PERIODISMO

Reporteros de guerra de la generación Twitter en Ucrania: "Me costeé el viaje trabajando de teleoperador"

Decenas de jóvenes sin experiencia previa en conflictos se han desplazado de España a Ucrania. La mayoría van por libre y usan las redes para dar a conocer su trabajo. Hablamos con cinco de ellos

Reporteros de guerra de la generación Twitter en Ucrania: "Me costeé el viaje trabajando de teleoperador"
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Juan Fernández

La cercanía geográfica de Ucrania y el interés informativo generado por la invasión rusa han animado a una constelación de jóvenes periodistas españoles a desplazarse hasta la zona en conflicto para contar sobre el terreno lo que está pasando. Todos son debutantes en escenarios bélicos y la inmensa mayoría va por libre. Se han pagado de sus bolsillos el viaje y el utillaje de reportero y, una vez allí, se han ofrecido para narrar lo que están viendo y oyendo. Representan una nueva forma de informar, aplicada ahora a la guerra, que prima el interés por acudir al lugar de los hechos sobre el canal usado para difundirlos. 

En la asociación Reporteros sin Fronteras son testigos de este novedoso fenómeno informativo. En las últimas tres semanas no han parado de recibir llamadas de jóvenes periodistas, todos sin experiencia previa en conflictos armados, que preguntan cómo pueden conseguir un casco, un chaleco y una acreditación para irse a Ucrania.

"Han descubierto que no necesitan estar atados a los medios para mostrarle al mundo la crudeza de la guerra. Les valen sus redes sociales para dar a conocer su trabajo", explica Alfonso Bauluz, presidente de esta oenegé de periodistas, que ya lleva contabilizados a 90 informadores españoles, la mayoría 'freelance', destacados en Ucrania.  

Pero una guerra no es una manifestación de estudiantes. En los últimos días, algunos veteranos reporteros, como Gervasio Sánchez, han advertido de los riesgos que conlleva informar bajo el rumor de las sirenas antiaéreas. En tres semanas de bombardeos han fallecido cinco periodistas, una amenaza que no ha disuadido a Lorena Sopena, Dídac Medrano, Fermín Torrano, Patricia Simón y Alfons Cabrera, los reporteros que aparecen en este reportaje.

Ninguno había estado antes en una confrontación armada, pero todos comparten la misma voluntad por narrar las tragedias humanas que acontecen bajo los bombardeos. "Cada generación tiene su guerra. Ucrania es la guerra de una nueva generación de reporteros que está multiplicando las miradas sobre el conflicto bélico", valora Bauluz.

Cinco primeras veces en la guerra

Fermín Torrano, sin chaleco hacia la guerra.

"No busco aventuras, sino dar voz a quien no la tiene"

(Fermín Torrano, 26 años, Pamplona)

La entrada de los tanques rusos en Ucrania pilló a Fermín Torrano con la decisión tomada: si había guerra, tenía claro que volvería al país que ha visitado dos veces desde 2019. Ahora, su urgencia era llegar a Kiev antes que el Ejército de Putin y cualquier apaño servía para hacer realidad este objetivo, incluido el atrevimiento de viajar sin chaleco y sin saber dónde publicaría los reportajes que haría sobre el terreno. Esto último lo averiguó en la cola de embarque del avión que lo llevó de Madrid a Cracovia 48 horas después de que se iniciara la guerra.

A través de un amigo, contactó con el diario digital 'El Español' y acordó que les iría enviando crónicas. Al final no logró llegar a la capital ucraniana ni hacerse con un chaleco, pero los 12 días que lleva en Odessa le han servido para cumplir la meta que se marcó cuando oyó a Miguel Gil, el veterano reportero fallecido en Sierra Leona, dando una charla en su facultad sobre periodismo en zonas de conflicto. "En una guerra, los reporteros son los ojos y los oídos del mundo. Ese día me dije: yo sé ver y escuchar, así que este es mi oficio", explica. 

Más que la noticia urgente, su especialidad son las historias humanas, y estos días en Ucrania no es difícil encontrarlas, salen al paso. "Quien diga que no tiene miedo, o miente o es un inconsciente. Yo no he venido buscando aventuras, likes ni dinero, sino a dar voz a quien no la tiene. Cuando pienso esto, se me quita el miedo".

Dídac Merano, 23 años, Sant Joan Despí.

"Me costeé el viaje trabajando de teleoperador"

(Dídac Merano, 23 años, Sant Joan Despí)

Las guerras no suelen depender del calendario, pero lo primero que hizo Dídac Medrano al tener noticia de los primeros bombardeos rusos sobre suelo ucraniano fue echar mano del almanaque. La guerra empezó un jueves, si hablaba con sus jefes del Servicio de Emergencias Médicas donde ejerce de teleoperador los fines de semana, podría pedirse un turno libre y escaparse a Ucrania a hacer reportajes para estar de

Dicho así suena desconcertante, pero contado con la pasión que él emplea para hablar de su vocación de reportero, el plan cobra de repente otra lógica. "Con el dinero que gano atendiendo llamadas en el 061, me costeo mis viajes por el mundo haciendo fotos y reportajes, que es lo que me gusta y a lo que quiero dedicarme. Conozco Ucrania de visitas anteriores y cuando estalló la guerra no me lo pensé dos veces", explica este licenciado en Antropología Social Cultural. 

