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ADIÓS A UN PEDAZO DE LA HISTORIA DE MADRID

El enjambre de las obras de Delicias precipita el cierre del histórico Café Santamaría

Con los años de esplendor como un recuerdo ya lejano, aunque todavía con ganas de seguir, los efectos de los cortes por las obras de ampliación de la línea 11 de Metro han llevado al dueño del Café Santamaría a tomar la decisión de cerrar este mítico local de Arganzuela

Lunes de 'la vuelta' al cole en Madrid marcado por obras y cortes en varias zonas de la ciudad

Juan Díaz, dueño del Café Santamaría, posa junto a un cartel en el que anuncia el cierre del bar con las vallas y máquinas de las obras de fondo.

Juan Díaz, dueño del Café Santamaría, posa junto a un cartel en el que anuncia el cierre del bar con las vallas y máquinas de las obras de fondo. / XAVIER AMADO

Héctor González

Héctor González

Madrid

Abrió sus puertas en torno a 1965. Fue el primer local de la zona en servir sandwiches y tostadas de desayuno. Durante años fue el bar de referencia al que iban varios actores del Teatro Nuevo Cómico. También fue el sitio al que muchos de los cientos de viajeros que cada día (y cada noche) pasaban por la antigua Estación de Autobuses de Palos de Moguer iban a tomar un café o algo de comer. Ahora, muchas décadas después, este pedacito de la historia de Madrid está a punto de cerrar.

Será este domingo, después de una fiesta de despedida que comenzará a la una del mediodía y se alargará "hasta que el cuerpo aguante", en palabras de su actual propietario, Juan Díaz. Con los años de esplendor - aquella "época dorada" de la que habla con emoción- como un recuerdo ya lejano, pero todavía con unos cuantos parroquianos fieles y un buen flujo de clientes, las obras de la línea 11 de Metro han precipitado la decisión de su dueño. El café Santamaría, histórico bar de Arganzuela, baja la valla por última este domingo 15 de septiembre.

Los trabajos de ampliación del suburbano, que empezaron el pasado 19 de agosto, han trastocado por completo la zona. El siempre transitado Paseo de las Delicias, una de las arterias principales de Arganzuela, se ha visto cortado por la mitad en el tramo que discurre entre la calle Vizcaya y la calle Canarias. Entre una y otra queda la intersección con la popular calle Áncora, que también ha sido completamente cerrada al tráfico entre las calles Rafael de Riego y Batalla de Salado. En medio de ese enjambre de vallas metálicas rojas y blancas, repleto en su interior de maquinaria de pantagruélicas dimensiones, el Santamaría ha quedado recluido en su esquina del número 3 de Áncora.

Aislado entre un enjambre de vallas y máquinas

"Me he quedado aislado", lamenta Juan. Hasta hace nada por ese cruce pasaban hasta 14 líneas de autobuses, coches particulares, taxis y los viajeros de la cercana boca de metro de Palos de la Frontera. Ahora, todo ese tráfico ha sido desviado a las calles aledañas, generando inacabables atascos en las horas punta y una cierta sensación claustrofóbica en los tramos cercados por las valles. Calcula el regente del Santamaría que, de un tiempo a esta parte, ha perdido cerca de un 40% del público y las ventas. Los números han dejado de darle y asegura que ya no puede mantener el local y a sus cinco empleados.

A sus 66 años y con casi medio siglo vinculado al Santamaría - empezó echando uno mano a los 14 y pocos años después asumió el control del negocio junto con otro socio, Ángel Fernández, hasta que se jubiló en 2019-, Juan estaba dispuesto a continuar unos cuantos años más: "Soy el hombre más feliz del mundo teniendo esto", afirma con una sonrisa. Pero ya no lo ve viable. "Ahora mismo, están con los martillos, las obras, el polvo... la gente no se sienta en la terraza muchas veces, no entra a tomarse una cervecita u otra cosa", resume. Peor es por la noche: "Está todo muy oscuro y por aquí no pasa ni Dios", explica el propietario.

Juan posa frente a la entrada del local junto con otros parroquianos.

Juan posa frente a la entrada del local junto con otros parroquianos. / XAVIER AMADO

De ahí la decisión de echar el cierre. Al menos, de momento, tal y como reflejan los carteles que el propio Juan ha pegado por todo el local: "Café Santamaría cierra el día 15-9-24" por las obras metro Línea 11. Hasta nuevo aviso", rezan los folios. Juan no descarta volver a abrir una vez que hayan terminado los trabajos - allá por el 30 de mayo de 2025, si todo va según lo previsto-, pero es una decisión que tendrá que ver y meditar con calma cuando llegue el momento.

Las viejas glorias del Santamaría

Esta clausura, sea temporal o definitiva, certifica el final de una historia hecha de muchos retazos de vivencias pasadas. "Esto era una pasada, fue una época maravillosa", rememora melancólico Juan. "Para que te hagas una idea, en las mesas de ahí fuera se ha sentado más de una vez Eduardo Aute", añade. Mientras hace memoria para recordar los nombres de todas las viejas glorias que en su día frecuentaron o visitaron el Café Santamaría, rebusca y enseña una fotografía plastificada y autografiada por el mítico actor Paco Rabal y por Paco Miranda, un pianista habitual de las noches sesenteras y setenteras del que se cuenta que fue íntimo con Ava Gardner.

