GUERRA UCRANIA-RUSIA

El manual bélico de Rusia y las opciones de defensa de Ucrania: llega la hora de la guerrilla

Objetivos alcanzados y temores disparados con la invasión rusa

Carros rusos en ejercicios en la frontera con Ucrania, una semana antes del comienzo del ataque.

Carros rusos en ejercicios en la frontera con Ucrania, una semana antes del comienzo del ataque.

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Las fuerzas armadas ucranianas han tenido tiempo de prepararse para una fase postinvasión, porque la posibilidad de que fueran objeto de un ataque ruso se maneja en sus planeamientos estratégicos desde hace ocho años, cuando estalló la guerra de Kiev contra las facciones separatistas del Donbás y un ejército irregular de inspiración rusa tomó la península de Crimea, consideran fuentes militares españolas.

En la actual fase del ataque relámpago, ha llegado la hora de la insurgencia, explican. Es la aplicación de la “doctrina stay behind” (quedar detrás) de la OTAN, para la que han sido preparados los militares ucranianos con asesoramiento de ejércitos vecinos miembros de la alianza atlántica. Básicamente: el despliegue, previamente planificado, de una intensa guerra de guerrillas con la intención de hacer incomodísima -y muy cara- la permanencia del ejército ruso, e imposibilitar uno de los objetivos que le suponen a Rusia: el de la guerra relámpago.

Con la resistencia golpeando en diversos puntos del país la guerra se eterniza. Y eso se consigue, indican estas fuentes, si ha sido exitosa una previa preparación de silos de alimento, zulos de armamento, colaboradores sanitarios e informadores que en Ucrania es, aseguran estas fuentes, “una red muy tupida”.

Punta tecnológica

Algunas de las previsiones que se han manejado en los análisis españoles precrisis se han cumplido: hubo primero un ataque cibernético a gran escala. Y después, un intenso uso de misiles con carga convencional a modo de bombardeo de preparación antes de la entrada de las tropas y medios blindados en el terreno.

El Pentágono confirmó en la noche de este jueves el empleo de un centenar de misiles de corto y medio alcance en ese bombardeo, con un porcentaje no menor de los de crucero. Además, ha seguido la actividad de 75 bombarderos medianos y pesados contra instalaciones de defensa aérea, informan las fuentes militares consultadas.

Todo, con la intención de obtener una victoria rápida y sin escalas pues –descartada una guerra nuclear por la imposibilidad de ganarla- una guerra convencional que se prolongue sería difícil de aguantar para Rusia logística y económicamente, en mayor medida que lo oneroso se le hizo al gobierno de Dmitri Medvédev el apoyo a los separatistas de Osetia del Sur contra Georgia en 2008.

La aparición sobre el terreno, por fin visibles, de los carros de combate T80 traídos del Ártico hizo prever a alguna de estas fuentes la inminencia del ataque el pasado miércoles. Los T80 se dejaban ver, incluso en fuentes abiertas de redes sociales, con ametralladoras pesadas NSV de 12,70 milímetros ya sin funda y en posición, y con el sistema de protección antimisil Shtora-1 instalado a ambos lados de la torre.

Es el mismo sistema que usa parte de la caballería blindada ucraniana, a la que complementa un inferio desarrollo tecnológico de su artillería, consideran los expertos consultados. Rusia ha ido cambiando paulatinamente su opción tradicional por la artillería masiva por otra con menor capacidad de fuego pero mayor precisión, asistida por sistemas de tecnología punta. Y eso, indican estas fuentes, "se verá en este conflicto".

Peligros añadidos

Ninguno de los militares consultados por este diario descartan un agravamiento del conflicto si los países miembros de la OTAN cercanos a la invadida Ucrania activan uno de los artículos de protección previstos en el tratado de la Alianza.

No se trata del artículo 5, el que llama a todos los miembros a defender a un ejército aliado atacado, sino el 4, que prevé que los socios se consulten en el caso de que “la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las partes se vea amenazada”. Tres países son candidatos a activar esta consulta en cualquier momento desde este jueves: Polonia, porque el bombardeo de misiles rusos sobre Ucrania ha bordeado su territorio; y Lituania y Letonia porque las minorías rusas de su población empiezan a mostrar un estado de gran excitación tras el apoyo del gobierno de Putin a los rusófilos del Donbás y el ataque a Ucrania, que podría afectar a la estabilidad en el Báltico.

El otro riesgo que flota en esta fase se deriva del uso frecuente de misiles balísticos convencionales. “No es imposible que cualquier ejército vecino, o los Estados Unidos, confundan uno de esos misiles con uno nuclear”, explica de forma inquietante un alto oficial del Ejército.

Objetivos rusos

Algunos detalles refuerzan la evidencia de que la OTAN tiene todas sus energías centradas en la crisis, como la suspensión este jueves de los ejercicios para la certificación de los cuarteles de mando de la NRF (Nato Response Force) que estaban previstos para el 7 de marzo.

Paralelamente, los temores rusos que se detectan aquí, a 3.500 kilómetros del frente ucraniano. De las tres vías de avance identificadas –una de ellas sobre Kiev- concluyen estas fuentes la confirmación de cuatro objetivos expresados por el líder ruso, Vladimir Putin, solo 48 horas antes de su ofensiva, y que de momento estarían logrados:

El primero, acabar con la posibilidad de que Estados Unidos instale bases de disparo de misiles Tomahawk y Standard en territorio ucraniano, que podrían alcanzar Moscú en 35 minutos, en cinco si son misiles hipersónicos.

El segundo, destruir los aeródromos cercanos a la frontera del mar de Azov que pudieran servir para un rápido transporte de soldados a territorio ruso.

El tercero, cerrar cualquier camino a la instalación en Ucrania de drones y elementos de escucha y obtención de inteligencia de la OTAN, acerca de los cuales Putin expresó su temor de que podían “ver” hasta los Urales.

Y el cuarto, neutralizar la posibilidad de que el gobierno ucraniano hubiese querido zanjar la crisis del Donbás con un ataque relámpago sobre las provincias separatistas de Donetsk y Lugansk.

Hay no obstante una derrota que ya perciben claramente las fuentes consultadas, no en el campo de batalla, sino en los cerebros de los testigos: “Atacando así a Ucrania, Rusia ha perdido cualquier capacidad de seducción de las poblaciones de su entorno. Si quiere volver a tener estados colchón que los separen de la OTAN tendrá que crearlos a la fuerza”, indica un general del Ejército de Tierra.

La “desrrusificación” en antiguos dominios de la URSS que lamentaba Putin –Georgia, el más próximo al conflicto- es a partir de este jueves 24 de febrero un proceso impulsado no tanto por leyes locales contra la lengua y el derecho civil rusos como por la desafección de las opiniones públicas, lo que doctrinas militares de inspiración norteamericana llaman “guerra por los corazones”.

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