SÁHARA Y UCRANIA

¿Marruecos va con Occidente y Argelia con Rusia? Geopolítica del norte de África

Argelia tuvo una alianza histórica con la URSS y Marruecos con Occidente, pero en los últimos años ha habido un reequilibrio geopolítico y las alianzas son más complejas

RABUNI (ARGELIA), 13/11/2020.- Un dirigente del Frente Polisario se dirige a un grupo de personas en uno de los campos de refugiados saharauis en Rabuni, Argelia.

RABUNI (ARGELIA), 13/11/2020.- Un dirigente del Frente Polisario se dirige a un grupo de personas en uno de los campos de refugiados saharauis en Rabuni, Argelia. / EFE/Javier Martín Rodríguez

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La decisión de España de respaldar el plan autonomista de Marruecos para el Sáhara ha enervado al otro vecino del sur, Argelia. En medio de la guerra lanzada por Rusia contra Ucrania, surge la pregunta de si Argel va a escalar su respuesta apoyándose en su tradicional socio, Moscú. La respuesta es que probablemente no: Argelia no va a alinearse como lo hizo durante la guerra fría, según los expertos en la región consultados por este diario. Rabat, por el contrario, sí está capitalizando sus históricas alianzas con Occidente.

Marruecos y Argelia son enemigos históricos. Compiten por la influencia en el norte de África y tienen un conflicto abierto en el Sáhara Occidental (Rabat, en guerra contra los saharauis; Argel dándoles apoyo y refugio). Durante la guerra fría, Argelia se puso del lado de los no alineados y Marruecos del de Estados Unidos. 

Rabat era entonces el patito feo de la zona. Argel, por contra, era el campeón de los movimientos de liberación nacional antiimperialistas y del socialismo árabe. Mantenía buenas relaciones con la URSS. Algunos de los cuadros actuales fueron formados por los servicios secretos soviéticos. 

Desde entonces, Rusia provee de armas y entrenamiento militar a Argelia, y ambos países mantienen una relación estrecha. “Pero sería un grave error de análisis interpretar a Argelia como un peón de Moscú en la región. No lo es. Argelia es muy celosa de su autonomía”, explica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Eduard Soler, investigador senior del Centro de Estudios Internacionales de Barcelona (CIDOB)

En la misma idea abunda Laurence Thieux, experta en Argelia de la Universidad Complutense de Madrid: “No se puede hablar de alineamiento de Argelia con Rusia, sino más bien de ambigüedad. No quiere enfadar a Moscú, pero ahora busca diversificar sus alianzas. Por ejemplo, no votó en contra en la condena del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a la invasión de Ucrania, sino que se abstuvo”.

De los acuerdos de Abraham al Sáhara

Uno de los cambios más importantes en los equilibrios geopolíticos de la región se produjo al final de la presidencia de Donald Trump. Se dieron en llamar los acuerdos de Abraham. El 15 de septiembre de 2020, Israel, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin formalizaron la normalización de sus relaciones, en una ceremonia apadrinada por el presidente estadounidense. El 10 de noviembre, Trump firmaba una declaración reconociendo la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y anunciaba la normalización de las relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel. Tanto, que Tel Aviv se ha convertido desde entonces en un proveedor clave en materia de seguridad del reino alauí. Fue la culminación de la estrategia prooccidental de Rabat.

“Marruecos ha jugado la carta de Occidente: lleva a cabo una clara estrategia de internacionalización, mantiene una relación preferente con la Unión Europea, intenta atraer inversiones, capital humano y académico y dar una imagen de progresismo”, explica a Myriam Benraad, experta en diplomacia del mundo árabe y profesora de Relaciones Internacionales de la universidad internacional Schiller de París. 

El pasado mes de diciembre, la nueva ministra de exteriores alemana, Annalena Baerbock, emitía un comunicado en el que calificaba de “importante contribución a un acuerdo de paz” el “plan de autonomía presentado en 2007” por Marruecos para el Sáhara Occidental. Otro giro de guion. En febrero, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, visitó el país, primer socio de la UE en África, y anunció un paquete de inversiones de 1.600 millones de euros.

Este lunes, Bruselas ha respaldado el giro de España con respecto al Sáhara Occidental conocido el pasado viernes. El máximo representante de la diplomacia europea, Josep Borrell, ha asegurado que la carta de España a Marruecos en la que considera aceptable la base autonomista para la solución del problema del Sáhara “no contradice la posición europea”. 

No me ha sorprendido la decisión de España de apoyar el plan marroquí. No es una posición realmente nueva”, opina Benraad. “Y no dista mucho de otras que se muestran en Naciones Unidas o, de manera informal, en la UE o en Francia”, añade. 

En la misma línea se expresa Laurence Thieux, que recalca que Madrid puede haber elegido el momento actual como consecuencia del viaje realizado a Rabat el pasado 8 de marzo por la subsecretaria de Estado de EE.UU., Wendy Sherman. En él, reiteró el apoyo de Estados Unidos al plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental. 

Argelia y Rusia

El apoyo a los planes de Marruecos ha desatado los nervios en Argel, “que lo ha visto como una amenaza a su seguridad nacional”, según Eduard Soler. La cuestión es si esto volverá a echar a Argelia en brazos de Moscú; si afianzará la separación en ejes de la zona propia del siglo XX. Rusia tiene peso en las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia argelinos, y la relación ha sido provechosa para ambos. “Pero ahora hay un cierto reequilibrio geopolítico. Tras los atentados del 11-S, la agenda de cooperación en la lucha antiterrorista sirvió a Argel para mejorar su interlocución con Washington y las capitales europeas”, añade Soler.

Argelia tiene demasiados problemas internos para sobrerreaccionar. En 2019 y 2020 se produjo el “hirak” argelino, unas protestas nunca vistas en las que se pedía al eterno presidente Abelaziz Buteflika que renunciara a un quinto mandato. Ahora se teme que la guerra de Ucrania y la reducción de las exportaciones de cereales provoquen una carestía de alimentos que agraven la crisis del país. Es un contexto poco propicio para alineamientos claros con una potencia, Rusia, que es ahora un paria internacional.

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