Foto y autógrafo firmado por Paco Miranda en recuerdo de Paco Rabal y Carlos Saura, que frecuentaron el Café Santamaría en los descansos de sus rodajes.

Foto y autógrafo firmado por Paco Miranda en recuerdo de Paco Rabal y Carlos Saura, que frecuentaron el Café Santamaría en los descansos de sus rodajes. / H.G.

Ambos, junto con el director Carlos Saura, recalaban en el Santamaría entre rodaje y rodaje de la película 'Tiempos de silencio', basada en la novela homónima de Luis Martín Santos. Y no eran los únicos. La lista, según hace recuento con orgullo Juan, es larga: "Rafaela Aparicio, Florinda Chico, Quique Camoiras, Tino Casal, Manolo Tena... y muchos que no me acuerdo ahora mismo". Algunos de estos venían del contiguo Teatro Nuevo Cómico, antaño ubicado donde ahora está el Ahorramás del Paseo de las Delicias. "Todos venían aquí a tomar el cafecito o lo que tomasen. Y, como se cerraba tarde, venían aquí a última hora", cuenta el todavía regente del Santamaría, que durante muchos años abría también por las noches, a verja bajada, para acoger a los noctámbulos y trasnochados de la zona. Todo ello con el beneplácito de la vecindad: "Yo no he tenido nunca una denuncia de un vecino mío porque me he llevado siempre bien", matiza Juan.

Recuerda también las decenas fiestas de Nochebuena y Nochevieja celebradas en el local con amigos, vecinos y todo aquel que quisiera pasarse. "Muchas veces nos alargábamos hasta pasadas las 9 de la mañana", detalla, mientras por el televisor del fondo van desfilando entre cortinillas fotos de aquellos saraos, repletas de looks dosmileros, gorritos navideños y cigarrillos entre los dedos. Una de las paredes del bar, pegada a la puerta de entrada, está decorada con lo que, según Juan, es un regalo hecho por uno de los ayudantes del mítico Ibáñez. En él se puede ver al propio Juan y a su antiguo socio, Ángel, ataviados de Papá Noel y montados sobre un trineo. "En el dibujo original salen todos los empleados de la época, es una caricatura de todos. Nosotros [los dos socios] vamos montados en el trineo y el resto tirando del carro, como dando a entender que ellos eran los artífices de que esto realmente funcionara", explica.

El dibujo que decora la pared de al lado de la entrada del Café Santamaría.

El dibujo que decora la pared de al lado de la entrada del Café Santamaría. / H.G.

Respecto a la fiesta de despedida del domingo, Juan asegura que "se le merecen mis clientes". Solamente por el hecho ir al Santamaría"debería darles más, pero no sé darles otra cosa más que cariño y alegría", declara emocionado. Habrá música "de los sesenta y setenta, muy de bailar", mucha bebida y varios adioses. Como el de Cloti Martínez, Cloti para sus amigos. Con 76 años a cuestas, es la clienta más antigua del local. Ya estaba por aquí antes de que llegase Juan "cuando no era más que un niño". El cierre supondrá perder su "punto de referencia durante tantos y tantos años"; aunque, por supuesto, no se perderá la despedida: "Si yo falto, no hay fiesta", zanja Cloti.

Vecinos y oposición exigen un plan de movilidad para la zona

Ya llevaban un tiempo en marcha, pero ha sido a partir del pasado lunes, con la 'vuelta al cole', cuando los efectos de los cortes y desvíos de Delicias se han dejado sentir en todo su esplendor. Una semana antes, el propio alcalde, José Luis Martínez-Almeida, reconoció que se avecinaban tiempos difíciles para la movilidad en la capital entre esta y el resto de grandes obras en marcha, y animó a los madrileños a recurrir al transporte público.

Sin embargo, tanto para los vecinos del barrio como para los principales partidos de la oposición, las medidas tomadas por el Consistorio resultan insuficientes. Tras un tiempo alertando del "caos" que se iba a producir en el entorno de Delicias, exigen al Gobierno de Almeida que elabore un plan de movilidad más ambicioso para esta y otros zonas colapsadas de la ciudad, con refuerzos en Metro, autobuses y coordinación con Cercanías.

"Para sorpresa de nadie, todo el entorno de Delicias y Santa María de la Cabeza [...] se ha convertido en lo que todo el mundo sabía que se iba a convertir, una ratonera", lamentó el viernes la portavoz de Más Madrid, Rita Maestre, que señala que faltan conductores y autobuses en la capital para atender a toda la demanda. En la misma línea, la portavoz socialista, Reyes Maroto, criticó días antes que, "a día de hoy no se tiene ningún plan de movilidad aprobado para la ciudad de Madrid", así que lo que llegará será "el caos". "Espero que el alcalde se centra en solucionar esto y no siga sólo con el mantra de que Cercanías tiene un problema, que efectivamente lo tiene y que el PSOE en la ciudad de Madrid no lo niega".