RINCONEANDO MADRID
Cuando en Orcasitas había elefantes gigantes, en Villaverde vivían los romanos y un labrador hacía milagros
El Museo de San Isidro. Los orígenes de Madrid recorre la historia de la capital desde el Paleolítico hasta que Felipe II trajo la corte

'La apoteosis de San Isidro', pintura al fresco en el museo con el nombre del santo, en Madrid. / ALBA VIGARAY

Ubicado en la plaza de San Andrés, en pleno Madrid de los Austrias, no es el más conocido de la red municipal, pero ofrece una curiosa visión de la capital. O de lo que terminaría siendo la capital, por ser más precisos. En el Museo de San Isidro. Los orígenes de Madrid, que este año celebra su 25 aniversario, uno aprende que en lo que hoy es la ciudad habitaron elefantes y rinocerontes salvajes, que estuvieron los romanos o que hacia el siglo X ya se jugaba por aquí al ajedrez. Incluso puede asomarse a un pozo milagroso.
Cabe preguntarse qué sentido tiene su existencia cuando ya existe un Museo de Historia de Madrid, en la plaza de Tribunal. Lo explica su jefa de la Sección de Exposiciones Acción Cultural y Difusión, María Victoria López Hervás: "Principalmente, nosotros tenemos las colecciones arqueológicas y paleontológicas. Nuestro recorrido cronológico llega hasta 1561, cuando Felipe II trae la corte a Madrid. El Museo de Historia de Madrid continúa a partir de esa fecha".

Edificio que alberga el Museo de San Isidro, en el Madrid de los Austrias. / ALBA VIGARAY
Se inauguró, no podía ser de otra forma, un 15 de mayo, día de San Isidro; concretamente el de 2000. Y se hizo en un lugar simbólico, en lo que había sido el palacio de los condes de Paredes, considerado, según la tradición, el lugar donde había vivido el santo junto a su esposa, Santa María de la Cabeza. El edificio se derribó en 1974 y se reconstruyó a la manera de lo que eran los palacios madrileños del siglo XVII pero se respetaron tres elementos: un patio renacentista, una capilla del siglo XVII y el pozo en el que, cuenta la leyenda, un milagro de San Isidro salvó la vida de su hijo.

Una visitante ante una maqueta con las sucesivas murallas que ha tenido Madrid, en el Museo de San Isidro. / ALBA VIGARAY
En ese espacio, la exposición permanente del museo se organiza en tres secciones: Antes de Madrid, que recorre la evolución del territorio desde el Paleolítico hasta la época romana y visigoda; Mayrit-Madrid, que viaja desde la fundación de lo que hoy es propiamente Madrid, a mediados del siglo IX, a cargo del emir Mohammed I hasta el reinado de Felipe II, y San Isidro, dedicado a la figura y numerosa iconografía del patrón de la ciudad y su mujer, Santa María de la Cabeza. Estas son algunas de las piezas más interesantes para animarse a visitarlo.
Elefante de Orcasitas
Entre las piezas que se pueden ver en el arranque del recorrido por el museo hay varios restos de animales prehistóricos que habitaron Madrid, de rinocerontes y mamuts a la cabeza de un uro, el antecedente de los toros, del Pleistoceno medio (hace entre 780.000 y 127.000 años) hallado en Usera con la testud y los cuernos tan bien conservados que el Museo Taurino de Ronda (Málaga) encargó una réplica. Ninguno, sin embargo, es tan llamativo como el cráneo del llamado Elefante de Orcasitas.

