EN EL MATADERO

De grabar a C. Tangana a criar hierbajos: la nave musical más puntera de Madrid lleva nueve años abandonada

La nave de la música, antes y después

La nave de la música, antes y después / Langarita y Navarro / Alba Vigaray

  • La Nave de la Música fue un proyecto innovador y reconocido internacionalmente que apenas duró dos años

  • La falta de voluntad política y la tragedia del Madrid Arena, las razones tras su abandono

  • El Consistorio prepara su reacondicionamiento, aunque aún no sabe para qué lo usará

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"Había un escenario grande, otro pequeño y una especie de isla con muchos estudios. Yo desarrollaba la programación. Hicimos residencias: una convocatoria pública en la que cada cuatro meses traíamos a diez músicos y les dábamos espacios para trabajar. También había un estudio de grabación. Preguntábamos: ¿a quién podemos invitar? ¿Con qué artista has querido colaborar siempre? Pues le llamábamos y venía. Que a un músico le digas que puede grabar durante una semana de forma gratuita... Tuvimos a C. Tangana con su colectivo Agorazein. Dimos oportunidades a gente que en ese momento no era conocida".

Hace diez años, Pedro Portellano pasaba los días metido en la nave. Trabajaba como director de ese enorme espacio —5.000 metros cuadrados en el Matadero de Madrid, el centro de arte y creación contemporánea de la capital— en el que hoy solo hay arena, polvo, malas hierbas y estructuras de madera abandonadas.

La nave, en estado de abandono

/ Alba Vigaray

"Un día normal estabas ahí con diez músicos que convivían. Luego en el estudio había alguien grabando. Y por la noche, concierto", rememora Portellano en conversación con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. "Todo esto en Matadero, donde también había mucha colaboración. Funcionaba muy bien. Había una parte privada combinada con un proyecto público, que es algo muy difícil de hilar. Pero había sintonía. Es una rareza que llegase a ocurrir".

La Nave de la Música fue un proyecto puntero que hubo en Madrid entre finales de 2011 y principios de 2014.

Nació impulsado por Red Bull, que en aquel momento montaba una academia de música cada año en una ciudad del mundo, y el Ayuntamiento de Madrid, entonces dirigido por Alberto Ruiz-Gallardón.

Pese a su corto tiempo de vida y las prisas con las que se construyó, obtuvo numerosos reconocimientos internacionales.

El espacio contaba con estudios de grabación y escenarios

/ Langarita Navarro

"Solo nos dio alegrías", recuerda Víctor Flores, que en aquel momento era director de marketing cultural de Red Bull y lo lideró. "Nos invitaron a un montón de conferencias sobre financiación de industrias culturales. The New York Times le dedicó un artículo como ejemplo de colaboración público-privada. Y el proyecto arquitectónico tiene cinco premios, incluido el Mies van der Rohe a arquitectos emergentes".

La versión oficial es que la nave cerró, ya en el mandato de Ana Botella, porque terminó el convenio de colaboración entre la empresa y el Consistorio.

Sin embargo, hubo otros condicionantes: la falta de voluntad política para continuarlo y una tragedia, la del Madrid Arena, en la que cinco jóvenes murieron aplastadas y tras la que se cuestionó tanto a las salas de fiestas como a los espacios públicos con actividad musical.

Desde su clausura se han hecho algunas reformas en la estructura del edificio —durante la legislatura de Manuela Carmena, con un coste de 600.000 euros—, pero no se ha vuelto a utilizar: la nave permanece cerrada, con las puertas cubiertas con lonas negras hasta que el Ayuntamiento decida qué hacer con ella.

Los trabajadores se llevaron el material técnico de grabación y el mobiliario, pero nadie llegó a desmontar los estudios —catorce 'casitas' de madera— ni los escenarios, que siguen ahí acumulando suciedad.

Las estructuras siguen ahí, pese a que la nave esté en desuso

/ Alba Vigaray

La corporación actual, dirigida por José Luis Martínez-Almeida, tiene planes de recuperarla, según han explicado fuentes del área de Cultura a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.

De cumplir los plazos previstos, la obra no estará terminada hasta finales de 2023, pasadas las elecciones municipales.

Ya hay un estudio hecho sobre el estado estructural de la nave y se ha encargado un proyecto de intervención a los mismos arquitectos que firmaron el primero, María Langarita y Víctor Navarro.

Se espera licitar la obra a finales de este año y su importe ascenderá a 2,5 millones de euros, con 50% a cargo de fondos europeos FEDER.

