ENTREVISTA

Jaume Duch: “La interconexión de gas de España con Europa no es un tema hispano-francés sino europeo”

Entrevista con el portavoz y director general de Comunicación del Parlamento Europeo sobre la guerra en Ucrania

Jaume Duch, portavoz y director general de Comunicación del Parlamento Europeo, durante una entrevista con El Periódico de España en Madrid. 29 de marzo de 2022.

Jaume Duch, portavoz y director general de Comunicación del Parlamento Europeo, durante una entrevista con El Periódico de España en Madrid. 29 de marzo de 2022. / JOSÉ LUIS ROCA

11
Se lee en minutos

Lleva tres décadas en el Parlamento Europeo (PE), desde 2008 como portavoz, y reconoce que el ambiente entre los eurodiputados que ve ahora es de preocupación. Jaume Duch Guillot (Barcelona, 1962) asegura que la guerra de Ucrania ha provocado, al mismo tiempo, una unión abrumadora en la UE.

En conversación con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA en Madrid, afirma que una de las misiones por completar desde Bruselas es la desconexión energética de Rusia. En este contexto, la interconexión de España con Europa para traer el gas del norte de África "ya no es un tema bilateral hispano-francés, sino europeo”.

París recela de las iniciativas para crear un gasoducto que atraviese España y Francia por los pirineos. Sobre el hecho de que Polonia y Hungría estén acogiendo refugiados ucranianos por millones solo unas semanas después de que se diera luz verde al mecanismo de sanción económica a estos dos países por las violaciones al Estado de Derecho, Duch subraya que son temas independientes y que el Parlamento va a seguir exigiendo a la Comisión que lo active.

Jaume Duch Guillot, Director General de Comunicación del Parlamento Europeo, durante la entrevista.

/ José Luis Roca

Lleva usted últimamente una portavocía de guerra.

Es una portavocía versión de crisis más bien, pero no es la primera. En los últimos años hemos vivido una crisis monetaria, una de refugiados, y la del covid, tremenda en lo sanitario, en lo económico y en lo social. Ahora estamos viviendo una guerra en territorio europeo. Como en toda comunicación de crisis, uno tiene que centrar los mensajes e ir a lo esencial.

¿La llamada comunicación estratégica?

Lo fundamental es que la gente sepa lo que la Unión Europea está decidiendo. Que se dé cuenta del grado enorme de unidad que se ha conseguido en unas pocas semanas en un tema tan delicado y tan complejo. 

¿Se puede mantener mucho en el tiempo esa unidad de la que habla, o anticipa riesgo de fisura?

Creo que esa unidad se va a mantener. Se dijo que la UE se iba a dividir en la negociación del Brexit, y no ocurrió. Lo mismo después con el covid: mucha gente dijo que sería imposible coordinar la competencia de los países por conseguir las vacunas. Al final se hizo todo de forma totalmente mancomunada. Y ahora ocurre igual con la guerra. Ha habido unanimidad en todas las decisiones del Consejo Europeo y en las propuestas de la Comisión Europea: las sanciones, los refugiados, la ayuda financiera… incluso en el tema militar. Parecía tabú que una parte del presupuesto comunitario se dedicara a ayudar a los ucranianos a acceder a material militar. Pues se ha hecho, y de manera unánime.

“La interconexión de España con Europa ya no es un tema bilateral hispano-francés, sino europeo”

El segundo tramo de 500 millones costó un poco, ¿no? Con renuencias de Alemania, que también las puso con el tema Nord Stream 2…

Hay que entender que cada país llega desde situaciones diferentes. No es lo mismo España, que tiene una dependencia energética de Rusia prácticamente inexistente, del 7-8% de la energía total consumida, que países como Alemania, con en torno al 50%. Algunos incluso tienen una dependencia por encima del 90%. Las reacciones no son las mismas porque las consecuencias tampoco lo son. 

Los países entran de forma diferente en esta crisis, pero saldrán también diferentes. ¿Vamos hacia una reconfiguración política?

Vamos a un reforzamiento de la UE. Después de cada crisis, la Unión sale con un nivel de integración mayor al anterior. Tras la crisis económica y monetaria se crearon estructuras de coordinación política y económica que no existían antes. Con el covid se está poniendo en marcha una política de sanidad común, y se han mancomunado 750.000 millones de euros de deuda, algo antes impensable. Ahora se está reforzando la política de seguridad, y de la noche a la mañana se han puesto en marcha reglas europeas como la de la protección temporal de los refugiados. La UE saldrá distinta, pero seguramente más integrada. 

