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PROBLEMAS DE LIMPIEZA

Cuando las máquinas sustituyen a las personas: trabajadores y oposición apuntan una explicación de por qué Madrid está sucia

El Ayuntamiento ha aumentado el presupuesto y asegura que se han reducido las quejas en lo que llevamos de 2024, pero las protestas han continuado entre los vecinos que se encuentran las calles sucias

Un vehículo municipal de limpieza viaria con el esogan 'Madrid al cielo sí, al suelo no'.

Un vehículo municipal de limpieza viaria con el esogan 'Madrid al cielo sí, al suelo no'. / Ayuntamiento de Madrid

Héctor González

Héctor González

Madrid

Basura amontonada fuera de los contenedores, calles sin barrer y muebles y otros enseres abandonados en las aceras. La estampa se repite por distintas zonas y barrios de la capital. Madrid está sucia; y la impresión es que cada día lo está más. De un tiempo a esta parte, los vecinos cada vez alzan más la voz para protestar por esta situación, con iniciativas como la 'Ruta de la caca' puesta en marcha el pasado verano por los residentes de Usera para denunciar la acumulación de basura, suciedad y malos olores; o las críticas y avisos a Línea Madrid que desfilan por las redes sociales día sí y día también.

El asunto ha sido también objeto de debate político de forma recurrente a lo largo del actual mandato, desde las juntas de distrito hasta el Pleno municipal. En algunos casos tan llamativos como el de Usera, el propio delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, reconoció que algo estaba fallando en la gestión de la limpieza y el Consistorio ha respondido con una campaña informativa de carteles en chino y español, que trata de concienciar contra el abandono de residuos y recuerda las sanciones a las que se pueden enfrentar los infractores. Sin embargo, no parece ser suficiente. Basta dar un paseo por distintos puntos de la ciudad, incluido el centro, para encontrar restos de todo tipo en las aceras y parques.

En 2021, el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida renovó los contratos de limpieza y zonas verdes con un incremento de un 40% que ha elevado el gasto anual a 700 millones de euros y sufragado 2.500 nuevos efectivos, para un total de 5.200 trabajadores. Este "esfuerzo presupuestario sin precedentes", defiende el Consistorio, ha permitido equiparar el nivel de gasto previo a 2013, cuando se llevaron a cabo severos recortes para hacer frente a la crisis económica; así como recuperar las plantillas diezmadas durante aquellos años. Fruto de ello, "la limpieza en las calles de la ciudad ha mejorado notablemente en los últimos seis años, tal y como ponen de manifiesto los indicadores municipales que monitorizan este servicio", y se han reducido las reclamaciones hasta un 31% en lo que va de año, sostienen fuentes de Urbanismo.

Un aumento de personal insuficiente para las necesidades reales

Entonces, ¿qué es lo que falla para que Madrid, pese a contar con más presupuesto y medios, siga estando sucia? Para Jorge Collantes, portavoz de Somos Sindicalistas y trabajador de limpieza viaria, hay una explicación sencilla dentro de la gran complejidad del asunto: falta personal. Antes de 2013, las plantillas de jardinería y limpieza viaria sumaban unos 7.000 trabajadores. Actualmente, son 5.200 entre ambos servicios, además de los cerca de 250 operarios del Servicio de Limpieza Urgente (SELUR).

Todo ello en una ciudad que en 2024 cuenta con 3.460.491 habitantes censados, frente a los 3.215.633 de 2013. Es decir, alrededor de 1.800 trabajadores menos para atender las necesidades de casi 245.000 personas más. Y no solo ha aumentado la población en estos años, sino también la superficie de la ciudad: los nuevos barrios en desarrollo no paran de expandir la capital hacia el norte (Madrid Nuevo Norte y Valdebebas) y el sureste (Vadecarros, los Ahijones, los Berrocales, El Cañaveral y Los Cerros), añadiendo cada vez más y más hectáreas a las 60.445,51 que ocupa actualmente, según los datos municipales.

A esta insuficiencia de personal denunciada, se añade un segundo factor: en los nuevos contratos, "las condiciones técnicas se basan mucho en la limpieza mecánica o la mixta", explica Collantes. Es decir, que los vehículos han suplido en gran parte al trabajo manual de los barrenderos. "La cuestión es que cuando pasa la baldeadora o pasa el barrido mixto te dejan las calles limpias, pero antes teníamos una cantidad de peones de barrido que iban manteniendo esas calles hasta que pasaban de nuevo las máquinas que ahora se ha visto muy reducida", expone el portavoz sindical, que pone como ejemplo su cantón, donde hace 15 años podían ser 30 barrenderos en el turno de mañana y ahora "apenas" son "seis". Sin estos trabajadores que mantengan limpias las calles, subraya, "Madrid se ensucia de la mañana a la tarde y se queda sucia los tres, cuatro o cinco días que tardan en volver a pasar los vehículos".