Las direcciones competentes —la de Patrimonio Cultural y la de Actividades Culturales— están aún "estudiando la finalidad y contenido" que le darán al espacio. Lo harán conscientes, aseguran, de "los antecedentes" que tuvo y de su "gran aceptación".

Un tsunami en Fukushima

Que la Nave de la Música surgiera en Madrid está directamente relacionado con el tsunami y posterior accidente nuclear de Fukushima, en Japón.

La catástrofe tuvo lugar el 11 de marzo de 2011. Ese año, Red Bull tenía previsto montar su academia musical (Red Bull Music Academy) en Tokio, la capital del país.

"El principal proyecto musical que teníamos a nivel global era la Red Bull Music Academy", cuenta Flores. "Se trabajaba a dos años vista. La ciudad que lo alojaba lo llevaba en sus planes, se rehabilitaban los espacios y se construían estudios, salas y oficinas. En marzo fue el tsunami y, debido a la incertidumbre, desde Red Bull Japón se decidió que no iría adelante. En España teníamos la capacidad de levantar la mano y decir que lo podíamos intentar. Hablamos con el director de Matadero, Pablo Berástegui, y surgió la oportunidad".

El espacio de Matadero, una reconversión del antiguo matadero de animales de la ciudad, nació en 2006 durante la alcaldía de Gallardón, quien en esa época inició el soterramiento de la M-30 y la construcción del parque de Madrid Río, adyacente al espacio cultural.

Poco a poco se rehabilitaron las distintas naves, aunque la nave que nos ocupa (la número 15) seguía sin reforma en 2011.

La nave, vista por fuera

/ Alba Vigaray

"La nave 16, que es la gemela, tuvo una reforma integral con presupuesto. Cuando fuimos a ver la nave 15 estaba toda graffiteada, con suelo de tierra y se usaba como almacén. Estábamos en marzo y teníamos que abrir la academia musical en octubre. Era muy poco tiempo", continúa el que fuera director de marketing de Red Bull.

"En aquel momento la delegada de cultura era Alicia Moreno Espert, la hija de Nuria Espert. La corporación de Gallardón se rodeó de gente que entendía de cultura y vieron la oportunidad. Nos pusimos de acuerdo muy rápido. Le pedimos al Ayuntamiento una respuesta en diez días, nos la dio y fuimos a por ello".

Cuando Madrid dio su visto bueno y Red Bull se puso manos a la obra con el proyecto, la nave 15 era un espacio diáfano y sin acondicionar. Tenían que diseñar y construir catorce estudios pequeños, un estudio de grabación profesional, los escenarios y la sala de conferencias en poco más de seis meses.

"Pablo nos recomendó a los arquitectos: María Langarita y Víctor Navarro, que habían hecho ya algún trabajo en Matadero. Todo el mundo nos decía que no era viable, que no se podía ejecutar una obra tan compleja en tan poco tiempo. Pero nos liamos la manta a la cabeza y nos tiramos a la piscina sin agua", dice Flores. "La ejecución fue muy dura. Fueron tres meses trabajando día y noche, a los involucrados nos quitó años de vida y llegamos justos, pero llegamos. Fue un poco loco. Lo que vino después lo arregló".

Tanto el plazo como el presupuesto, que ponía Red Bull, con el que trabajaron los arquitectos fue muy ajustado. Optaron por crear una solución "de emergencia" con construcciones ligeras de carácter temporal, sin actuar sobre la nave, que está protegida. Así lo explican ellos mismos en el dossier de la intervención, aún disponible en la web de Matadero:

"El proyecto se ha pensado para ser desmantelado sin dejar huella. Incluso las actuaciones más 'pesadas' se han pensado para ser reversibles y que permitan un fácil reciclaje en el futuro. Es el caso de los sacos terreros para los muros de las salas de grabación o la plantación de las especies en macetas para su futuro trasplante a otros espacios de Matadero o la ciudad".

Además de construir los distintos espacios, los arquitectos trabajaron con un paisajista para crear un jardín interior.

La Red Bull Music Academy se desarrolló entre octubre y noviembre de 2011.

"Acogimos a sesenta músicos de todo el mundo, vinieron 200 periodistas internacionales y un montón de gente de la industria musical. De puertas para dentro de Matadero hubo charlas; de puertas para fuera, se hizo un festival por toda la ciudad. Esa fue la Academy", añade el ex-director de marketing. "En febrero de 2012 reabrimos como Nave de la Música del Matadero. Red Bull seguía involucrada con una visibilidad de la marca más discreta a través del Red Bull Studio. La empresa ya tenía una red de estudios de grabación por todo el mundo".