Las manos de Jaume Duch, portavoz y director general de Comunicación del Parlamento Europeo, durante un momento de su entrevista en El Periódico de España este 29 de marzo de 2022.

/ JOSÉ LUIS ROCA

Hungría y Polonia, ¿cómo encajan en esto? Días antes de que empezara la guerra se validaba un mecanismo para penalizar sus violaciones de Derechos Humanos. Ahora resulta que son la vanguardia en la acogida de refugiados ucranianos. ¿Se va a aparcar la aplicación de ese mecanismo? 

Son dos temas diferentes, y una cosa no anula la otra. El Parlamento sigue apretando a la Comisión para que ponga en marcha las medidas previstas en el reglamento de condicionalidad de los fondos al respeto del Estado de Derecho. Otra cosa es que, como efectivamente estamos viendo, Polonia y Hungría se hayan activado respecto a la llegada de refugiados ucranianos de una forma completamente diferente a su reacción en crisis anteriores. Eso hay que saludarlo y evidentemente es positivo.

Cambia la dinámica de las cosas y quizá facilita una discusión que sigue pendiente: la puesta al día de la normativa comunitaria de inmigración y aceptación de refugiados. Hasta ahora estos temas preocupaban especialmente a los países del sur. Ahora está claro que también preocupan a los del este y del norte. Todo el mundo está afectado por los casi cuatro millones de ucranianos llegados a nuestro territorio, una cifra que se puede doblar en los próximos meses. Al final, todos los países están interesados en que haya una legislación comunitaria en torno a este tema, que funcione y que sea eficaz. Eso no era así hace unos meses.

Independientemente de cómo termine este conflicto, habrá que restablecer relaciones con Moscú tarde o temprano. ¿Mantiene el Parlamento algún tipo de interlocución con Rusia, o el diálogo se ha cortado completamente?

La presidenta del Parlamento [Roberta Metsola] tomó la decisión de prohibir la entrada de diplomáticos y de lobistas de empresas rusas en el Parlamento. La interlocución con Rusia no pasa por mecanismos parlamentarios, sino por las acciones de los propios gobiernos y, en el caso de la Unión Europea, por el Consejo. Estamos en una guerra en la que la UE no participa directamente pero sí ha adoptado una posición: apoya a Ucrania. Para reestablecer relaciones con Rusia hace falta primero que acabe la guerra y, luego, ver cómo evoluciona el país y el Gobierno ruso. 

¿Hay alguna iniciativa, movimiento o conversaciones entre los grupos parlamentarios en el terreno diplomático?

No, en este momento la estrategia es la contraria: aislar al Gobierno ruso y aislar el tejido político y económico ruso. Es una de las vías para hacer que esta guerra dure el menor tiempo posible y para apoyar a Ucrania en la defensa de su integridad territorial y su soberanía. La resolución sobre la guerra de Ucrania la apoyaron 637 diputados [de 705; hubo 36 abstenciones y 13 votos en contra]. En el Parlamento Europeo los pocos apoyos, tácitos, no explícitos, al Gobierno ruso o a su presidente están en los dos extremos del hemiciclo. Nada más. Hay fuerzas políticas que pasan de puntillas, incluso dentro de esos extremos. La gran mayoría, desde la izquierda hasta la derecha, tienen una posición prácticamente unánime en un tema a priori tan sensible. 

Jaume Duch Guillot, Director General de Comunicación del Parlamento Europeo, durante la entrevista.

/ José Luis Roca

¿Qué más puede hacer el Parlamento Europeo por Ucrania? 

Lo fundamental es desenchufar a la UE de Rusia: reducir todo lo rápido que se pueda la dependencia energética. El objetivo es bajarla dos tercios de aquí a final de año, para alcanzar finalmente una autonomía completa. Se puede ir más lejos en las sanciones, tras las cuatro oleadas que ya se han puesto en marcha. Hay que empezar a hablar también de la autonomía alimentaria: tenemos una dependencia de Rusia y de Ucrania en el grano o en el aceite de girasol. 

¿Por dónde iría la rectificación en el ámbito alimentario?

Por una diversificación de la producción europea y de los mercados de abastecimiento. Prácticamente el 30% del grano que llega a la UE lo hace de Rusia y Ucrania.

En ese nuevo escenario energético ¿podría España ser un actor clave para el acceso del gas del norte de África a toda la UE, junto con Italia?

