RUSIA-UCRANIA

La crisis del pan: la guerra dispara los precios en el norte de África y pone en riesgo su estabilidad

Egipto, Marruecos, Argelia o Túnez son países muy sensibles a la subida del pan. La guerra ha encarecido los precios por la disrupción en las rutas y la especulación y el pan supone alrededor del 35% de la ingesta calórica en Egipto

Gente vendiendo productos de panadería en 2009 en la medina de Rabat.

Gente vendiendo productos de panadería en 2009 en la medina de Rabat. / AFP/ ABDELHAK SENNA

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Los países árabes del norte de África (Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto…) son grandes importadores de alimentos, sobre todo de cereales. Ucrania y Rusia son su granero, sus principales proveedores. Por eso, cada bomba que cae en Ucrania y cada sanción que recibe Rusia tiene un impacto en los ciudadanos del sur del Mediterráneo. Las disrupciones (el cierre abrupto de los puertos ucranianos y de la ruta marítima del trigo por el Mar negro) disparan los precios del trigo con el que se hace la harina para el pan, base alimenticia en la zona. 

Los Gobiernos están tensos. Recuerdan bien la enorme ola de inestabilidad que supuso la Primavera Árabe de hace una década. Entonces hubo miles de muertos y cayeron los gobiernos de Túnez, Egipto, Libia o Yemen. En Siria se desató una guerra civil. Y parte del malestar venía de la inflación. Egipto, Túnez o Marruecos son consciente de que una subida del pan puede provocar una gran tensión social. 

“Los líderes de esos países están muy preocupados. Ha habido muchos ejemplos a lo largo de la historia de revueltas provocadas por los precios del pan: en los años 80, en 2008, 2009, 2011…”, explica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Intissar Fakir, directora del programa del norte de África y Sahel del instituto MEI en Washington D.C. “Y no es solo el precio, sino el abastecimiento. Tengo conocidos en Túnez que no encuentran en los supermercados harina para hacer pan”.

Alza sostenida en el precio del pan

Los países MENA (de Oriente Próximo y el norte de África, en sus siglas en inglés) son los mayores consumidores de pan del mundo: el doble de la media, unos 128 kg por persona y año. En Egipto, en concreto, casi el 40% de la ingesta de calorías proviene del pan de trigo. Por ello el encarecimiento o la falta de esta materia prima supone un riesgo político.

Ucrania y Rusia son responsables del 30% de las exportaciones de trigo a nivel mundial. El 40% del trigo que vende Ucrania va a África. El caso de Egipto es especialmente paradigmático. De Rusia le llega el 45% de las importaciones de cereal, y de Ucrania cerca del 25%. En este escenario, las dificultades para la exportación, las amenazas de veto y factores especulativos han disparado el precio en los mercados. 

“El país donde peor está la situación es en Egipto”, dice a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Pablo Gil, estratega jefe de XTB. “Allí, el 70% de la población tiene acceso al pan subvencionado por el Gobierno. El precio del que no lo está ha subido un 50%. Hay temor y presión por si el Gobierno no puede seguir financiando el subsidio al pan”. 

De momento, este lunes El Cairo ha fijado el precio de la venta de pan no subsidiado durante los próximos tres meses: deberá venderse por debajo de las 11,5 libras egipcias (57 céntimos de euros) por kilo. El Gobierno asegura que el trigo sigue llegando desde Ucrania y Rusia. Por si acaso, han prohibido que salga del país ese cereal, o maíz y aceite de cocinar. Al mismo tiempo, trata de sustituir las importaciones desde Rusia y Ucrania por las de otros países, como Estados Unidos, Francia o Rumanía. Con todo ello, asegura que tiene reservas para ocho meses. 

Los precios de los alimentos ya venían de años de fuertes subidas, según la FAO. El Índice de Precios de la Comida, (FAO Food Price Index), estaba en máximos históricos el pasado mes de febrero, antes de que comenzara la guerra. Un 20% más alto que un año antes. El equivalente para precios de los cereales llevaba la misma tendencia: un 15% más respecto al año anterior. 

“Marruecos y Argelia estaban recortando los subsidios al pan para recortar el gasto público, que había subido con la pandemia”, dice Fakir. “Pero muchos de esos planes se están posponiendo hasta que sepan cuál es el pronóstico, porque además ambos países sufren además de sequía”. 

El impacto de la gasolina

En países como Marruecos lo que está haciendo más daño es el alza de los combustibles. El diésel ha pasado de 80 céntimos el litro a un euro, una subida del 20% que supone un enorme impacto en las pequeñas economías familiares del reino. Empieza a haber protestas de transportistas. 

En Túnez, la situación es parecida a la de Marruecos, pero con una economía mucho más debilitada. Les está haciendo daño también la devaluación del rublo y el cierre del espacio aéreo para los aviones rusos, porque es un país turístico que recibía muchos turistas de aquel país. 

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En Argelia, un país exportador de gas y petróleo, hay más margen. Los beneficios de la venta de energía pueden permitirles compensar el alza en los precios de los alimentos. Otros, como Sudán, no tienen tanta suerte. “Desde que se produjera el golpe de Estado el año pasado, los precios han subido entre un 100% y un 200%. Rusia ha mandado 20.000 toneladas de trigo, pero la harina sigue subiendo”, aporta Gil. 

Estos países pueden enfrentarse a los tres o cuatro meses siguientes, según los expertos consultados. El problema no es tanto que carezcan de suministro ahora, sino cómo van a reponer lo que están gastando. Es algo similar que les pasa a Occidente con el gas y el petróleo. La gravedad de la situación y la foto del próximo invierno dependerá de cuánto dure la guerra de Putin contra Ucrania.