Guerra en Ucrania

Los ortodoxos de la Iglesia filorrusa de Ucrania se rompen por la guerra

Iov Olshansky no es el único sacerdote de Lviv que ha decidido abandonar el patriarcado de Moscú para unirse a la iglesia ortodoxa de Kiev

El sacerdote Iov Olshansky.

El sacerdote Iov Olshansky. / IRENE SAVIO

4
Se lee en minutos

Iov Olshansky no tiene mucho tiempo, anda muy liado con su trabajo. Sus asistentes entran y salen de su despacho y lo interrumpen. Quizá luego, cuando el sol baje, descanse un poco. En el patio trasero de su parroquia de la calle Pekarska, en un barrio de Leópolis lindando una cervecería, hay un viejo autobús repleto de víveres que debe partir hacia una aldea del este de Ucrania donde un grupo de ancianos inválidos no se han podido mover. No es la única tarea que mantiene ocupado al padre Iov. También están las visitas, que no paran de llegar. 

La guerra no ha mordisqueado la fe de Iov en su religión, pero sí su fidelidad a la iglesia ortodoxa rusa. Esa es la razón de tanto trajín. A causa de la guerra en Ucrania, el sacerdote ha decidido abandonar el patriarcado de Moscú y se ha unido a la iglesia ortodoxa de Kiev. Fueron las declaraciones de Cirilo I, el patriarca de Rusia y muy cercano al presidente ruso Vladímir Putin, lo que le hicieron tomar la decisión final. 

“(El patriarca ruso, Cirilo I) está al lado de una persona que mata la gente. Tampoco quería que nos vieran como unos colaboracionistas”, afirma ahora el cura, de 33 años. “El 95% de los fieles de mi parroquia ha apoyado esta decisión. Y hay otro monasterio y otra parroquia que también han hecho lo mismo, así como unas seis parroquias de la región que se lo están pensando”, cuenta Iov, al añadir que ahora “ya no se siente solo” pues también lo llaman desde Grecia, Italia e incluso desde Rusia por lo que ha hecho. “Incluso mi abuela rusa me dijo que se avergüenza de los rusos”, agrega. 

Fleco de la guerra

Es un fleco de la guerra de Vladímir Putin en Ucrania, un cambio estructural que difícilmente se revertirá en el futuro, que complica aún más el ya enredado tablero de las inquietas iglesias ortodoxas rusas y ucranianas. Tanto que, en la pugna, hay tres beligerantes. Además de Cirilo I, está el metropolita Onufry, jefe de la Iglesia ortodoxa ucraniana fiel a Moscú, y el metropolitana Epifanio I, al frente de la Iglesia ortodoxa de Ucrania, que se escindió hace tres años. Esta última, de hecho, no ha sido reconocida por Moscú, aunque sí por el patriarca ecuménico de Constantinopla, uno de los más importantes del mundo ortodoxo y considerado “primero entre iguales” entre los patriarcas de esta rama del cristianismo (si bien no tenga formalmente autoridad fuera de su territorio). 

Lo que hay detrás no es poco: siglos de tensiones, problemas identitarios e incluso un choque lingüístico. En la iglesia ortodoxa de Ucrania es el ucraniano, y no el ruso, el idioma que se promueve. De ahí también que la última división haya sido formalizada precisamente después de 2014, tras la anexión de Crimea por parte de Rusia, y el inicio del conflicto -apoyado por Rusia- en las regiones de Lugansk y Donetsk. 

El apoyo de Cirilo I a Moscú ha sido la última llama que ha avivado el fuego de la división ortodoxa. A finales de febrero, con la invasión rusa ya en marcha, el patriarca ortodoxo de Moscú, jefe de esta iglesia desde 2009, dijo que los opositores de Rusia en Ucrania eran “fuerzas del mal”. Posteriormente, sostuvo que en Ucrania había una lucha “metafísica” por culpa de algunas elites liberales extranjeras, que incluso pretenderían que los países lleven a cabo “desfiles gays”. 

También la política rusa ha intervenido. El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, acusó a Estados Unidos de estar promoviendo “la crisis entre los ortodoxos” y financiar “el patriarca Bartolomeo de Constantinopla para su política de división”.

Iglesia independiente

Esto, además de que el Departamento de Estado de EEUU elogiara la creación de una Iglesia ucraniana independiente, han alimentado las teorías de los ortodoxos rusos. Y desencadenado el terremoto. Uno que ahora amenaza con vaciar a las iglesias ortodoxas rusas y engrosar las filas de la joven Iglesia fiel a Epifanio I. Tanto que ya se ha informado de otros sacerdotes filorrusos de Ucrania que también habrían abandonado al patriarcado de Moscú. 

Pero aun así, para Iov, el sacerdote de Lviv, sigue siendo difícil. Después de que anunciase su decisión, todos los sacerdotes que concelebraban con él las actos religiosos en su parroquia, rechazaron el cambio y se fueron. Aún así, explica, en los últimos días tres nuevos religiosos tomaron su mismo camino y decidieron unirse a él. Otros probablemente lo harán en el futuro, según Iov. El motivo es que las iglesias fieles a Moscú están destinadas “a desaparecer” en Ucrania, dice. Solo el tiempo dirá si tiene razón. 

Noticias relacionadas