PROS Y CONTRAS

Bombardeo de Mariúpol: no estáis muertos, niños

Olvidaos del día que el cielo se rompió. De esa lluvia de piedras y polvo y gritos y llantos. Y también de ese silencio. Sobre todo, del silencio. Este silencio atragantado

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El teatro de Mariúpol, antes de ser bombardeado, a vista de satélite. Al lado, en ruso, está escrita con grandes letras la palabra ’Niños’. 

El teatro de Mariúpol, antes de ser bombardeado, a vista de satélite. Al lado, en ruso, está escrita con grandes letras la palabra ’Niños’.  / REUTERS / MAXAR TECHNOLOGIES

No estáis muertos, niños. Es solo una función. Estáis en un teatro, ¿no veis las butacas, los palcos, el telón y el escenario? Aquí solo pasan cosas bellas. Y el mal solo araña un poquito el alma. Lo justo para ir perdiendo la inocencia. Un mal de mentirijillas. De amores, celos y venganzas. De sainetes y farsas. De maquillaje y efectos especiales.

Además, ¿no recordáis? Afuera visteis la palabra NIÑOS escrita en el suelo, a cada lado del edificio. Tan, tan grande que podía distinguirse desde el cielo. Hasta Superman lo vería. ¿Por qué no viene de una vez?  

No estáis muertos, niños. Tampoco vuestras madres. Olvidaos de la última vez que visteis su rostro. Esa mirada no cuenta. Tampoco ese abrazo tan, tan fuerte que hacía daño, que parecía querer devolveros al útero. Pensar en antes. En esos días de cole, merienda, patio y bolas de nieve. En los deberes que aburrían, la carne que se hacía bola y los domingos perezosos.

Sí, olvidaos del día que el cielo de Mariúpol se rompió. De esa lluvia de piedras y polvo y gritos y llantos. Y también de ese silencio. Sobre todo, del silencio. Este silencio atragantado. Que los oídos escapen. Que los ojos huyan. Que no vean el telón rojo empapado de vuestra sangre. 

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