Guerra en Ucrania

Inundada y atacada con artillería: el doble martirio de Jersón

Alrededor 600 kilómetros cuadrados se han inundado a ambos lados del río Dniéper y se estima que 40.000 personas podrían verse afectadas

Ciudadanos de Jersón se mueven en lanchas por las calles inundadas por la destrucción de la presa de Novo Kajovka.

Ciudadanos de Jersón se mueven en lanchas por las calles inundadas por la destrucción de la presa de Novo Kajovka.

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Fermín Torrano

Si la guerra es un escenario en el que la ironía se entremezcla con la tragedia, Jersón es su teatro principal. En la misma calle en la que las lanchas de rescate se abandonan a la carrera para esquivar la artillería rusa que viene de la otra orilla del río, un cañón soviético conmemora la liberación de la ciudad. De la derrota nazi han pasado 79 años, de la última agresión rusa apenas unos minutos. Poco importa que la ofensiva ucraniana suceda en otro punto del frente o que miles de civiles estén atrapados en sus casas por la inundación, tras la voladura de la presa de Nova Kajovka. El Kremlin no perdona y lleva dos días disparando a matar.

"¡Putos rusos! A veces pienso que esta guerra sólo puede acabar conquistando Moscú", grita Dima, un soldado retirado de las Fuerzas Armadas ucranianas que llegó esta semana a Jersón. Su plan: poner a salvo los enseres y recuerdos de su apartamento. A unos pocos metros de él, mujeres como Irina miran atentas cada bote, por si el siguiente rescatado fuera su familiar.

Alrededor 600 kilómetros cuadrados se han inundado a ambos lados del río Dniéper y se estima que 40.000 personas podrían verse afectadas. De especial gravedad son las informaciones sobre el lado controlado por Moscú, donde hay localidades enteras sumergidas bajo el agua.

Allí, los soldados de la 'Z' aguardan en los 'check-points', impidiendo a los rescatistas alcanzar las zonas más críticas. "Tienen miedo de los saboteadores. Sospechan de todo el mundo", explica un voluntario de nombre Yaroslav. Algo similar contaba Yevheniy este jueves, tras llegar desde Zaporiyia con sus amigos y lanzarse con varias barcas a ayudar. Él quedó atrapado entre el agua y la mirilla de los soldados rusos. Dando las coordenadas por teléfono, se quedó sin conexión. "Ha sido un jodido infierno", confesaría horas después.

No a la ocupación, no a la evacuación 

Si Jersón fuera una película, se llamaría 'La Inundación'. Pero eso no les importa a muchos vecinos de la capital. El agua ha superado los cinco metros y medio de altura, aunque poco a poco, comienza a bajar. Aquí asoman tejados, semáforos, bidones de gasolina y algún que otro cartel. "Me quedé durante la ocupación, no me voy a asustar por un poco de agua. Mientras me queden conservas y pan, no pienso moverme", grita una señora desde la orilla de un bloque de viviendas construido sobre una colina. Tienen suerte, porque son de los pocos que pueden bajar a una zona del párking y andar. Sus vecinos también sonríen y saludan a los militares y voluntarios que navegan por las avenidas de Jersón. "Id más para allá, quizás quede alguien que quiera moverse".

Una zona de Jersón, inundada tras la ruptura de la presa de Nueva Kajovka.

/ VLADYSLAV SMILIANETS / REUTERS

Reacciones que contrastan con la de Víctor, de 69 años, emocionado al bajar en volandas de una lancha de rescate, o la de Valentyna, de 90, que lloraba desconsolada, por fin en tierra. Su perro murió ahogado en el patio trasero de su casa.

¿Quién voló la presa?

Sobre quién destruyó la presa, sí hay consenso en la ciudad de Jersón. Y, aunque no se ha encontrado ninguna prueba concluyente, todos los indicios apuntan a Moscú. Según un informe publicado por Nosar, una fundación noruega que recopila información sobre movimientos sísmicos, a las 02.54 am, hora local del martes, se detectó una actividad que encajaría con los indicadores de una explosión. El tiempo coincide con las primeras alertas sobre el colapso de la presa. Paralelamente, medios ucranianos reportan que el Ejército ruso estaría demoliendo otros embalses más pequeños en la región de Zaporiyia.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, llevaba meses alertando de un posible sabotaje ruso y el jefe del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa, Oleksii Danilov, también ha sostenido que miembros la 205ª Brigada Motorizada de Fusileros de Rusia fueron los encargados de minar el embalse.

Un movimiento del que existen dudas sobre a quién beneficia más. ¿Quedará Crimea sin acceso a agua? ¿Impedirá el nivel del río los ataques ucranianos a través del Dniéper? ¿Permitirá a los rusos liberar tropas durante un tiempo para centrarse en el frente sur? Estas y otras muchas consideraciones geopolíticas están muy alejadas de las calles de Jersón. Especialmente, en las orillas para la evacuación.

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"Menos mal que no ha habido tormenta", resopla Darik, uno de los muchos voluntarios civiles que se ha acercado para ayudar. "En realidad", se corrige, "menos mal que ha sido en verano. En invierno... todos muertos. Congelados bajo el agua". Lo dice tras saltar de la embarcación con la que ha atravesado la Jersón inundada, mientras la artillería golpeaba la ciudad. Ni siquiera la carrera para ponerse a cubierto del fuego ruso le altera el tono de voz. Son más de 15 meses de guerra en la única capital regional ucraniana que ha sufrido el trauma combinado de la ocupación, persecución, torturas y bombardeos.

Si la guerra es un espejo, en Jersón se ve el porqué del descalabro ruso. Ocurre en el deporte, en la vida y en Ucrania. Las derrotas, aunque se confirman en el último minuto, suceden mucho antes del estallido final.

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