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RINCONEANDO

La interminable partida de cartas de Picasso con Pepe Isbert en un edificio de Lavapiés

Desde 1981 un mural cerámico rinde homenaje al artista malagueño en la casa de Madrid en la que vivió durante casi un año

Fachada del edificio de la calle de San Pedro Mártir, 5, en Lavapiés, con el mural cerámico en homenaje a Picasso.

Fachada del edificio de la calle de San Pedro Mártir, 5, en Lavapiés, con el mural cerámico en homenaje a Picasso. / ALBA VIGARAY

Víctor Rodríguez

Víctor Rodríguez

Madrid

Desde hace más de 43 años, en la fachada de San Pedro Mártir 5, esquina con la calle de la Cabeza, a apenas unos metros de la plaza de Tirso de Molina, en el barrio de Lavapiés, tres hombres juegan entretenidos a las cartas ante la mirada de un cuarto personaje. El primer jugador es Pablo Picasso, con la característica imagen que se tiene de él en su madurez, con la cabeza calva y la camiseta de rayas. El segundo es más joven, podría ser el propio Picasso en años más tiernos o una figura sacada de alguno de sus cuadros. El tercero, situado de perfil, es el actor Pepe Isbert, inolvidable alcalde nuestro que fue de Villar del Río en Bienvenido, mister Marshall y protagonista de unas cuantas otras obras maestras más del cine español.

Durante un curso académico, entre septiembre de 1897 y 1898, Picasso vivió allí. Había venido a estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Algo más de una década antes, el 3 de marzo de 1886, había nacido Isbert en ese mismo edificio. Es posible que se cruzaran, pero poco más. Isbert no dejaba de ser un chaval de 12 años cuando el futuro artista, de entonces 17 años, enfermó de escarlatina y regresó de Madrid a Barcelona para no volver a pisar la capital en su vida más que unos pocos meses, en 1901, entonces instalado en Chamberí.

Sin embargo, así quiso imaginarlos la pintora y ceramista Lola Gil, autora del mural que desde 1981 homenajea al autor del Guernica en cuatro balcones ciegos del edificio. "Con motivo del centenario de Picasso [nacido el 25 de octubre de 1881] , el Ayuntamiento quería tener algún reconocimiento y pensaron que la casa donde había vivido podía ser un buen lugar", recuerda la artista, de 84 años hoy. Hacia una de las esquinas el edificio tenía cuatro ventanales ciegos que ofrecían una excelente posibilidad y desde lo que entonces era el departamento de Patrimonio del consistorio contactaron con Gil, a quien ya conocían de encargos anteriores. "Y yo acepté encantada", dice ella.

Detalle del balcón ciego del segundo piso de San Pedro Mártir, 5, con el mural de Lola Gil inspirado en el retrato que Picasso hizo de Gertrude Stein.

Detalle del balcón ciego del segundo piso de San Pedro Mártir, 5, con el mural de Lola Gil inspirado en el retrato que Picasso hizo de Gertrude Stein. / ALBA VIGARAY

Desde el principio Gil tuvo claro que quería introducir figuras inspiradas en la obra de Picasso pero que el conjunto tuviera un aire festivo. Y cuando supo que Isbert también había vivido en la finca pensó que sería divertido introducirlo. "Al arquitecto jefe de Patrimonio, que también tenía mucho sentido del humor le pareció muy buena idea y me sugirió que los pusiera a los dos jugando o charlando, y yo dije: 'Pues jugando a las cartas', y así fue", relata.

Sobre azulejos de 20 centímetros

Para dar la idea de que, efectivamente, estaban allí, en medio de una partida de naipes, pintó también una barandilla igual que la que tienen el resto de balcones del inmueble y, detrás de los jugadores, dos puertas entreabiertas que parecen conducir a un salón del que cuelga una lámpara que en forma puede remitir a la del Guernica, con mucho menos dramatismo, eso sí. Hay, además, motivos claramente picassianos como un fauno tocando la flauta o un personaje que observa el juego desde el fondo y que tiene un aire mucho más cubista, bien podría ser un cuarto músico escapado del célebre cuadro del MoMA de Nueva York. En la parte superior se lee la fecha, 25 de octubre de 1981, y bajo la mesa en que se desarrolla la partida la leyenda: "En el centenario de su nacimiento Madrid recuerda a Pablo Ruiz Picasso, vecino de esta casa en 1897 y 1898".

