TERREMOTO

Superviviente del terremoto en Turquía: "Aún no me creo que estemos vivos"

Según las autoridades anatolias, cerca de 5.000 edificios en el sureste del país han colapsado por culpa del seísmo; debajo de ellos, miles —vivos y muertos— esperan a ser rescatados

Superviviente del terremoto en Turquía: "Aún no me creo que estemos vivos"
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Adrià Rocha Cutiller

Todo fue cuestión de tres segundos. La joven, la hija del portero del edificio, estaba saliendo con su familia, desde la planta baja. Estaban ya todos fuera cuando a ella, a la joven de 17 años, le cayó una piedra encima. Desfalleció, recuerda un vecino que vio la escena porque él había tenido algo más de tiempo para salir de su casa. Fue entonces cuando el edificio se le desplomó encima de la joven

"Ocurrió todo en nada. Fue horrible. La familia estaba a unos pocos metros de ella, pero solo quedó atrapada ella. No sé cómo se llamaba, pero sí sé que ahora están intentando sacarla a ella debajo de los escombros", recuerda este vecino de Adana, una de las ciudades del sur de Turquía afectadas por los seísmos de este lunes. Su casa sigue en pie pero es, ahora, territorio vedado: nadie, en las zonas afectadas por el terremoto se atreve a volver a su vivienda. Decenas de miles han pasado esta noche al raso, a temperaturas bajo cero.

A la mayoría, sin embargo, les da igual. Hay cosas más importantes. "Oye, ¿y has escuchado si van a sacar a alguien más dentro de poco?", le pregunta otro vecino al primero. "Es que mi amigo tiene a su hermano y la prometida ahí dentro". El primer vecino responde que ni idea, que solo escucha los gritos de los equipos de rescate y, sobre todo, el estruendo de las excavadoras, que rebuscan, acompañados de una grúa, lo que pueda quedar entre los escombros. 

Fotografía aérea hecha con un dron que muestra la destrucción causada por el terremoto en la ciudad de Kahramanmaras, Turquía. EFE/ Abir Sultan

Según el Gobierno turco, más de 5.000 edificios han quedado completamente destruidos por el terremoto. De ellos, la mayoría han sucumbido en las provincias de HatayKahramanmaras y Gaziantep. En Adana, donde estos vecinos esperan en una desolación ya cercana a la resignación, los edificios derrumbados han sido pocos. Pero los ha habido. 

"El gran problema se ve que ha sido que el edificio ha caído cuando todo el mundo corría escaleras abajo. Y en un edificio tan grande de 16 plantas, las escaleras están en el centro. Esto ha hecho que todos hayan quedado atrapados en el interior. Y los equipos de rescate lo están teniendo muy difícil para sacar nada. Creo que no han conseguido sacar a nadie con vida", dice el primer vecino.

Casi todos muertos

"No, sí que lo han hecho. A primera hora de la mañana han podido sacar dos con vida. Todos los demás, creo que 15, estaban ya fallecidos", le interrumpe otro hombre. Y, entonces, ¿cuántos pueden quedar aún dentro? "Uf, no lo sé… muchos. Ahí vivían familias, gente mayor. Me temo que estarán todos muertos", contesta este. 

A su alrededor, mientras las tareas de rescate continúan, mujeres se abrazan y lloran mientras comparten las mantas que reciben de los servicios de emergencia; hombres con los ojos rojos de aguantarse el llanto fuman sin parar. Algunos discuten en conversaciones flojas que, por la tensión de la espera, a veces llegan a las manos. Pero pocos hablan. Todos miran en una dirección: hacia los escombros. La espera puede durar días.

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Mientras tanto, muchos de las zonas más afectadas llegan a Adana, donde la situación es algo mejor. "No puedo más. Desde las cuatro de la madrugada corriendo arriba y abajo. No puedo más, hermano. Necesito comer algo", dice uno de estos recién llegados, que se ha sentado con su familia de sangre y política a cenar en lo que es, probablemente, la primera comida del día.

Entonces, el hermano mayor coge los galones y, agotado, repite cuatro veces lo que comerán todos. El camarero lo mira; lo ha entendido a la primera. Pero el hombre, lleno de magulladuras, sigue repitiendo: "una sopa, tres sopas, dos kebabs, uno que sea grande, una porción y media, una sopa…". El camarero se marcha y el hermano mayor, manos en la cara, se hunde: "Aún no me creo que estemos todos vivos".