Cráneo del elefante de Orcasitas, en el Museo de San Isidro. / ALBA VIGARAY
Se encontró en enero de 1959 mientras se construía el barrio y su hallazgo y traslado a lo que entonces era el Instituto Arqueológico Municipal, en Fuente del Berro, fue todo un acontecimiento. "Es muy interesante porque apareció con las defensas [los colmillos] unidas a toda la parte superior del cráneo y está en muy buen estado de conservación", explica López Hervás. "Los elefantes tienen varias denticiones y, según el grado de desgaste, se puede calcular la edad, y por el estudio de los molares sabemos que este ejemplar debía de tener en torno a 43 o 45 años. Tiene una antigüedad de unos 150.000 años y permite ver el gran tamaño que tenían los Elephas antiquus respecto a los elefantes actuales".
Para entonces ya había en Madrid poblaciones de homínidos. En el Museo de San Isidro se expone, a través de una lupa, el molar de un niño, heidelbergensis o neanderthalensis, que llegó a ser estudiado por el equipo de Juan Luis Arsuaga. Completan la colección numerosas herramientas desde el Paleolítico a la Edad de Hierro y la presencia de los carpetanos, hallados en lugares como Usera, Villaverde o Carabanchel, además de en puntos de la Comunidad de Madrid más alejados de lo que hoy es la capital.
Mosaico de las cuatro estaciones
Carpetania, el territorio celtíbero que incluía la región de Madrid, fue conquistada por Roma en el 139 a.C. El núcleo principal entonces fue Complutum, en lo que hoy es Alcalá de Henares, pero hubo asentamientos por otras zonas de la región, también en la capital. De esa presencia hay notables muestras en el Museo de San Isidro.
Muchos de los objetos que se exponen proceden de una villa romana excavada en Villaverde en 1929. De allí se extrajo también un mosaico de grandes dimensiones con motivos geométricos no incluido en el recorrido de la exposición permanente pero que sí se puede ver, porque una de las peculiaridades de este museo, algo en lo que fue uno de los pioneros en España, es que tiene un almacén visitable con muchas piezas a la vista para visitantes que se queden con ganas de más.

Detalle del mosaico romano de las cuatro estaciones encontrado en el siglo XIX en Carabanchel. / ALBA VIGARAY
La razón de que ese mosaico no estén en la exposición permanente es que ya hay otro, también de grandes dimensiones, con motivos figurativos en lugar de geométricos y hallado, además, un siglo antes, en 1819. "Apareció en la finca de los condes de Montijo, en lo que hoy es el parque y la colonia de Montijo, en Carabanchel", relata la jefa de Exposiciones del museo. Representa las cuatro estaciones, si bien la única que se conservaba mejor era el otoño, en la parte superior derecha, y la figura de una pantera con unas riendas, hacia la parte central. El resto fueron restauradas. En la parte inferior derecha, que estaba vacía, se introdujo una decoración más abstracta para que se viera claramente que no era el original pero no se generara un efecto vacío que distrajese allí la mirada.
La finca, con el mosaico incluido, acabó siendo propiedad de monjas oblatas, que finalmente vendieron el pavimento romano al Ayuntamiento de Madrid en los años 40 del pasado siglo por 10.000 pesetas.
Cenotafios de Francisco Ramírez ‘El Artillero’ y Beatriz Galindo ‘La Latina’
En la sección Mayrit-Madrid del museo se sigue el devenir de la ya ciudad, desde la que fundan los musulmanes, a lo largo de la Edad Media. Una interesante maqueta presenta las tres sucesivas murallas que testimonian su expansión: la árabe, construida entre los siglos IX y X, en el entorno del actual Palacio Real y que abarca unas cuatro hectáreas; la cristiana, del siglo XII (desde 1085, merced a un pacto entre Alfonso VI y el rey de Toledo Yahia al-Qadir, Madrid se incorpora al reino de Castilla), y la cerca que desde 1625, bajo el reinado de Felipe IV, hasta el siglo XIX rodeó la ciudad, ya más con fines administrativos y fiscales que defensivos.
Se muestran numerosos vestigios de la presencia islámica, entre ellos restos de cerámica con los primeros barnices, material quirúrgico, monedas o un peón del juego del ajedrez extraído de un yacimiento en la Cuesta de la Vega con alrededor de un milenio de antigüedad y realizado en talco, lo que, apunta López Hervás, nos da una información: “Conocemos restos de ajedreces de cristal de roca, de materiales ricos, pero esto demuestra que clases menos adineradas también jugaban”.

