GUERRA EN UCRANIA

El temor de un pequeño país vecino de Rusia: “En Estonia queremos más batallones OTAN para defendernos”

La embajadora en España y la directora de un centro de pensamiento político de Tallin explican cómo se preparan para evitar un potencial ataque ruso

6 de febrero de 2022.- Soldados británicos participan en un gran ejercicio militar de la operación EFP de la OTAN en el campamento militar estonio de Tapa, cerca de la ciudad de Rakvere.

6 de febrero de 2022.- Soldados británicos participan en un gran ejercicio militar de la operación EFP de la OTAN en el campamento militar estonio de Tapa, cerca de la ciudad de Rakvere. / ALAIN JOCARD / AFP

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Mientras se ve por televisión cómo decenas de miles de soldados rusos invaden y destrozan Ucrania sin casus belli alguno, ¿qué siente un ciudadano de un pequeño país fronterizo con Rusia, con menos habitantes que la ciudad de Barcelona y un ejército de solo unos pocos miles de soldados? En Estonia sienten temor ante el vecino agresivo, y empatía con una Ucrania con la que comparten un triste pasado bajo el dominio soviético y la bota de Iósif Stalin. Un miedo que solo se hace llevadero porque el país pertenece y está protegido por la OTAN

Precisamente con una taza de café con el emblema de la Alianza Atlántica impreso recibe la embajadora del país Mariin Ratnik a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. La sala está repleta de fotos de los bosques, lagos y nieve que conforman una gran postal de Estonia, que tiene 1,3 millones de habitantes, 45.000 km2 - como Extremadura-, y un PIB per cápita de cerca de 24.000 euros, similar pero algo más bajo que el español.

Madrid, 3 de junio de 2022.- Mariin Ratnik, embajadora de Estonia en España.

/ Alba Vigaray (Fotos)

Ratnik (Tartu, Estonia, 1976) dice que su gobierno y sus compatriotas estaban esperando la invasión de Ucrania. “Nuestra inteligencia lo tenía claro el año anterior: algo iba a pasar, pensaban, en la segunda mitad del año. Mentalmente estábamos preparados. Sabemos por nuestra historia que no te puedes fiar de Rusia”, dice, mientras describe el trauma nacional: la ocupación soviética durante más de medio siglo, desde 1940 a 1991, cuando se desintegró la URSS: violaciones, deportaciones y yugo comunista durante décadas, con lo peor concentrado durante el mandato de Stalin.

El 24 de febrero, cuando Vladímir Putin ordenó la invasión, era el día nacional de Estonia: el 104 aniversario de su nacimiento como país. “Es es un día festivo. Yo estaba por la mañana en casa preparando el desayuno cuando llegó mi asistenta doméstica y amiga, ucraniana. ¿Te has enterado de lo que ha pasado?, me dijo. Empezamos a ver las noticias juntas. Luego organicé en la oficina una reunión con los colegas de Letonia”, el país vecino y también fronterizo con Rusia. “Buscamos cómo podíamos ayudar”.

"La gente está preocupada"

Para Kristi Raik, directora de Política Exterior de Estonia en el ICDS, la experiencia fue igual de intensa. Para ella y para su familia: “Mis hijos, adolescentes, siguen de cerca la guerra, ven las noticias, debaten sobre ello. Están preocupados, ven vídeos de la guerra muy perturbadores. Estoy segura de que esto tendrá un impacto sobre las generaciones más jóvenes, lo recordarán siempre”, cuenta por videoconferencia desde Tallin a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA

Kristi Raik directora en el ICDS de Estonia

/ Cedida por Kristi Raik

De la guerra se habla en todas partes en Estonia, pero como algo que supone una amenaza existencial, no como un debate moral o ideológico como en España. No porque crean que la invasión es inminente, sino por la posibilidad de una incursión futura, en función del resultado: si Putin se sale con la suya y se queda con parte de Ucrania, dicen, se envalentonará.

Hay un profundo sentimiento de empatía y solidaridad con Ucrania. Kristi Raik encuentra paralelismos claros entre la ocupación que ellos sufrieron y la situación actual allí. “Nos ha traído recuerdos muy duros y tristes del pasado de la ocupación, de ser el objetivo de las agresiones rusas… la ocupación soviética, la violencia del Ejército Rojo, las torturas, las violaciones y el terror; las deportaciones masivas de decenas de miles de estonios a Siberia”, rememora. “De mi infancia no recuerdo violencia, pero sí el sentimiento claro entre los estonios de que estábamos ocupados y no lo queríamos, anhelábamos libertad; y de la rusificación forzada y la obligación de hablar ruso”.