Por supuesto. Son los dos países que pueden facilitar el acceso, por razones geográficas. España ya tiene los gasoductos. El caso italiano es diferente, pero hay una proximidad que ayuda. Hay que solucionar el tema de la interconexión de España con el resto de Europa. Creo que eso ya no es un tema bilateral hispano-francés: ahora se ha convertido en un tema europeo y, por lo tanto, es más fácil que tenga solución. España es ejemplo respecto de otros países por la inversión en energías renovables, muy por encima de la media. Y eso es parte de la salida. ¿Cómo reducir la dependencia de Rusia? Reduciendo la dependencia de las fuentes de energía fósiles: petróleo, gas, carbón. Eso, ¿por dónde pasa? Por las energías renovables.

"Hay que elegir entre [vetar a RT o Sputnik] o tener las redes sociales inundadas de desinformación creada por este tipo de medios"

La entrada de Ucrania en la UE es un tema delicado...

Ucrania no va a entrar en la UE la semana que viene. Lo que el Parlamento ha dicho -y está en la resolución del 1 de marzo- es que las instituciones europeas tienen que trabajar para hacer posible que, en su momento, se pueda iniciar un proceso de negociación para la adhesión. No está diciendo que Ucrania vaya a ser miembro de la UE mañana o en seis meses. Está diciéndole a los ucranianos que tiene que llegar un momento en el que Ucrania pueda ser miembro de la UE. Pero eso hay que trabajarlo. Y sabemos que es un proceso que lleva su tiempo y tiene muchas exigencias. Hay que cumplir los llamados criterios de Copenhague. Un país no puede entrar de la noche a la mañana porque ni estará preparado para aplicar la legislación ni para hacer frente a la competencia que supone incorporarse de pronto a un mercado interior.

¿Hay debate sobre el cierre de Russia Today y Sputnik?

El Parlamento no ha prohibido la entrada de los periodistas de estos dos medios, pero sí les impide la utilización de las facilidades [para periodistas] del Parlamento. No pueden utilizar el dinero de los contribuyentes europeos para hacer un trabajo que el Parlamento no considera información, sino otra cosa: desinformación, intoxicación e injerencia en las políticas de los Estados miembros. 

Pero en la batalla por el relato es una de las primeras herramientas que se les ha dado a quienes dicen que la UE censura a medios.

Hay que elegir entre eso o tener las redes sociales inundadas de desinformación creada por este tipo de medios.

Para muchos de los europarlamentarios la guerra habrá supuesto un shock. ¿Qué ambiente hay en el hemiciclo?  

No creo que sea diferente al ambiente que uno puede respirar en las calles de los países miembros. La invasión de Ucrania por Rusia es un hecho muy relevante y muy preocupante. Probablemente a la altura de la caída del muro de Berlín, con la diferencia de que aquello fue un avance muy positivo y esto es un retroceso enorme que pone en solfa cosas que todos dábamos por garantizadas, como la paz en el continente o como que no hay países civilizados que invadan países vecinos.

Es algo que ha dicho [el responsable de la política exterior europea] Josep Borrell en muchas ocasiones: no basta con una política de acuerdos comerciales y cooperación para asegurarse de que uno está protegido. El mundo se ha complicado mucho en comparación con los últimos 20-30 años y hay que tener unas capacidades de protección que hace años no parecían relevantes. Antes era prácticamente un tabú discutir el aumento del presupuesto militar, y ahora todos los estados miembros están echando un vistazo a sus presupuestos porque se han dado cuenta de que van a tener que poner más dinero ahí. 

¿Hemos sido ingenuos al fiarnos de Vladimir Putin?

Quizá no siempre hemos tomado demasiado en serio los avisos que nos llegaban de los ciudadanos europeos que viven más cerca o más expuestos a Rusia. Me refiero sobre todo a los países bálticos y a Polonia.

¿No se vieron las señales que se emitían desde esos países?

O no se entendieron.

¿Igual jugamos un poco fuerte la partida del Euromaidán [la revuelta europeísta de 2014 en Ucrania]?

Creo que la única manera de analizar este tema es bajo la óptica del respeto a que cada país decida su propio futuro. Si los ucranianos en aquel momento decidieron abrir las puertas a la colaboración de la UE y pidieron un acuerdo de asociación con la UE porque consideraban que era la mejor manera de consolidarse como país, eso hay que respetarlo plenamente. Eso no justifica en absoluto nada de lo que haya pasado después.

Noticias relacionadas