EL ORIGEN DE... (III)

Cuesta de los Ciegos: la estancia de San Francisco de Asís en Madrid y la vista que viene y va

Un hombre baja las escaleras de la Cuesta de los Ciegos, también conocida como Arrastraculos.

Un hombre baja las escaleras de la Cuesta de los Ciegos, también conocida como Arrastraculos. / ALBA VIGARAY

  • El nombre de esta pendiente, también conocida como 'Arrastraculos', proviene, según una teoría, de un milagro que el santo llevó a cabo durante su paso por la capital en el siglo XIII

  • Sin embargo, otra leyenda más cruel apunta a que esta cuesta se llama así debido a un castigo que el religioso dispuso contra dos musulmanes del barrio, Abenares y Xifré

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La pendiente que durante las Fiestas de la Paloma han recorrido los madrileños para subir y bajar de las Vistillas a la calle de Segovia guarda varias leyendas y todas ellas tienen como protagonista al mismo sentido: la vista.

Una de las teorías, la más sencilla de todas, alude a que el nombre de la Cuesta de los Ciegos se escogió porque vivió en esta ladera un grupo o una familia de invidentes conocidos en las inmediaciones porque tocaban música a cambio de una limosna.

Sin embargo, la historia más extendida -y la que se tomó como cierta para la representación de esta cuesta en su placa identificativa- es la relacionada con un milagro de San Francisco de Asís.

El santo recaló en Madrid en el siglo XIII, en una suerte de desvío del tradicional camino que finaliza en Santiago de Compostela. Durante su estancia en la ciudad, en plena Reconquista, el religioso vivía "en una pequeña choza en la zona en la que hoy en día está la basílica de San Francisco el Grande", indica José Luis Rodríguez-Checa, autor de Historias de las calles de Madrid (Editorial La Librería, 2021).

San Francisco de Asís participaba en las labores de caridad que llevaban a cabo el primitivo convento que posteriormente llevaría su nombre y el convento de San Martín, que se ubicaba cerca de la Puerta del Sol, entre las calles Arenal, Hileras y San Martín. Ambas congregaciones se turnaban para repartir cestas con peces y cántaros de barro llenos de aceite entre los más necesitados.

Una mujer baja la Cuesta de los Ciegos, en Madrid. / ALBA VIGARAY

Durante una de las jornadas que pasó en la capital, San Francisco escaló la Cuesta de los Ciegos hasta las Vistillas. Allí se congregaba un grupo de invidentes que "le imploró que les diese algo de limosna", señala Rodríguez-Checa.

"Se cuenta que el santo les dio parte de aquel aceite y que, untándoles con él los ojos, recobraron milagrosamente la vista, bajando alegres la cuesta que, desde entonces, denominaron de los Ciegos", explicaba en el siglo XIX el historiador Antonio Capmany Surís y de Montpaláu en su libro Origen histórico y etimológico de las Calles de Madrid, uno de los primeros compendios del callejero de la ciudad.

Según apunta Daniel Utrilla, uno de los creadores, junto a la ilustradora Sara Velázquez, de la cuenta de Instagram Madrid para Llevar, donde explican curiosidades de la capital en vídeos de un minuto, el santo no les aplicó directamente el aceite en los ojos, sino que creó para los invidentes un "ungüento" milagroso que les permitió recuperar al instante la vista.

Dos musulmanes algo "traviesos"

Otra de las leyendas vincula el nombre de esta cuesta con un castigo divino que ejecutó el propio San Francisco de Asís. Desde que Alfonso VI conquistó Madrid para la cristiandad en 1085, como consecuencia de la recuperación de Toledo, que entonces se encontraban bajo el mando árabe, convivieron en la capital musulmanes, judíos y cristianos.

El santo paseaba por este barrio, por el área de las Vistillas y la Morería, los enclaves en los que vivieron los musulmanes. Fue en uno de esos trayectos en los que dos "traviesos" musulmanes, conocidos como Abenares y Xifré, expresa Utrilla, se hicieron pasar por invidentes. En algunos casos se habla de dos niños y, en otros, de dos personas algo más mayores.

"Padre, padre, ayúdenos", le decían los dos pícaros al religioso. San Francisco, que al parecer se percató de la broma, les untó entonces el aceite en los ojos y los se quedaron ciegos.

Detalles de la Cuesta de los Ciegos.

/ ALBA VIGARAY

"Del arrepentimiento que mostraron los niños, acabaron convirtiéndose al cristianismo y recuperaron la vista", relata Rodríguez-Checa, mientras que Utrilla añade que en la leyenda en la que Abenares y Xifré eran ya jovencitos, el santo les avisó de que sólo volverían a ver "si encontraban trabajo y enderezaban su vida". 

Cuesta de los Ciegos o 'Arrastraculos'

Hasta que fue construida la escalinata que hoy conecta las Vistillas con la calle de Segovia en los trabajos de renovación del entorno en el siglo XIX, esta pendiente se asemejaba a un barranco de tierra.

"Tenía una caída enorme hasta que ya construyeron la escalinata", evoca el autor de Historias de las calles de Madrid. Por ello, popularmente se ha conocido también a la Cuesta de los Ciegos como 'Arrastraculos', debido a que los vecinos tenían que bajarla sentados para no precipitarse.

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