Zonas de actuación designadas por el Ayuntamiento

Más allá de los medios humanos y materiales de los que dispone el servicio de limpieza, otra cuestión que afecta sobremanera a su eficacia es la forma en la que se distribuyen las zonas de trabajo. "Antes las empresas podían decidir a dónde íbamos los peones, de manera que si había una calle o zona más sucia se podía priorizar", detalla Collantes, "ahora las zonas van numeradas de la 1 a la 12 y hay que hacerlas siguiendo el orden marcado por el Ayuntamiento". El problema es que, como la suciedad es tanta, muchas veces no da tiempo a cubrir todas las áreas, de manera que entre una ronda y la siguiente, "las zonas de prioridad más baja se pueden quedar perfectamente hasta 15 días sin hacer", resume el representante de Somos Sindicalistas.

El quid de la cuestión es que "las zonas de prioridad baja son las que más hay en todo Madrid", apostilla Collantes. Algo que queda patente en el mapa de distribución de limpieza que figura en los pliegos de prescripciones técnicas de los contratos de limpieza - se puede consultar en el visor Geoportal del Ayuntamiento-, que divide la ciudad según niveles de prioridad por calles. Más Madrid denunció en verano la "manifiesta desigualdad" de este sistema y más recientemente el concejal socialista Antonio Giraldo ha reabierto el debate al compartirlo en su cuenta de X (antes, Twitter).

De acuerdo con este mapa, las zonas de nivel 1 (marrón) se limpian a diario, tanto con maquinaria como con barrenderos que realizan el mantenimiento; mientras que las zonas de nivel 4 (morado) se barren una vez por semana y se baldean de forma mensual. Entre un extremo y otro, las zonas 2 (azul) y 3 (rojo) presentan frecuencias e intensidades intermedias. El Ayuntamiento achaca la asignación de estos niveles al grado de actividad en las calles, pero Más Madrid denunció en su informe de verano que la realidad refleja un trato desigual según nivel de renta. Así, los barrios más ricos, Chamberí, Retiro y Salamanca, son los que más se limpian; frente al casi ninguneo de los más humildes, como Villa de Vallecas, Puente de Vallecas y Villaverde. Para la formación que lidera Rita Maestre, este reparto “no se corresponde con la densidad de población, necesidades o actividad comercial” de las zonas, sino aquellos a los que Almeida da prioridad.

Inspecciones laxas y falta de control

Otra arista del problema que señalan oposición y sindicatos es la laxitud en el control del cumplimiento de los pliegos por parte de las concesionarias. "El sistema de inspección y sanción es ineficiente. No hay suficientes inspectores y las pocas sanciones que se ponen a las empresas por saltarse los pliegos son irrisorias", apunta Giraldo. La también concejala socialista Emilia Martínez, que volvió a llevar esta cuestión a la comisión de Urbanismo celebrada el pasado 16 de septiembre, tiene claro que "el problema de la limpieza en Madrid se solucionará de una vez por todas cuando se entre a asegurar el cumplimiento de los pliegos de condiciones".

Para la edil del PSOE-M, una posible vía para ello, como ya ha propuesto anteriormente sin éxito, sería la creación de una comisión de seguimiento en la que "estén las empresas, los trabajadores, el Ayuntamiento y, opcionalmente, que puedan estar los grupos políticos. Eso contribuiría a que la ciudad estuviera más limpia, a un mayor seguimiento de lo que está pasando y, desde luego, a utilizar mejor el dinero de los ciudadanos", zanja la edil del PSOE-M.

Consultados por los mecanismos de inspección del Ayuntamiento, fuentes del Área de Urbanismo aseguran que el control a las empresas se lleva a cabo mediante una serie de indicadores que miden que "se cumplen unos criterios relacionados con la actividad comercial, la población, el uso del espacio público por parte de peatones, su carácter de vial principal o de conexión con otras partes de la ciudad, los accesos a transporte público, etc.". Todo ello, matizan, "con independencia del distrito en que se encuentren". Cuando se detecta algún incumplimiento, "se penaliza a las empresas", exponen, aunque sin entrar a detallar el tiempo, cuantía y cantidad de las sanciones. Por último, el Consistorio recalca que en lo que llevamos de año el número de reclamaciones de limpieza se ha "reducido 31% en comparación con los 8 primeros meses de 2018".