La marca continuó financiando y dando vida a la nave.

"Una vez terminó la Academy, con aquella programación increíble, se vio que era absurdo abandonarla. Red Bull había conseguido una imagen muy buena. Se decidió continuar", cuenta Portellano. "A mí, que ya había trabajado en Matadero, me ofrecieron ser responsable. Matadero siempre ha funcionado por disciplinas: está la Casa del Lector, las Naves del Español... La Nave de la Música era perfecta para cerrar el puzzle".

La tragedia de Madrid Arena

Los meses siguientes fueron un hervidero. Además de contar con su propia programación, dejar los estudios a distintos colectivos para grabar programas de radio y montar conciertos, los responsables cedían el espacio a Matadero y a promotores privados.

"Desde DJ Shadow a festivales. También el Primavera Sound trajo parte del Primavera Club. Estaba súper vivo todos los días de la semana", recuerda Flores.

Pero el 1 de noviembre de ese año todo se empezó a truncar. Era la noche de Halloween y se celebró una fiesta con el DJ Steve Aoki en Madrid Arena, un pabellón municipal situado en la Casa de Campo y pensado para acoger eventos deportivos, no conciertos ni macrofiestas.

La empresa organizadora del evento vendió más de 16.691 entradas y el posterior análisis policial cifró entre 19.000 y 23.000 los asistentes reales. Técnicamente, el aforo era de 9.600 personas. En un momento de la noche se produjo una aglomeración en un pasillo y cinco chicas de entre 18 y 20 años murieron aplastadas (tres de ellas en el acto, dos más tarde en el hospital).

"Todo era alegría. Todo iba muy bien. Pero en noviembre de 2012 ocurrió lo de Madrid Arena y eso condicionó no solo a Matadero, sino a todos los espacios privados y discotecas. La nave necesitaba unos ajustes técnicos importantes y ahí nuestros caminos empezaron a divergir", relata Flores. "Después de Madrid Arena hubo un momento de pánico y pudimos mantener la actividad de residencias o charlas, pero montar un festival o un concierto era delicado. Se perdió una parte muy importante de la actividad".

Las crónicas de la época dan cuenta de que los afectados por el suceso —plagado de irregularidades y que le costó tres años de cárcel al empresario responsable— no fueron solo los promotores de la nave, sino todo el tejido musical de la ciudad. Se cancelaron eventos, se multiplicaron las inspecciones y se recortaron drásticamente los aforos de fiestas ya programadas en edificios públicos. Incluso cerraron durante meses el Palacio Municipal de Congresos y el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo.

En ese momento ya gobernaba Ana Botella —quien se fue de vacaciones a un spa de Lisboa en plena crisis—, tras ser designado ministro de Justicia Ruiz-Gallardón. El equipo municipal y el de Madrid Destino, empresa municipal gestora de Matadero, cambiaron. Y la Nave de la Música dejó de ser una prioridad.

Los trabajadores se fueron de la nave a principios de 2014

/ Alba Vigaray

"Mi sensación es que, así como el primer equipo entendió perfectamente el espíritu y el concepto, los siguientes no supieron apreciarlo. No fue tanto un tema de Matadero, más bien de la falta de voluntad del Ayuntamiento", dice Flores.

Que la nave necesitara ciertas reformas estructurales —las que inició Carmena y rematará el equipo de Almeida— tampoco ayudó a su continuidad. El convenio terminaba a finales de 2013 y se amplió unos meses más, pero viendo que aquello no mejoraba la empresa terminó marchando.

"Al final lo dejamos. Estábamos invirtiendo mucho esfuerzo y no podíamos. Desmontamos toda la parte técnica de los estudios y dejamos las estructuras y las plantas, que se murieron. Para mí fue una pena ver cómo crecía la maleza, cómo se iba quedando hecho polvo...", continúa. "Fue el proyecto más importante de mi vida profesional. Como un hijo".

Flores cree que, ahora que la nave espera su segunda vida, sería interesante que siguiera estando relacionada con la música y la creación.

María Langarita, la arquitecta galardonada por la primera intervención, adelanta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que la nave "se verá muy parecida a cómo era" porque el proyecto que están preparando es "de conservación: se reutiliza lo existente, se sustituyen los elementos dañados y se completan los desaparecidos".

"Eso sí", concluye, "las instalaciones, aislamientos térmicos y la eficiencia de la instalación de iluminación serán actualizados a los requerimientos actuales, muy superiores a los que teníamos entonces, fundamentalmente porque en su momento la nave de música era un proyecto temporal".

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