Cenotafios de 'La Latina' y 'El Artillero', en el Museo de San Isidro. / ALBA VIGARAY
Hay también restos originales del monasterio de los Jerónimos, parcialmente trasladado piedra por piedra a principios del siglo XVI desde la orilla del río Manzanares hasta su posterior ubicación en el entorno del actual Museo del Prado; el fragmento de un dintel del Alcázar, y una pintura excepcional de Pedro Berruguete, La Virgen de la Leche.
Aunque lo que más llama la atención son los cenotafios de Francisco Ramírez El Artillero y su mujer, Beatriz Galindo La Latina. Esculpidos en alabastro por el maestro cantero Hernán Pérez de Alviz, muestran en posición yacente a estos dos importantes personajes para la historia madrileña. Él fue un significado militar, con actuaciones importantes en acciones como la toma de Málaga. Ella, fue llamada a la corte por su dominio del latín, de ahí su apodo, a la edad de 16 años y, además de profesora, se convirtió en consejera de Isabel la Católica.
Beatriz Galindo fundó un hospital de beneficencia en la calle Toledo, el conocido como Hospital de La Latina, y posteriormente un convento a su lado, para cuya capilla encargó estos monumentos que, además de por la relevancia de los personajes, tiene valor artístico por constituir, tal y como subraya López Hervás, una de las pocas muestras madrileñas de un estilo común en otras regiones: el plateresco.
Existen otros dos cenotafios casi idénticos originalmente esculpidos para otro convento fundado en Madrid por Beatriz Galindo, el de la Concepción Jerónima, y que actualmente se encuentran en El Goloso.
El pozo del milagro de San Isidro
Concluye el trayecto por el museo con la sección dedicada al santo patrón de Madrid. En la antigua capilla preservada del palacio de los condes de Paredes se dispone un altar con una escultura del santo de 1663, pero lo mejor es mirar hacia arriba. En la cúpula pintó al fresco Zacarías González Velázquez La apoteosis de San Isidro en 1789. “En las pechinas”, observa López Hervás, “se puede ver a los ángeles con atributos propios del trabajo campesino como corresponde a San Isidro Labrador”. Uno porta una pala, otro un rastrillo, una azada…

Pozo de San Isidro, en el museo madrileño que lleva su nombre. / ALBA VIGARAY
Antes se puede acceder a una pequeña sala en la que hay un pozo. No es un pozo cualquiera, como cabe imaginar. En él, dice la tradición, ocurrió uno de los milagros que se atribuyen al santo. Cuenta la leyenda que su hijo cayó en él y, desesperado, el campesino se puso a rezar a la Virgen. Entonces el nivel del agua del pozo empezó a subir hasta que pudieron rescatar al niño con vida.
De regalo, un jardín arqueobotánico
Además de los mencionados almacén visitable y patio renacentista, el Museo de San Isidro ofrece un espacio adicional también interesante y que se ha reabierto hace apenas una semana después de un tiempo cerrado y unas obras de remodelación.

Vista del jardín arqueobotánico del Museo de San Isidro. / ALBA VIGARAY
Se trata de un pequeño espacio, un jardín de tipo japonés con una veintena de especies vegetales, cada una con su cartela explicativa. “Su razón de ser es que en las excavaciones arqueológicas, los estudios polínicos nos permiten conocer las plantas o las semillas y frutos que había”, relata la jefa de Exposiciones del Museo. “Las plantas que tenemos aquí son especies de las que se han encontrado restos en excavaciones y los tipos vegetales, por tanto, que podía haber en Madrid en épocas pasadas”. Con un pequeño espacio para sentarse, ofrece no solo un respiro sino la posibilidad de contemplar el exterior del ábside de la contigua Capilla del Obispo, único lugar desde el que puede hacerse.
El Museo de San Isidro. Orígenes de Madrid se puede visitar de martes a domingo entre las 10.00 y las 20.00 horas (hasta las 19.00 horas en horario de verano, entre el 15 de junio y el 15 de septiembre). Se encuentra en el número 2 de la plaza de San Andrés y la entrada es gratuita.
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