Entró en tren por la frontera de Hungría con idea de llegar a Kiev, pero finalmente desistió al comprobar que tendría difícil estar de vuelta en Barcelona el día que había prometido. Pero la semana que ha pasado en Lviv le ha permitido palpar el espanto de la guerra en el rostro de los ucranianos que huían de los bombardeos del este del país. "Nunca había visto una crisis humanitaria de este calibre", reconoce. También ha podido comprobar los riesgos que entraña este oficio. "Lviv está militarizada y las cámaras no son bienvenidas. Las sospechas de espionaje son continuas. Aun así, si el conflicto se alarga, sé que volveré. Quiero ser reportero de guerra y Ucrania lo pone fácil: está en Europa, lo tengo cerca", señala.

Lorena Sopena, del Mobile a Ucrania.

"Quiero mostrar con mi cámara este momento histórico"

(Lorena Sopena, 28 años, Barcelona)

El 25 de febrero, el Whatsapp de Lorena Sopena amaneció atestado de mensajes. "¿Qué, estás ya haciendo las maletas?". Nunca antes había cubierto un conflicto armado, pero en su entorno sabían que tan pronto estallara la guerra, se marcharía para allá . En cuestión de días, se agenció un casco y un chaleco y se plantó en la frontera de Rumanía con Ucrania, desde donde puso un tuit ofreciéndose a compartir sus imágenes con los medios que estuvieran interesados. La semana anterior había estado grabando planos en el Mobile, pero ahora su objetivo levantaba acta de la mayor crisis humanitaria europea en los últimos 75 años.

"Es un momento histórico en una zona que me interesa mucho que está a pocas horas de vuelo. Quería verlo con mis propios ojos y mostrárselo al mundo con mi cámara", cuenta desde Lviv. Ucrania es su bautizo de reportera de guerra, pero la zona no le resulta ajena. Fascinada con el antiguo bloque soviético desde que era una cría, ha viajado varias veces por Europa del Este y se defiende en cirílico. Pero una guerra es otra cosa. "Es descorazonador ver agarrando las armas a amigos ucranianos a los que conocí haciendo cursos de pacifismo". Tiene pensado quedarse en la zona mientras reciba nuevos encargos. "Si no, me volveré a Barcelona. Estoy aquí con el dinero que ahorré durante meses previendo que llegara este momento", confiesa.

Patricia Simón, con años de experiencia, esta es su primera guerra en directo.

"Creo en el periodismo que salva vidas"

(Patricia Simón, 38 años, Málaga)

De Colombia a Mozambique y de Israel a Guatemala, Patricia Simón lleva 20 años rastreando las huellas que dejan tras de sí los conflictos bélicos. Sin embargo, Ucrania es la primera guerra en directo a la que asiste. "Esta guerra ha sido tan anunciada que hemos podido llegar a las ciudades antes de que empezaran los bombardeos. Nunca olvidaré el miedo y la tristeza tan insondables que encontré en Kiev cuando estalló el conflicto", explica por teléfono desde Budapest, hasta donde se ha desplazado para cubrir la salida de refugiados, aunque ya está preparando su regreso a la capital ucraniana.

La guerra le pilló en plena promoción de Miedo, el libro que acaba de publicar sobre las injusticias que persiguen a la población migrante en el mundo, pero estar por primera vez en un frente de guerra era para ella prioritario. Acostumbrada a viajar como freelance, ahora lo hace como enviada del periódico La Marea, un cambio que aprecia y valora porque le permite tener resueltas las cuestiones logísticas que roban tanto tiempo a los reporteros que van por libre.

Así puede concentrarse en tomarle el pulso la población ucraniana y visibilizar sus padecimientos, que es a lo que ha venido. "Creo en el periodismo que ayuda a salvar vidas y cada vez encuentro a más ucranianos que piden que se negocie para que acabe de una vez este desastre. Me preocupa que la visión acrítica que a veces ofrecemos de la guerra esté alentando un discurso belicista", advierte Patricia Simón.

El fotoperiodista catalán Alfons Cabrera.

"Me atrae la adrenalina que se da en este trabajo"

(Alfons Cabrera, 38 años, Barcelona)

En su perfil de Twitter, Alfons Cabrera mantiene fijado un tuit escrito el 28 de febrero que anuncia: "He logrado entrar en Ucrania, tengo algo hablado con un diario y una agencia, pero escucho propuestas". "El mensaje ha funcionado, porque desde que lo publiqué no he parado de recibir encargos. Quiero hacerme un hueco en este oficio y Ucrania es una oportunidad perfecta para lograrlo", cuenta desde Odessa. 

Su caso es poco frecuente. Cuando estaba acabando la carrera de Medicina, descubrió que su gran vocación era el reporterismo en zonas de conflicto. De momento, este dilema lo resuelve calendario en mano: nueve meses al año ejerce de médico en una clínica de Barcelona y el tiempo restante se entrega a una profesión a la que dice sentirse atado por dos grandes impulsos: "Me interesa la política y la historia, y para entender lo que pasa hay que estar donde suceden los acontecimientos. Pero también me atrae la adrenalina que se da en este trabajo. Llevo cinco años cubriendo conflictos bélicos de baja intensidad y ya tenía ganas de vivir de cerca una guerra", explica.  

Pensaba viajar a Afganistán dentro de ocho meses, pero Putin se ha cruzado en sus planes. "Ucrania está más cerca y lo conozco mejor", alega. En el trabajo, donde tiene contrato de autónomo, se ha pedido unas semanas libres para retratar con su cámara el horror de la guerra, pero ahora mismo su preocupación no es el billete de vuelta, sino la foto que espera hacer en las próximas horas. "Mientras me siga saliendo trabajo, continuaré en Ucrania", asegura.

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