LIMÓN & VINAGRE

Francisco: ayudando al Espíritu Santo

Francisco: ayudando al Espíritu Santo

Francisco está siendo un Papa más bien progre, cosa que no gusta nada a los católicos más ortodoxos

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El Vaticano viene a ser como el Hollywood de la época dorada, donde lo primero que hacía alguien que aspiraba al estrellato era cambiarse el nombre, a menudo ayudado por algún productor que sabía de esas cosas.

- ¿Roy Harold Scherer Jr.? Con ese nombre no vas a ningún lado. Tú te llamarás Rock Hudson.

Así que Jorge María Bergoglio se convirtió en Francisco, de la misma forma que antes Karol se convirtió en Juan Pablo y Joseph Aloisius en Benedicto. En el caso de los papas no les pone el alias un productor avispado sino que -es un suponer- se lo inspira el Espíritu Santo, que sirve lo mismo para un roto que para un descosido: igual un día inspira a los cardenales sobre quién deber ser nombrado Papa, que otro día le susurra al oído al obispo de Roma qué nombre le pega. Por no recordar que logró incluso que concibiera una virgen.

Francisco está siendo un Papa más bien progre, cosa que no gusta nada a los católicos más ortodoxos. Lo demostró al poco de asumir el cargo, reconociendo el derecho de los homosexuales a unirse civilmente, con aquella frase que a pesar de su lógica aplastante -o precisamente por ella- fue tan polémica: "Si alguien es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?".

Sus opiniones contra las políticas antiinmigración y sus críticas al capitalismo no han hecho sino confirmarle como un Papa rojo. Degradar al Opus Dei este mismo verano, fue la gota que colmó el vaso. Los católicos ortodoxos deberían ser quienes más creyeran en la infalibilidad del Papa, no en vano es dogma de fe, y en cambio son los primeros de acusarle de llevar a la Iglesia por el mal camino, que debe de ser el del Diablo. Si el Papa ata en corto al Opus, será porque Dios así lo quiere, como deberían saber sobre todo los miembros del Opus. Se conoce que el Papa solo es infalible cuando actúa según el criterio de algunos.


/ EFE

Bergoglio es el Papa número 266, con lo que la Iglesia es la institución con gobierno más añejo, más incluso que la Generalitat catalana, cuyos presidentes aseguran ir ya por el número 132, o quizás el 133, no recuerdo bien, uno ya se descuenta, sólo puedo asegurar que es el nombre de un antiguo modelo de Seat, y ni por esas lograron que la nueva factoría de la marca se construyera en Cataluña. Es además argentino, con lo que sus pregones los días que celebra misa, pueden durar hasta el amanecer del día siguiente. Eso agota por más Papa que uno sea y por más que ronde por ahí el Espíritu Santo tratando de ayudar, que también para eso está.

De ahí que la convocatoria del Colegio Cardenalicio en pleno agosto, con el nombramiento de veinte nuevos cardenales, se haya interpretado como una señal de su pronta dimisión. La reunión lleva por nombre Consistorio, pero más bien se trata de un casting para que el actual Papa valore a sus posibles sucesores, una especie de Got Talent religioso, llamémosle God Talent.

Cuando un Papa deja vacante la silla de San Pedro por haber sido llamado de improviso a reunirse con su superior inmediato, no hay tiempo para castings y es el Espíritu Santo -de nuevo- quien se encarga de iluminar a los cardenales que han de elegir sucesor, reunidos en el Cónclave. No es el caso de Francisco que, puesto que tiene todavía tiempo, ha decidido echar una mano al Espíritu Santo en su tarea, no porque no se fíe de éste, sino porque sabe de lo ocupado que está. Además, como máxima institución del catolicismo, conoce bien el refrán de "a Dios rogando y con el mazo dando", conque a ello se aplica.

Los vaticanólogos, que son como los antiguos kremlinólogos aunque contando sotanas en lugar de medallas, dan por hecho que Francisco se está preparando una sucesión a la carta, un Papa 267 que siga su misma línea progresista, si es necesario colocándose un penacho de plumas para pedir perdón a los indígenas americanos, como ha hecho él recientemente.

Varias monjas con el Papa Francisco. EPC

/ EFE

Mi abuela decía de alguien muy listo "este sabe latín", y es de suponer que Bergoglio domina esta lengua, de ahí que gran parte de los cardenales que tendrán derecho a voto en la elección del nuevo Papa, hayan sido nombrados por él. Son detalles de esos que sirven para ayudar a Espíritu Santo, que anda muy atareado.

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Esos mismos vaticanólogos destacan en las apuestas sucesorias -antes de conocerse siquiera si el actual Papa pretende jubilarse- a los cardenales Zuppi y Tagle, quienes a los españoles poco duchos en materia canónica nos suenan a gemelos hijos de don Pantuflo Zapatilla, sin otra aspiración en la vida que conseguir que los reyes les traigan por fin la ansiada bicicleta.

Por lo pronto, Francisco nos ha servido para enterarnos de que hay Papas de derechas y de izquierdas, y de que unos son infalibles y los otros no.