REVOLUCIÓN EN IRÁN

El "trozo de tela" que silencia a Irán: "Sin el velo te arriesgas a que te pongan la mano encima"

Sima Tehrani, iraní residente en Madrid, en el parque de El Retiro.

Sima Tehrani, iraní residente en Madrid, en el parque de El Retiro. / ALBA VIGARAY

  • Irán está inmerso en una revolución tras el supuesto asesinato de Mahsa Amini a manos de la policía por no llevar bien puesto el hijab.

  • Sima Tehrani, iraní afincada en España, estuvo allí los días en que asesinaron a la joven: "El clima era horroroso".

  • "El país está gobernado por un régimen totalitario que quiere controlar incluso el color de la ropa de sus ciudadanos", explica Nazanin Armanian, politóloga iraní.

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Sima Tehrani no lanza su hijab al viento porque no tiene, pero tampoco arroja la toalla con el hecho de que ninguna otra mujer tenga que volver a llevarlo en su país, en Irán, si no es por voluntad propia. Ella vive en España junto a su marido desde hace 27 años, cuando decidió que ningún régimen volvería a "invisibilizarla" por ser quién es, pero estuvo visitando a su familia en su tierra natal los días en que supuestamente fue asesinada Mahsa Amini, la joven que apareció muerta tras un interrogatorio de la policía de la moral iraní por no haberse puesto bien el velo. "Pensaba que las cosas habrían mejorado, pero fue horrible sentir el clima que se respiraba... Ver que todo sigue igual", dice.

Consciente de lo mucho que se juega su familia con esta entrevista, Sima se mueve con prudencia entre las jaulas de la Casa de Fieras del Retiro, en Madrid. "Si vas contra ellos [contra el Gobierno] intentarán hacerte daño donde más te duela. Irán a por tus padres, tus abuelos, tus hermanos... Todo lo que esté a su alcance", explica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. Aun así, Sima, que no se llama Sima ni se apellida Tehrani, dice que tiene que hablar "por todas esas personas que allí no pueden; hay que darles voz, hay que ayudarles desde fuera todo lo que se pueda".

Durante años, explica, Irán ha languidecido bajo la sombra de un régimen que ha tenido que "apretar más" a sus ciudadanos con tal de perpetuarse. La generación inmediatamente anterior a la de Sima, que tiene 50 años, vestía incluso minifaldas antes de que el velo volviese a oprimir a la mitad de la población. La llegada al gobierno de "ellos", como llama a quienes ostentan el poder y a quienes les sostienen, lo cambió todo. Callar para no destacar y apoyar para no quedarse en los márgenes de la sociedad se convirtieron en dos máximas con las que ella no pudo vivir.

"Llegaron cuando yo tenía 8 años y me impusieron el velo. De un día para otro nos hicieron entender que para una mujer no había nada, que éramos ciudadanas de segunda y que teníamos que vivir sometidas. De eso te vas dando cuenta con los años, cuando incluso tus padres, que no lo apoyan, te dicen que pases desapercibida, que cumplas con lo que te exigen para no dar una excusa para que alguien te ponga la mano encima", recuerda.

Sin embargo, hay quien, como ella, no puede tragar con ese silencio. "Primero piensas que tienen razón, que no merece la pena arriesgarse a que te pase algo por no ponerte un trozo de tela, pero es que detrás de esa prenda hay mucha ideología. Que eres inferior, que eres insignificante, que no vales nada, que tienes que ser sumisa y que tú no tienes ni voz ni voto. Callarte y obedecer, a eso reducen tu papel", asegura.

"Durante estos 43 años las mujeres iraníes, yo incluida, hemos sido perseguidas y golpeadas por cosas como no llevar el velo bien puesto. Exactamente igual que lo que le pasó a Mahsa Amini", explica a este periódico Nazanin Armanian, politóloga iraní y experta en Relaciones Internacionales. "En Irán hay un totalitarismo, no es ni siquiera una dictadura. Es un régimen obsesionado con controlarlo todo, incluso el más mínimo detalle de su población: qué prendas visten, de qué color...".

Constantemente, cuenta Sima, en las historias que corren secretamente entre los iraníes se entremezclan los rumores y las verdades que nadie quiere contar. En los taxis, en las casas, en todos aquellos sitios donde creen que el Gobierno puede no tener puestos sus oídos. Susurran, pero en realidad gritan.

El miedo al deshonor, a que una familia quede "manchada" por el estigma de tener, por ejemplo, una hija que ha sido violada, silenció durante años los abusos contra una población que "nunca ha sido tan retrógrada como este Gobierno", pero la sangre de Mahsa Amini parece haber sido "la gota que ha colmado el vaso".

La esperanza, sin embargo, reside en los más jóvenes. A pesar de que, como cuenta Sima, son la primera generación que se ha criado "en manos del régimen y de su propaganda", las revoluciones cada vez se suceden más a menudo. "Cada diez años, cada cuatro, cada dos... Y ahora todos los años tenemos una. Costará y sufrirá mucha gente por el camino, pero todo llegará. Tengo mucha fe en ellos, no solo en las chicas, sino también en los chicos. La represión es contra todos", asegura.

La de Irán es una revolución que avanza poco a poco y con mucho dolor. Este mismo fin de semana, en una de las últimas manifestaciones por los derechos de las mujeres iraníes y por el fin de la represión en el país, al menos 19 personas han muerto y una veintena han resultado heridas en la ciudad de Zahedán.

Desde que falleció Amini hace ahora dos semanas, más de un centenar de iraníes habrían muerto fruto de la represión policial, aunque la cifra total se desconoce por la falta de transparencia de la administración.

Durante este tiempo, las protestas han dado el salto también a varias capitales europeas. Entre ellas, Madrid, donde cientos de mujeres se manifestaron a las puertas de la embajada de su país para condenar la muerte de Amini y la violenta represión de las protestas en Irán.

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Allí, el embajador en la capital española, Hassan Qashqavi, aseguró en una entrevista con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que la policía solo intervino cuando las manifestaciones dejaron de ser pacíficas y se convirtieron en disturbios. Sin embargo, no quiso dar una cifra del número de personas asesinadas en ellas durante la intervención policial.

"En Irán todo es más complicado porque el Gobierno no puede convocar a grupos que representen a la sociedad civil para sentarse a hablar con ellos y dialogar. No puedes negociar con 100.000 personas en las calles de Teherán. Así que lo que pasa es que toda esta tensión seguramente conducirá hacia un escenario difícil de prever, uno en el que seguramente haya más tensión, más guerra y más horror", vaticina la experta en política internacional.