La escena ocupa el balcón del primer piso, pero en realidad el mural, pintado en azulejos de 20 x 20 cm, asciende por otros tres balcones en otros tantos pisos. En todos ellos, Gil echó mano de la obra de Picasso. "En el segundo piso quise asomar al balcón a Gertrude Stein [amiga y mecenas del artista en París cuyo retrato es uno de los más profundos del pintor malagueño] y en el tercero puse a una mujer joven que es, en realidad Marie-Thérèse Walter, su segunda esposa [y modelo de algunos de sus cuadros más cotizados de los años 20 y 30]. Para el cuarto ventanal, que es más pequeño [132 centímetros de ancho por 155 centímetros de alto frente a 132 x 262 centímetros el del primer piso], pensé en los retratos que había pintado de su hijo Paulo como clown", explica.

Vista de los murales de los pisos tercero, con Marie-Thérèse Walter, y cuarto, con Paulo Picasso como clown, de San Pedro Mártir, 5.

Vista de los murales de los pisos tercero, con Marie-Thérèse Walter, y cuarto, con Paulo Picasso como clown, de San Pedro Mártir, 5. / ALBA VIGARAY

Del dicho al hecho hay un trecho, no obstante, y este se recorrió a 980 ºC, la temperatura a que se cocieron los azulejos sobre los que Gil plasmó esas ideas. "Calculamos las dimensiones que tenían que tener y los azulejos que íbamos a necesitar e hicimos todo el proceso siguiendo lo que se conoce como técnica pisana", detalla la artista en referencia a un procedimiento procedente de Italia y utilizado desde el Renacimiento. Su marido, el también pintor y ceramista Julián Gil, le ayudó en el bizcochado de las baldosas, el baño preparatorio que se les da, pero fue ella la que realizó los dibujos en cartones a mano alzada, los transfirió mediante un estarcido a los azulejos, numerados al reverso, y procedió a pintarlos, también a mano alzada, antes de la cocción. Todo se realizó en la nave del distrito de Tetuán donde la pareja aún mantiene su estudio, pese a haber bajado su nivel de actividad.

Inaugurado por Paloma Picasso

El mural se inauguró el mismo 25 de octubre de 1981 en que se conmemoraba el centenario, con la presencia del alcalde Enrique Tierno Galván y de Paloma Picasso, hija del artista. "Fue un acto muy divertido", rememora Gil. "Los vecinos estaban muy contentos. Recuerdo que hicieron limonada, aunque hacía un frío que pelaba. Pero fue entrañable, yo creo que al señor Picasso le habría gustado".

Desde entonces, ahí está, en bastante buen estado de conservación, salvo algún mínimo desperfecto en la primera fila de azulejos del primer balcón, y parada de tanto en cuanto de algún grupo de turistas en un free tour y entre el orgullo atemperado por la costumbre cuando no la indiferencia de los vecinos, alguno de los cuales se queja del olvido por parte del Ayuntamiento. Aunque nunca ha sido necesario intervenir en los murales, sí que han tenido que renovar en alguna ocasión las molduras de escayola que los rodean a costa de la propia comunidad. Durante un tiempo el mural se iluminaba por las noches, algo que ya no sucede.

Detalle de la fachada de San Pedro Mártir, 5 en la que se aprecian los cuatro murales de Lola Gil en homenaje a Picasso.

Detalle de la fachada de San Pedro Mártir, 5 en la que se aprecian los cuatro murales de Lola Gil en homenaje a Picasso. / ALBA VIGARAY

"Para alguien fetichista a lo mejor sí puede tener gracia vivir en el mismo edificio en que vivió Picasso", tercia Francesco Pistolessi, que reside en San Pedro Mártir, 5 desde hace unos 30 años y que, además, es pintor, aunque desde hace unos meses anda más centrado en elaborar el catálogo razonado de las obras de su madre, la también pintora Nellina Pistolessi, fallecida el pasado mayo. Él no parece darle demasiada importancia, aunque sí llama la atención sobre un detalle.

La mayoría de biografías coinciden en que Picasso pasó con desinterés por la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Pierre Daix, periodista francés y amigo del artista, recoge una carta que el entonces estudiante envió desde Madrid en la que cuenta cómo un profesor alaba uno de sus dibujos pero le reprocha haber descuidado el encuadre en la página, el encaje. "¡Esto significa que tenía que hacer una caja para encerrar la figura!", escribe el joven Pablo. "Me parece imposible que puedan decirse tales estupideces".

Más le interesaron el Museo del Prado o el parque del Retiro y otros parajes de la ciudad, que dibujó con profusión. La mayoría de esos dibujos se conservan en el Museu Picasso de Barcelona. Entre ellos uno de un balcón, recogido en un libro publicado hace unos años por la editorial Lunwerg, Picasso. Paisajes 1890-1912. "Yo diría que Picasso hizo ese dibujo desde su habitación en este edificio", afirma Pistolessi mientras enseña el libro. Han pasado 120 años, pero sí, si uno se asoma, se diría que los balcones de enfrente son casi idénticos al del dibujo.