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PATRIMONIO

Madrid blinda su historia industrial: El Águila y la porcelana de Valdemorillo serán Bienes de Interés Cultural

El Gobierno autonómico busca proteger la antigua cervecera neomudéjar de Arganzuela y los hornos y depósitos de la fábrica Falcó y Giralt Laporta por su valor arquitectónico e histórico

El complejo cultural 'El Águila' va a ser Bien de interés cultural.

El complejo cultural 'El Águila' va a ser Bien de interés cultural. / COMUNIDAD DE MADRID

María G. San Narciso

María G. San Narciso

Madrid

La Comunidad de Madrid busca que la antigua fábrica de cerveza El Águila, en el distrito de Arganzuela de la capital, como los hornos, torres, pudridero de caolín y el depósito de agua de la histórica industria de lozas de Valdemorillo, estén protegidos. Por eso ha iniciado la tramitación de los expedientes para declarar ambos Bienes de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Sitio Industrial.

En un comunicado, el Gobierno de la región explica que que el actual complejo El Águila, que ahora alberga el Archivo y la Biblioteca Regional, fue un antiguo enclave de producción de cerveza de estilo neomudéjar, diseñado por el arquitecto Eugenio Jiménez Corera en 1912. "Es uno de los edificios más emblemáticos de la arquitectura industrial de principios del siglo XX de la región y uno de los complejos mejor conservados de la capital", exponen.

Entre 1996 y 2003, el estudio Mansilla + Tuñón se encargó de la construcción de un nuevo conjunto preparado para albergar el Archivo y la Biblioteca Regional. Esta intervención, según indicó el fotógrafo Alejandro S. Garrido, posicionó el complejo como uno de los ejemplos pioneros de reconversión de edificios industriales en la región. 

Ahora, el Gobierno busca proteger sus elementos arquitectónicos, especialmente "los muros perimetrales de la fachada, las cubiertas de madera del pabellón de los primeros silos y parcialmente las del de maltería". Su sistema de construcción, añaden, se caracteriza por el aprovechamiento expresivo del ladrillo macizo.

La historia de Cervezas El Águila

Cervezas El Águila, S.A. llegó a tener, en la segunda década del siglo XX, un 25% de cuota de mercado en su sector. Durante la Guerra Civil, la fábrica fue incautada por el gobierno de la República durante más de 32 meses. Tras su recuperación, se comenzó a ampliar con un nuevo espacio de botillería y se construyó un edificio de talleres en la esquina donde confluyen las calles Bustamante y Vara del Rey.

Imagen de archivo de El Águila.

Imagen de archivo de El Águila. / ARCHIVO

A finales de los años 60, entró en funcionamiento la nueva sede en el municipio de San Sebastián de los Reyes y en los años 80 del siglo XX cesó la actividad de la ubicada en la capital. Esta permaneció abandonada hasta el año 1993, fecha en la que el Ejecutivo regional adquirió la propiedad.

Porcelana madrileña

La Comunidad de Madrid también busca proteger, en la misma categoría, los elementos conservados de la fábrica Falcó y Giralt Laporta, la factoría de porcelana de Valdemorillo.

Los bienes objeto de la declaración son los hornos Vulcano, Moisés y Progreso, el depósito de agua y el pudridero de caolín - un espacio utilizado para almacenar y preparar esta arcilla blanca utilizada en la fabricación de estos objetos-, que se encuentran situados en el interior de la actual Casa de la Cultura Giralt Laporta.

Explican que Juan Falcó se estableció en esta localidad en 1845. Allí fundó la Fábrica de Porcelana y Loza Fina, popularmente conocida como Sociedad del Aulencia, "la primera empresa en España que introdujo la decoración floral por calcomanía, ganando diversos premios internacionales". La creación de esta industria permitió el crecimiento de Valdemorillo, al emplear a un buen número de obreros. Tras cerrar en 1914, volvió a abrir un año después como Fábrica de Porcelana y Vidrio Giralt Laporta.

La Guerra Civil acabó con la fábrica, que fue víctima de un bombardeo durante la Batalla de Brunete, trasladándose la empresa, después de la contienda, a Villaverde. Quedó en Valdemorillo una manufactura de gres, con la marca ASO, que funcionó hasta 2003.  A día de hoy aún quedan muestras de los productos de loza fina, entre las que destacan las conservadas en diferentes instituciones museísticas de carácter nacional.