en 1938. El Museo Reina Sofía realiza ahora una ambiciosa y muy completa retrospectiva de su obra como parte de la política de recuperación de figuras en los márgenes de los discursos oficiales del arte español que quiere llevar a cabo la nueva dirección de la institución.

La exposición Néstor reencontrado, comisariada por Juan Vicente Aliaga, quien tiene a sus espaldas una amplia trayectoria en el estudio del arte vinculado a la disidencia sexual, contiene casi 200 piezas entre cuadros, murales, dibujos y fotografías, así como un aparato documental que ayuda a situar al artista en su tiempo y a profundizar más en el contenido de su trabajo. La muestra viajará luego al TEA de Tenerife, que la ha coproducido junto al museo madrileño, y cuenta con la colaboración fundamental del Museo Néstor de Las Palmas de Gran Canaria, gracias, paradójicamente, a cuyo cierre temporal (desde hace casi cocho años) es posible ver ahora en Madrid la mayor colección de obras del artista canario.

Néstor fue un artista precoz, de gran popularidad en vida, que pasó de Las Palmas a Madrid y Barcelona y más tarde a París y Bruselas, con una obra singular y apreciada tanto por la crítica de la época como por el coleccionismo privado, pero que cayó en el olvido tras su muerte debido a que su obra se enfrentaba directamente con las directrices temáticas y espirituales del Régimen franquista, a su homosexualidad y su pertenencia a la masonería.

Decadentista y homosexual

Néstor fue un pintor extraordinariamente precoz que a los 12 años era capaz de imitar perfectamente la obra de su maestro, el impresionista Eliseo Meifren. Perteneciente a un entorno de clase media dividida entre el mundo de los negocios del padre y el del arte de su tío, el barítono Néstor de la Torre, será su madre la que apoye de una manera decidida la carrera artística del hijo.

'Adagio' (1903), obra de la primera etapa del artista.

'Adagio' (1903), obra de la primera etapa del artista. / Museo Néstor, Las Palmas de Gran Canaria

Es en Madrid donde lleva a cabo su formación oficial, que luego ampliaría en Barcelona y otras ciudades europeas, pero es durante su etapa en la capital cuando se fija su gusto por el lenguaje y los motivos del Simbolismo, especialmente a través del contacto que tiene con escritores e intelectuales del momento como Ruben Darío, Valle-Inclán o Gómez de la Serna, a los que frecuenta en las tertulias del café de Levante o de Pombo.

Precisamente esa adscripción a los movimientos decadentistas del finales del XIX, cuando ya han pasado dos décadas del nuevo siglo, le hará ganar una fama de pintor decorativo y anticuado que pesará mucho, sobre todo después de su muerte. Pero como señala el comisario de la exposición en conversación con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, “se trata de un pintor con una fuerte educación intelectual, que tenía una biblioteca muy nutrida y que conocía muy bien todos los aspectos de su trabajo. La elección de estas corrientes artísticas no es casual, sino que es la que más se identifica con su sensibilidad estética y con lo que quiere representar”.

El erotismo, propio de las corrientes decadentistas, es evidente en Adagio (1903) una representación del tema clásico de Leda y el cisne, en la que el desnudo femenino se muestra de una manera sinuosa y la mano de la ninfa acaricia el cuello del animal de una forma inequívocamente erótica. La forma de representar el agua y la luz del ocaso dejan claro que el pintor conoce y utiliza muy bien la obra de artistas como Edvard Munch. En Hercules (1908) el objetivo principal de la pintura es la representación de la musculatura masculina en toda su potencia.

El Modernismo y sus derivados (orientalismos, decadentismos, simbolismos…) habían constituido un espacio en el que poder expresar la diferencia sexual. La representación de culturas extrañas y temas mitológicos fue una buena excusa para hacer aparecer figuras con poca ropa y en actitudes que en Europa venían calificadas como desviadas o perversas. El mejor ejemplo es Epitalamio (o las bodas del príncipe Néstor), de 1910, que causaría un gran escándalo cuando fue expuesta en el Pabellón Español de la Exposición Universal de Bruselas.

'Epitalamio (o las bodas del príncipe Néstor)' (1909).

'Epitalamio (o las bodas del príncipe Néstor)' (1909). / Museo Néstor, Las Palmas de Gran Canaria

En el cuadro, dos personajes fabulosamente ataviados se toman de la mano junto a tres adolescentes desnudos que parecen ofrecerles todo tipo de frutos exóticos. Todo va bien hasta que el espectador se apercibe de que el personaje “femenino” tiene un cuerpo, una musculatura, que no se corresponde con su género, y que el rostro es prácticamente idéntico al de su acompañante masculino. Aliaga comenta: “Aunque se supone que es un autorretrato en el caso del príncipe y de su hermana en el de la esposa, y que se parecían mucho fisicamente, resulta evidente que se está retratando a sí mismo en ambos casos, como hombre y travestido, lo que explicaría el hecho de que hubo un intento de que no se colgara el cuadro en el pabellón”. Y añade: “La imagen que se quería dar de una España que acaba de perder las colonias en un evento internacional, como era la Exposición Universal, no era precisamente de afeminamiento. Había que masculinizarlo todo”.

Murales, teatro, vanguardia

Una importante sala de la exposición está dedicada a su relación con creadores cercanos, en lo artístico y lo personal. Se trata de Ismael Smith, Mariano Andreu y Laura Albéniz, con los que expone en Barcelona obras que se salían de cualquier consideración tradicional de la representación de los géneros sexuales. Las figuras retratadas por Néstor son andróginas y decadentes, de gestos ambiguos y miradas provocadoras. Desde luego se entiende que de nuevo le recibieran con críticas y que sumara un nuevo escándalo a su trayectoria.