Solución: la OTAN

“La gente está preocupada, porque la amenaza está ahí y no se puede descartar nada. Pero al mismo tiempo somos miembros de la UE y de la OTAN, y confiamos en ellas. Tenemos un batallón de soldados británicos, daneses y franceses, y tropas españolas en Letonia”, dice la embajadora. “Tenemos la sensación de que hemos tomado las decisiones adecuadas: por entrar en la Alianza Atlántica estamos protegidos por el Artículo 5 y, por tanto, estaremos a salvo”. 

Estonia tiene unas Fuerzas Armadas modernas pero pequeñas, al menos en comparación con las del vecino. Dos brigadas profesionales con alrededor de 7.000 efectivos, además de un batallón de la OTAN, explica Ratnik. Hay un servicio militar de cerca de un año, obligatorio para los hombres y voluntario para las mujeres. Y una “Liga de Defensa” que está formada por reservistas. Pero todo ello sería insuficiente ante un intento de invasión rusa. 

La frontera entre Estonia y Rusia tiene en medio un gran lago que hace de obstáculo natural. En las fronteras terrestres hay una valla defensiva con radares y otras tecnologías de detección de movimiento. Y planes para mejorarla.

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En la cumbre de la OTAN, explica la embajadora Ratnik, van a pedir que se mejore la protección de los Bálticos. “Lo que necesitamos de la OTAN son más batallones, pero también lo que se conoce como “facilitadores”: material bélico, defensa aérea, sobre todo. Militarmente, Estonia no tiene lo que se conoce como profundidad estratégica. No hay terreno al que retirarse, no hay escapatoria. Y no queremos que invadan rápido y luego ser liberados, como en Bucha. Sabemos lo que pasa. Lo que ya han conquistado en Ucrania es de un tamaño equivalente al de nuestro país”.

En este contexto, la Alianza ha llevado a cabo en los últimos días el mayor ejercicio realizado nunca por la OTAN en los países Bálticos. Marines de la Sexta Flota de Estados Unidos, entre otros, junto a soldados estonios han participado en unos "juegos de guerra" con ensayos en aire, mar, tierra y contra ciberataques en la localidad de Saaremaa entre el 16 de mayo y el 3 de junio.

Saaremaa (Estonia), 20/05/2022.- Marines del ejército de Estados Unidos en un ejercicio de asalto anfibio en Estonia.

/ EFE/EPA/VALDA KALNINA

La OTAN ya ha dicho que no permitirá a Putin entrar “ni un centímetro en el territorio” de los países miembros de la Alianza. 

La analista Raik explica que, si Rusia gana algo como resultado de la invasión de Ucrania, eso podría hacer creer a Putin que puede ir más lejos. "Sus objetivos estratégicos son meter a Ucrania en su área de influencia y revisar la agenda de seguridad hacia Europa: volver a una arquitectura basada en áreas de influencia de los países grandes. Y está dispuesto a usar la violencia para promover su área de influencia. En ocasiones se escucha llamar ‘realistas’ a los que piden conciliar con Rusia. Para nosotros no lo son. Para nosotros el realismo es asegurarse de que Rusia sea derrotada. Queremos sobrevivir y tener nuestra libertad e independencia”, concluye.

Crisis de Gobierno en medio de la guerra

El grueso de la población y todo el espectro político ha mostrado unidad en la postura a tomar: Rusia debe ser derrotada y, si hay un acuerdo de paz, que sea en los términos que decida Ucrania. Pero en Estonia hay también un pequeño porcentaje de la población, de origen ruso, que apoya a Putin.

Aproximadamente uno de cada cuatro estonios usa el ruso como su primera lengua. Unos son de origen ucraniano; otros, ruso. “Cuando Estonia fue ocupada en 1940, éramos cerca de un 85% de estonios”, explica la embajadora Ratnik. “Cuando recuperamos la independencia en 1991, la proporción de estonios era el 67%. Hubo una política clara de rusificación para romper el sentimiento de nación, de cultura y de lenguaje”.

Desde la independencia se han llevado a cabo políticas de integración, porque había dos sistemas educativos separados, en estonio y en ruso. 

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Ha funcionado, pero no del todo. Hay una parte de la población que se informaba con las televisiones rusas, hasta que se suspendió la señal con el inicio de la guerra. “Alrededor del 10% de los rusoparlantes son prorrusos; hay otros muy críticos con Putin. Pero para la mayoría de los que hablan ruso como primera lengua, la opción es seguir con sus vidas y no tocar el asunto”, cree la experta del think tank Kristi Raik.

En estas circunstancias, la primera ministra de Estonia, Kaja Kallas, ha anunciado este viernes que pone fin al gobierno de coalición, por desencuentros en cuanto a un proyecto de ley de prestaciones a familiares e hijos. La situación de seguridad en Europa "no permite continuar trabajando con el Partido de Centro por la división interna" que provoca que "no sean capaces de poner los intereses de Estonia por encima de los del partido", ha dicho. Un vaivén político que se une en Estonia, ahora, al temor atávico al vecino ruso.