MADRID

El pacto con los carmenistas aboca a Almeida a alejarse de la proyección más liberal de Ayuso

La renuncia al acta del edil carmenista Felipe Llamas no resta al equipo de gobierno los votos suficientes, de manera que, salvo nuevo imprevisto, el presupuesto saldrá adelante.

El pacto con los carmenistas aboca a Almeida a alejarse de la proyección más liberal de Ayuso

EFE/ Chema Moya

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El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, tiene un as en la manga para contraatacar las críticas que muy probablemente va a recibir de Vox por haber acordado sus presupuestos con los carmenistas del grupo mixto: volver a sacar a relucir su otrora perfil trasversal y pactista. Todos los firmantes de este acuerdo municipal están convencidos de que las críticas al mismo van a arreciar sin descanso y que Vox será uno de los principales protagonistas de esta pelea política para intentar dañar la imagen del alcalde y también portavoz nacional del PP hurgando en las diferencias con Isabel Díaz Ayuso.

Más aún, tras el anuncio realizado a última hora del día por Felipe Llamas, uno de los cuatro ediles carmenistas que ha decidido renunciar a su acta de concejal por no estar de acuerdo con el contenido y las prisas por alcanzar el pacto. Llamas había hecho partícipe de su incomodidad a sus compañeros del grupo durante los escasos días que ha durado la negociación, pero según fuentes de la formación, no conocieron su intención de dejar la política para no votar el acuerdo prácticamente hasta que se hizo pública la noticia. Esta renuncia, en cualquier caso, no resta al equipo de gobierno los votos suficientes, de manera que, salvo nuevo imprevisto, el presupuesto saldrá adelante.

La necesidad ha abocado a Almeida en brazos de los carmenistas a los que su hasta ahora socio prioritario llama constantemente "comunixtas". Separarse de Vox no ha sido una decisión tomada por convicción política sino obligada por el portazo que los de Javier Ortega Smith dieron al alcalde y ahora tanto Almeida como Génova se ven en la obligación de defender este giro a favor de los nuevos protagonistas del acuerdo que tanto les aleja de la posición de la que goza Isabel Díaz Ayuso, que ha logrado sacar adelante sus presupuestos sin ceder además en todas las peticiones que hizo Vox.

Al margen y sin críticas

Entre los ayusistas no han escatimado en críticas o comentarios hacia Génova cuando se trataba de pelearse con la plana mayor del partido para posicionarse en su lucha por la presidencia del PP de Madrid. Sin embargo, no parece que quieran hacer sangre con la nueva situación de Almeida.

Llevan días, desde que se auguraba este final en el Ayuntamiento, diciendo que no quieren entrar a valorar el cambio de socios del alcalde porque desconocen el detalle del contenido del acuerdo o de la relación entre los equipos municipales, y cuando lo hacen, cuando deslizan una valoración, intentan diferenciar la situación de Ayuso, que con una mayoría que por sí sola suma más que la izquierda solo necesita que Vox se abstenga, mientras que Almeida sigue teniendo un gobierno que depende primero de Ciudadanos y después, de otros cuatro ediles que les voten favorablemente. No hacen sangre, pero dejan bien claras las diferencias del peso de uno y otro.

El propio alcalde lleva semanas repitiendo que la postura de Vox responde a una estrategia nacional de este partido, en la que Ortega Smith actúa, poco más o menos, de peón de Santiago Abascal en un ajedrez con varias jugadas abiertas en distintos territorios, pero cuyo objetivo es único: lograr el jaque mate a Pablo Casado.

Tras la presentación del acuerdo lo ha vuelto a hacer. Almeida ha asegurado que tiene "autonomía" para decidir sus propios pactos en el Ayuntamiento a pesar de ser portavoz nacional y ha recordado que Vox ha preferido seguir la "consigna" nacional de su formación olvidándose de los madrileños, que es a quienes se debe. Su campaña de defensa pasa por dejar en evidencia a Vox: "No pueden pretender que Madrid quede bloqueada si ellos no quieren sentarse o que no agotemos todas las posibilidades".

Panorama nacional

En Génova de momento cierran filas con su portavoz nacional y aseguran que respetan "su criterio en la búsqueda de los presupuestos que convienen a Madrid", utilizando el mismo argumento que el alcalde: "Los ciudadanos están por encima de los partidos". A lo que añaden poco más o menos que da igual con quién se saque adelante este proyecto, "bienvenidos sean con o sin Vox". El alcalde, en cualquier caso, reitera que los de Recupera Madrid no se han convertido ahora en su nuevo socio preferente (si bien es previsible que nuevas iniciativas municipales se aprueben en adelante con su apoyo), un mensaje que no solo como alcalde sino como portavoz nacional tiene su transcendencia cuando en Andalucía y Castilla y León están también pendientes cómo se mueve el electorado del arco derecho.

Los dos barones populares en estas dos regiones rehúyen, en principio, de cualquier acuerdo que suponga incorporar a Vox en sus futuros gobiernos, pero lo cierto es que todo depende de la aritmética electoral. Conscientes de que la mayoría absoluta ha quedado para tiempos pasados, a ambos les gustaría imitar a Ayuso y lograr, al menos, una mayoría que sume a las izquierdas, de forma que Vox pueda quedarse solo como un colaborador externo a quien pedirle la abstención cuando sea necesario si no quiere quedarse solo con la izquierda.

El primer hito de la carrera electoral que ya ha inundado el país será en Castilla y León el próximo 13 de febrero. Allí, el presidente de la región y candidato popular, Alfonso Fernández Mañueco, ha podido hasta ahora ignorar a Vox porque solo tenía un diputado en las cortes regionales y solo ha tenido que rendirse a Ciudadanos hasta que la desconfianza o la oportunidad le han hecho romper su gobierno de coalición.

El presidente andaluz, en cambio, sí tiene experiencia con lidiar con Vox. Juanma Moreno Bonilla lleva dos años pactando con Vox, que le ha permitido hasta ahora mantener un gobierno de coalición con Ciudadanos más o menos estable, una situación muy similar a la que ha tenido Almeida en el Ayuntamiento hasta ahora. Al actual presidente andaluz le gustaría seguir así, sin tener que incorporar a Vox en un futuro gobierno, pero los de Abascal en Andalucía no han aclarado qué quieren hacer y se guardan esa carta hasta ver el resultado de las elecciones autonómicas, que se celebrarán en junio u octubre de 2022, tal y como avanzó EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.

En Madrid, mientras, Almeida ha lanzado varios mensajes para intentar bloquear las posibles críticas de Vox o de los votantes del PP más escorados a la derecha. El propio documento del pacto con Ciudadanos y los carmenistas hace referencia a la "estela de los Acuerdos de la Villa", que sellaron todos los grupos municipales en el peor momento de la pandemia. Estos acuerdos permitieron a Almeida convertirse durante unos pocos meses en un alcalde trasversal capaz de entenderse con todos por el bien de los madrileños. Pero al poco de firmar este acuerdo fue nombrado portavoz nacional del PP, empezó a defender la estrategia nacional de su formación que implicaba ser más duro con la oposición y los partidos representados en el consistorio empezaron a no ver con buenos regalar esa imagen de hombre de consenso al alcalde.

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