Algo parecido ocurre con sus figuras de sátiros, cabezas de hombres con miradas y gestos sexualizados y cuernos, que acarrean manojos de frutas, normalmente plátanos, que dejan poco espacio a la interpretación. Sin embargo, el comisario de la exposición llama la atención sobre los detalles. “Los dedos de los personajes de Néstor están cuidadosamente colocados, reproduciendo ciertos signos masónicos de saludo o reconocimiento”. Añade que “no tenemos pruebas físicas de cuándo entró en la masonería pero, por ejemplo, en su entierro la familia recibió un telegrama de pésame de la logia del Gran Oriente de Francia”.

'Poema del Atlántico: La tarde' (1917-1918).

'Poema del Atlántico: La tarde' (1917-1918). / Museo Néstor, Las Palmas de Gran Canaria

Al mismo tiempo Néstor realiza trabajos comerciales o de encargo, como los retratos o los cuadros de majas, en los que sabe aplicar su estilo y su excelente práctica pictórica, más allá de sus intereses artísticos más personales. También fue un reconocido muralista, como es buen ejemplo la recientemente recuperada pieza mural realizada para el casino Kursaal de San Sebastián en 1922 y que ahora forma parte de la colección del museo San Telmo de la misma ciudad.

También están presentes sus trabajos como escenógrafo teatral, sobre todo el proyecto que realizó para la bailarina Antonia Mercé 'La Agentina' El fandango del candil, con música de Gustavo Durán, ese personaje mítico, músico, intelectual, militar durante la guerra civil y supuesto espía en Londres y Nueva York tras la guerra, que sería el gran amor de Néstor. Pero sus contactos con el teatro le vinculan ademas con la vanguardia artística de la época, con Falla, Alberti y Lorca. Néstor fue el primer escenógrafo de El amor brujo cuando se estrenó en Madrid en 1915.

Vuelta a Canarias y 'El poema de los elementos'

El éxito le lleva a pasar buena parte de los años 20 fuera de España, queriendo instalarse definitivamente en París, algo que nunca llego a suceder. Sin embargo, la década siguiente le encuentra de vuelta en Las Palmas, donde pone en marcha su obra pictórica mas ambiciosa y un conjunto de iniciativas para recuperar y poner en valor la cultura canaria.

'Poema de la tierra: La primavera' (1934-1938).

'Poema de la tierra: La primavera' (1934-1938). / Museo Néstor, Las Palmas de Gran Canaria

El cierre temporal del Museo Néstor de las Palmas ha permitido contar en Madrid con el gran ciclo de pinturas inacabado El poema de los elementos, de los que finalizó dos series de las cuatro previstas, El poema del mar y El poema de la tierra, y los que se mezclan los elementos naturales, sobre todo tomados de su tierra natal, peces y plantas de las Islas Canarias, con desnudos y claves masónicas. En ellos, figuras de raiz mitológica cabalgan sobre extraños peces, las olas y la espuma crean formas sinuosas y decorativas y los cuerpos desnudos presentan una descarada ambigüedad. El más conocido de estos muestra al pintor y a Gustavo Duran, desnudos en la playa con la marea baja, sobre la imagen de unos peces con las bocas en primer plano, que les hace parecer flotando en alguna extraña composición de mundos fantásticos mas allá del tiempo y la realidad.

Lo rico del imaginario que despliega en esta serie, la originalidad de las composiciones, el virtuosismo técnico, ayuda a entender la fascinación que sentía por su obra un pintor como Dalí, que utilizará en su propio trabajo recursos muy parecidos.

'Visiones de Gran Canaria' (1928-1934).

'Visiones de Gran Canaria' (1928-1934). / Museo Néstor, Las Palmas de Gran Canaria

Mientras realiza El poema… y busca un emplazamiento donde alojarlo, Néstor investiga y pinta y diseña actividades sobre lo canario. Este “tipismo” pretende reivindicar lo propio, enfatizar y reivindicar las costumbres, formas y colores de las islas. Desde la arquitectura vernácula hasta el traje típico canario. Sus últimos años de vida estarán centrados en estas actividades que le harán enormemente popular entre sus paisanos y le procuraron buenas relaciones con las autoridades políticas. Probablemente se deba a esto que, tras el golpe de estado de Franco en 1936, que precisamente parte de las Islas Canarias hacia la Península, nunca tuviera problemas con el bando sublevado ni sufriera represalias a pesar de sus relaciones con figuras destacadas de la intelectualidad republicana y comunista y su más que conocida homosexualidad.

Cuando muere inesperadamente en 1938, a consecuencia de una neumonía, acuden a su funeral miles de personas, llenando una ciudad todavía pequeña. Esa enorme popularidad, así como el uso que el Régimen puede hacer de ciertas partes de su obra (el tipismo canario, las majas españolas, los murales decorativos) cimentará su fama de pintor anticuado y fácil, al tiempo que oculta la parte más importante: la dedicada a la representación de una sexualidad no canónica en un tiempo en el que de eso no se hablaba.

'Mantillas' (1915).

'Mantillas' (1915). / Fundación Endesa

Cien años después de presentar en Madrid su Poema..., Néstor vuelve a la capital, en una exposición muy necesaria y merecida, para reencontrarse con un tiempo al que se había adelantado. Como dice Juan Vicente Aliaga, “Néstor es un ejemplo primero y único del intento por representar un cuerpo que no es femenino ni masculino, sino otra cosa, y que se enfrentó a la heteronormatividad de su tiempo. Y eso es algo que le conecta inmediatamente con algunos de los debates que estamos manteniendo hoy en dia”.